6. La
Visitación de El Greco
Adolfo Carreto
La
Visitación de El Greco asombra por la monumentalidad misma de las
figuras... Dos mujeres mostrándose como dos milagros, la una por haber
engendrado en la vejez, la otra por haber engendrado sin conocimiento de
varón.
No
podía dejar pasar por alto a El
Greco en esta serie de estampas de Navidad porque para mí la pintura de El
Greco, toda, inclusive la no religiosa, es espiritual. Es espiritual el
color y es espiritual el trazo. Es espiritual la temática y son
espirituales esas figuras alargadas que siempre intentan alcanzar una
altura no material. Y esta Visitación de El Greco asombra por dos cosas:
por la escasez de figuras en un tema que daba para muchas figuras, y por
la monumentalidad misma de las figuras.
La pintura de El Greco es como la teología de San
Agustín: las dos ciudades; la de aquí, que siempre es itinerante, y la de
lo alto, que siempre es la ciudad definitiva. Así El Greco: sus figuras
humanas terrestres parecieran no tener sentido completo si no están
abocadas a un lugar más definitivo.
Esta Visitación del famoso pintor griego se encuentra
en la iglesia de Santa Clara de Daimiel, aunque no fue encargada para ese
retablo sino para la capilla Oballe de la Iglesia de San Vicente de
Toledo. Fue un encargo de la dama Isabel de Oballe, la fundadora de la
capilla Ovalle. Y es que estas cosas solían suceder: los encargos se
realizaban, en aquel entonces, y posiblemente también ahora, no tanto para
perpetuar, para inmortalizar el tema, cuanto para inmortalizarse el
mecenas. De esto eran conscientes los pintores y no pocos disponían de
trucos para que no se perpetuara al mecenas sino a la escena.
Creo es el caso de este singular lienzo de El Greco:
dos mujeres dándose una bienvenida que raya en algo más que el parentesco,
en ese secreto que, al menos una de ellas, guarda. La Virgen visita a su
prima, anciana, para darle la enhorabuena por el intempestivo embarazo;
pronto se enterará Isabel del misterio.
Dos mujeres descomunales, dos mujeres envueltas en los
mismos gruesos mantos azules matizados en los pliegues con los blancos luz
que en ellos se reflejan. Dos mujeres para ser vistas desde los pies a la
cabeza, comenzando por los pies, comenzando por la tierra para elevarse
hasta la cabeza mediante esa técnica de alargamiento, que aquí se
convierte en ascensión. Dos mujeres mostrándose como dos milagros, la una
por haber engendrado en la vejez, la otra por haber engendrado sin
conocimiento de varón.
El rostro
de Isabel no es el retrato de doña Isabel de Ovalle, ¿será por eso que el
lienzo no ocupó el lugar para el cual había sido encargado? ¿Será ese el
truco de El Greco para que la mecenas no robara el protagonismo al
misterio?
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