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5. Mentir en política

Miguel Rivilla San Martín

Donde privan el engaño, la falsedad, la mentira y la tergiversación, no existe verdadera libertad y por ende tampoco hay auténtica democracia.

Mucho tiempo lleva el ciudadano corriente percibiendo en la clase política en general y entre los líderes y dirigentes de los diversos partidos, las graves acusaciones que mutuamente se lanzan de mentir, engañar, tergiversar la realidad, en sus manifestaciones, tanto en las comparecencias de la comisión del 11 M, como en sus intervenciones parlamentarias.

Dígase otro tanto, de algunos medios y políticos que acusan “de hipocresía, de mentir al pueblo, de manipular la realidad” a sus adversarios. Tal situación resulta insoportable, degradante, inmoral y de nula ejemplaridad para la ciudadanía.

No cabe pedir luego al pueblo llano que confíe en sus dirigentes, cuando éstos dan tales espectáculos de nula fiabilidad y credibilidad entre ellos. Político que se le coja en un renuncio público y notorio debería presentar su dimisión. Lo exige la democracia.

Muy distinto es cometer errores. Mentir, es decir lo contrario de lo que se siente con intención de engañar. Las palabras del Señor Jesús son contundentes: “La verdad os hará libres”. Donde privan el engaño, la falsedad, la mentira y la tergiversación, no existe verdadera libertad y por ende tampoco hay auténtica democracia.

 
 

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