7. El arte de
servirse de las personas
Víctor Corcoba Herrero
Me parece palpable una cierta crisis de alma cultural,
que conlleva una falta de respeto hacia los más débiles y de divinización
hacia los poderosos.
Todo
está como muy politizado y eso es humanamente bochornoso. Hay políticos
actuales verdaderamente entregados a cultivar el arte de la malicia.
Gastan sus energías en poner cebos para acrecentar la adición y el
servilismo. Están dispuestos a servirse de los ciudadanos con entera
hipocresía. Resulta angustioso pensar lo poco que ya nos escandaliza el
engaño. La última, la voz de las víctimas del 11-M:
reprochan a los políticos usarlas como
arma arrojadiza.
¡Quién lo diría! Aquí todo se confunde y permite, con diálogos a medias
tintas y con tintes candorosos. ¿Tan políticamente incorrecto es decir la
verdad? A lo mejor hay que crear menos altos comisionados (¿no tenemos ya
el Defensor del Pueblo?) y más humanidad de servicio auténtico, menos
ventanillas y más corazón detrás del cristal, sin tanta catedral
concertista, porque en todo caso, pienso yo, que la Administración y los
poderes públicos deben estar siempre cercanos al ciudadano.
Consecuencia del diluvio de mentiras, salta a la vista.
Hace tiempo que hemos perdido el tren de la ilusión política, falta
sentido común y capacidad de liderazgo auténtico. Cohabitan demasiados
cantamañanas en el ruedo de la mugre dirigente. La cosecha de voceros,
vividores de los contribuyentes, dispuestos a decirse y desdecirse de lo
evidente, se acrecienta como las cucarachas y esto merma la salud de
entenderse. Así es imposible redescubrir razones que nos encaminen hacia
una razón común, puesto que el árbol de la vida tiene un verso natural,
sólo se sostiene por las raíces. Todo lo demás es antinatura y caprichos
de poder.
Nos encarcelan demasiadas luces falsas y un sinfín de
motivos absurdos que nos adormecen el pensamiento libre y puro. Hasta los
poetas, que antaño fueron mártires de la libertad, hoy se venden por un
almuerzo o un viaje, que ya es decir. Con cuatro migajas de programas
sociales queremos también lavarnos las manos y acallar las conciencias de
que a los pobres se les asiste. Más bien se les margina, sobre todo a los
inmigrantes. Sólo hay que pasear por las calles de cualquier ciudad, cada
día son más los que duermen entre cartones, sin recibir ningún tipo de
ayuda, ni tampoco programa alguno de esos cacareados como innovadores de
integración sociolaboral o intercultural.
¿Es posible la política sin servirse de las personas
tan descaradamente como ahora se hace? Me parece palpable una cierta
crisis de alma cultural, que conlleva una falta de respeto hacia los más
débiles y de divinización hacia los poderosos. Algunos políticos, con tal
de recoger votos, o sea de servirse de los ciudadanos, dicen que van a
construir un pantano donde no hay río. Ya lo advirtió Ramón y Cajal: “En
política todo necio es peligroso mientras no demuestre con hechos su
inocuidad”. Cuidadín, cuidadín... ¡cuidadín!
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