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10. Ambientación de noche buena

José Ignacio Alemany Grau

Una ayuda de imaginación y fe para celebrar la Navidad. Una sencilla y edificante reflexión sobre el nacimiento.

Para ayudarte en la preparación a la Noche buena te invito a dejarte llevar por la imaginación y la fe. Vamos a Belén. Nuestro artículo se titularía “El esperado nació pequeño”.

Muy esperado y muy pequeño.

Vamos a la cueva. Está solitaria.

Un par de animales rebuscan en la paja.

Nunca entró nadie importante allí. Pero hoy huele a esperanza.

Las telarañas parecen preciosas cortinas.

El piso de piedras y tierra parece la mejor alfombra persa engastada con piedras preciosas.

Sudorosos y cansados llegan dos jóvenes.

Él preocupado. Ella encinta dispuesta a abrirse para dar la luz al mundo.

No los aceptaron en el pueblo o mejor dicho, no era oportuno que naciera un niño entre tanto alboroto de gente y animales como había en las pensiones esos días del censo.

José suelta la mulita que empieza a pastar descargada de su dulce peso.

María se acomoda en un rinconcito mientras José barre y alista el humilde palacio para Dios.

Al fin todo queda listo.

José, carpintero, se las arregla para transformar en una cunita la pesebrera.

María, hacendosa, coloca unos pañales sobre la cuna.

Los dos guardan silencio. Se sienten anonadados.

- María, ¿cómo es posible que el esperado de Israel venga así…. pobre…. y sin que nadie se entere?

- José, he aprendido tantas cosas en el silencio….

El silencio madura la tarde.

Poco después María dice:

- José, presiento que, cuando el silencio sea más profundo y las estrellas extasiadas no pestañeen en la mitad de la noche, Dios va a decir algo.

- Sí, María, por eso el ángel dijo que se llamaría Jesús, es decir, la salvación de Dios.

Los arreboles dejaron sus colores más bellos. La oscuridad penetra la cueva.

José y María guardan silencio. Simplemente están unidos a Dios.

De pronto la noche se hace luz.

Los ángeles se hacen canción.

Los pastores se convierten en acogida.

Mientras en el portal María deja a Jesús sobre la cuna improvisada, los ángeles se hacen música y paz mientras uno de ellos anuncia con voz de campanas:

“Os anuncio la gran noticia: En esa cueva del cerro verde les ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor”:

- Tú te quedas a cuidar las ovejas….. Yo me voy…. Yo también… Yo llevaré mi ovejita recién parida…. Yo un poco de requesón…. Yo un poco de miel….

- Si el Salvador nace en una cueva, estoy seguro de que le van a agradar nuestros sencillos presentes.

José y María escuchan aquello tan insólito que acaban de decirle los pastores.

- Sabemos que ese niño pequeñito es nuestro Salvador. Los grandes de la tierra, como Herodes, nacen en palacios…. Los grandes del cielo nacen en cuevas… porque lo tienen todo y nada necesitan.

La fe sencilla de los pastores confirma la fe grande de María y de José que se quedan extasiados contemplando a los pastores que se van y al niñito que se queda.

Tú también quédate junto a ese pequeño pesebre y junto a ese niño más pequeño (porque cabe en el pesebre). Contempla y admira.

Dios se ha hecho pequeño para que tú seas grande.

 
 

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