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11. La revolución silenciosa e imparable de los voluntarios

José Antonio Benito

Sin alharacas ni sobresaltos, los voluntarios se van consolidando como un nuevo ejército que despliega la energía bautizada por el Papa "imaginación de la caridad" de un modo efectivo y comprometido.

El domingo primero de Adviento lo he vivido en la Casa "Sembradores de la Paz" de la diócesis de El Callao, Lima, en compañía de más de 100 universitarios, con sus profesores al frente y coordinados con el nuevo obispo auxiliar, Monseñor Javier del Río. La actividad forma parte del programa del Seminario-Taller de voluntariado promovido por la Universidad Católica San Antonio Abad de Murcia y secundada por varias universitarias del Perú.

Durante 10 horas nos hemos empapado de las nociones básicas del voluntariado, sus campos de acción, las motivaciones, el marco ético, experiencias... Hemos sido conscientes de que el voluntariado es un "signo de los tiempos". Los voluntarios son los nuevos cruzados que, al grito de “Dios lo quiere”, porque Dios nos quiere, se han empeñado en la construcción de un mundo nuevo. El 11 de septiembre del 2001, recién comenzado el nuevo milenio, en el civilizado siglo XXI, la nación más poderosa del planeta, los EEUU, se vio brutalmente humillada por la acción terrorista más feroz de todos los tiempos. Caían las torres -las nuevas catedrales- más elevadas del mundo más desarrollado a golpe del terrorismo fundamentalista. Y Raúl Follerau tenía más razón que nunca: "O bomba atómica o caridad; o nos damos la mano o nos matamos a cañonazos".

Pasó la época del quijote soñador que se embarcaba solito en la aventura de combatir contra los molinos de viento de la miseria. Caducó el tiempo de pensar que hay que dar panes y peces; no hay brazos suficientes para colmar tantas bocas; se impone la acción mancomunada para enseñar a hacer pan, para enseñar a pescar; más todavía: suscitar vocaciones de maestros panaderos y pescadores.

Como señala el Dr. Andrés Jiménez "el voluntariado, como acción humana guiada por los principios de gratuidad, solidaridad y entrega generosa, ha de partir de una reflexión comprometida, y a la vez implica una toma de postura ética. Va mucho más allá de los simples requerimientos deontológicos y tiene como último objetivo contribuir a la construcción de un nuevo orden social más justo y equilibrado. En definitiva, el voluntariado es un agente de transformación social, motivado por la inquietud de servicio de personas que libremente deciden unirse para actuar a favor de otras personas". Los valores humanos en la formación del voluntariado GAM-TEPEYAC, Valladolid, 2003, p.28; gam@eis.uva.es)

No basta con "hacer camino al andar" (Machado) o "hacer muchas cosas" (C. Vallejo), hay que comprometerse con un nuevo estilo de vida, hay que crecer en la comunión, en el encuentro con uno mismo y con el otro, en la donación total. Como dijo el poeta: "cuando fui tú, entonces fui yo" porque hay más alegría en dar que en recibir. Con su vocación de servicio desinteresado y gratuito, el voluntariado se convierte de hecho en un agente educativo y de sensibilización para el conjunto de la sociedad, promoviendo la participación y la difusión del sentido verdadero de la democracia, es decir, de la contribución responsable de las personas e instituciones intermedias al ordenamiento y configuración de la vida social. Su crecimiento se ve limitado por los valores sociales predominantes (individualismo, materialismo, afán de lucro), pero sigue perseverante en el deseo de fomentar la "cultura de la solidaridad". Busca llegar a la raíz del problema en un análisis profundo y un compromiso total para erradicar el mal. En este sentido, la elaboración de códigos éticos del voluntariado, junto con el énfasis otorgado a los programas de formación de voluntarios, se ha convertido en uno de los instrumentos más empleados para fomentar la reflexión comprometida de voluntarios y profesionales remunerados que trabajan en entidades sin ánimo de lucro.

El Código ético de las Organizaciones de Voluntariado, aprobado por la Asamblea General Extraordinaria de la PPVE, celebrada en Madrid el 18 de noviembre de 2000, persigue constituirse como instrumento de reflexión y formación para voluntarios y entidades. El contenido del código se distribuye de acuerdo con una estructura dividida en varias secciones. En la primera se señala el concepto de organización de voluntariado a la luz del cual ha de entenderse el conjunto del texto. Le sigue una segunda sección en la que se hacen explícitos los fines que ha de perseguir, para profundizar en la siguiente sección sobre las relaciones que debe establecer una organización con destinatarios, voluntarios, otras organizaciones sociales, organismos públicos, organismos privados y la sociedad en general.

El Código Ético del Voluntario, elaborado por IUVE, fue presentado oficialmente en 1998, en el acto de clausura de las Jornadas Universitarias de Voluntariado Social que la fundación celebra anualmente en el complejo universitario madrileño, en torno al tema del voluntariado y la cooperación. La pretensión de este código traspasa el objetivo de constituir una simple relación de deberes u obligaciones a seguir por los voluntarios, y persigue ofrecer un referente axiológico para la reflexión de voluntarios y cooperantes. Se divide en un total de cuatro secciones, cada una de ellas referida a las relaciones que el agente voluntario establece con los beneficiarios, la propia Organización de voluntariado, otros voluntarios y la sociedad.

Tales códigos son un vademécum, un espejo en el que deben mirarse los voluntarios y las organizaciones. Recuerdo cuatro notas que caracterizan a estos nuevos "soldados de la paz y de la solidaridad":

1. Gratuidad. Da todo sin pedir nada a cambio.

2. Compromiso responsable. Está en continua formación y actúa en grupo y de forma adecuada.

3. Un nuevo estilo de vida integral e integradora.

4. No es patrimonio de una clase social o de un factor coyuntural. Nace de la conciencia que sabe que todo hombre viene a la existencia con una misión que cumplir. Como escribió García Márquez: "Necesito que me quieras para no morirme".

Cuando J. Pérez de Cuéllar era Secretario General de la ONU caracterizó a los voluntarios con estas hermosas palabras: "Los voluntarios sociales son mensajeros de esperanza que ayudan a los pueblos para que éstos se ayuden a sí mismos". Y como dijo el Papa a los voluntarios con motivo de su año internacional, el mismo Cristo "ha hablado al corazón de los voluntarios que se ponen al servicio de los pobres por su amor. Fruto de decisiones conscientes, en ocasiones difíciles, el voluntariado ofrece a la sociedad, además de un servicio concreto, el testimonio del valor de la entrega gratuita» (5-XII-2001).

 
 

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