4. ¿El bolsillo o el
corazón?
Víctor Corcova Herrero
Jesús nació en un establo, pobre entre los pobres,
para donarnos el mensaje más verdadero, de que nadie es más que nadie en
el servicio a la vida y en el cumplimiento de la tarea asignada.
Todos los años, por estas fechas y desde que tengo uso
de razón, me hago la misma pregunta: ¿La Navidad es más de corazón o de
bolsillo? Yo tengo la sensación de que nos alejamos del verdadero sentido
de la fiesta, de la autenticidad del momento, que no es otro que el gozo
del nacimiento de Jesús. Aunque misteriosamente son días de encuentros y
reconciliaciones, la calle es un avispero de luces, que nos lleva al
consumo antes que a la reflexión. Nada nos sacia porque el baño de
mentiras, epidemia del actual siglo, es uno de los cánceres mayores del
corazón. Hemos perdido el alma de lo que es el portal de Belén.
Sin embargo, necesitamos más que nunca la sonrisa del
Niño Dios para que el monte del manto negro que nos aprisiona, libere
nuestra triste mirada clavada en la tristeza que tanto nos tortura el
tipo. La procesión hoy va más por dentro que por fuera. Ciertamente, de
cara a los ojos de la sociedad cuidamos la imagen de un figurado figurín,
hasta el extremo de volvernos esclavos de las formas. Es la miga de lo
superficial la moda, bajo modo indicativo de usar y tirar. Por ello,
considero que puede ser un buen momento para hacer zafarrancho en las
habitaciones interiores de cada cual con su cada uno, ordenar abecedarios
desbocados y estéticas borradas por el maquillaje de las apariencias.
En esta sufrida nación española, donde la patria se
confunde y el egoísmo altanero nos impide servirla hasta morir, (la orden
de retirar el lema: “A España servir hasta morir”, que lucía pintado con
cal blanca en la montaña situada junto a la Academia Militar de
Suboficiales de Talarn, es un ejemplo de la vergüenza que les avergüenza a
algunos), peligrosamente crecida por falsos dioses de poder dispuestos a
dividir crispando más que a unir serenando, apoderada a su antojo por
bandadas de sumisos, vilmente jerarquizada, viciada en derechos y deberes,
con la balanza de la justicia en vendaval como guinda de despropósitos,
olvida de que Jesús nació en un establo, pobre entre los pobres, para
donarnos el mensaje más verdadero, de que nadie es más que nadie en el
servicio a la vida y en el cumplimiento de la tarea asignada.
Quisiera dirigir un abrazo y pedirles cobijo a las
gentes que duermen entre cartones. Son de la estirpe de Jesús de Nazaret.
Me apetece salir al encuentro y hacer familia a su lado, reencontrarme con
el verbo, conjugar el verso con la vida, avivar la palabra del corazón y
reavivar la voz de los sin voz. Ser poesía que calme y colme, porque el
Emmanuel, el Dios con nosotros, nos llama a vivir hermanados en el gozo
del camino. ¿Quién podrá saciar esta hambre de justicia y libertades de
todos y para todos, si no es el Niño Dios? La familia humana, toda ella,
necesita ese corazón, para hacer un corazón, en el corazón del mundo.
Europa tiene el mejor patrimonio para la paz, sus raíces cristianas, para
que la arboleda del amor florezca a pleno cielo. ¡Feliz Navidad!
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