10. Reyes Magos, o
qué
Eso sí lo creí desde niño: que fuera una estrella, la
de Belén, la de siempre, la que indicara el lugar preciso. Así es que lo
que sabemos de los magos es muy poco. Tampoco importa. Lo que importa es
que ya no pueden desaparecer de la fantasía.
Pues no lo sabemos, al menos yo no lo sé. Comenzaron
siendo magos, allá por el siglo once los convirtieron en reyes, ahora
andamos con lo de la astrología, en fin, un enigma estos personajes. Y la
culpa de todo la tiene San Marcos, quien los identificó como magos.
A mí lo de magos siempre me pareció poco serio, la
verdad. Los identificaba con titiriteros ambulantes, como los que iban por
mi pueblo refugiados en carretas, tocando por las calles con unas
trompetas desafinadas, pintándose los muchachos las narices para que
parecieran payasos pero que no parecían, prometiendo antes de la función
casi milagros sobre el tablado que montaban en la plaza. Eso sí, nos
causaba mucha gracia el monito que llevaban, porque los monitos, en una
tierra infantil sin monos, siempre causan mucha gracia. Si en lugar de
magos me hubiesen dicho “hombres que sabían leer las estrellas”, porque
uno entonces de astrología nada sabía, lo hubiese entendido mejor.
Yo ya sabía algo de las estrellas y sus lecturas, me lo
habían enseñado mis abuelos y mis tíos, pastores y labradores. Sabía cual
era la Osa Mayor y la Menor, sabía distinguir el Camino de Santiago, había
contemplado al Lucero del Alba. Así es que unos individuos con mucho más
saber podían interpretar el lenguaje de otras estrellas que yo no podía,
quizá tampoco podían mis abuelos y por eso yo no podía. Pero lo de magos
no me cuadraba.
Tampoco importa. Lo que yo más recuerdo de los magos
eran los regalos. Esos no fallaban. No eran como los de ahora, es verdad,
pero creo que eran mejores. Un carrito de madera para llenarlo de piedras,
tierra o lo que fuera era mucho más apetecible para mí que lo que pueda
ser ahora un ordenador para quien sean. Y una muñeca de aquellas para mi
hermana era infinitamente más admirable que cualesquiera de estas Barbies.
Así es que los regalos de entonces y de ahora vienen a cuento porque el
evangelista Marcos constató que aquellos magos llevaron presentes a Jesús.
No sabían que era el hijo de Dios, pero sí que se
trataba de alguien importante, de ahí que fueran ya cargados con los
presentes. ¿Quién los inspiró?. La estrella. ¿Quién los guió hasta el
lugar?. La estrella. Herodes los quiso desviar pero nuevamente la estrella
les marcó el camino. Y eso sí lo creí desde niño: que fuera una estrella,
la de Belén, la de siempre, la que indicara el lugar preciso. Luego los
bautizaron y les pusieron Melchor, Gaspar y Baltasar, pero eso fue muy
tarde, en el siglo IX. Así es que lo que sabemos de los magos es muy poco.
Tampoco importa. Lo que importa es que ya no pueden desaparecer de la
fantasía.
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