11. Los Reyes Magos
Hoy día, la estampa de los Reyes Magos va siendo
reemplazada por otros ritos y al desaparecer progresivamente la costumbre
de los magos también va desapareciendo el verdadero sentido de esta
fiesta, la cual, en realidad, es la fiesta de la Epifanía, es decir, de la
manifestación de Jesús.
Dicen Que fue a partir del siglo XI cuando los magos
que acudieron, desde el Oriente, según la precisión de Mateo, hasta la
cueva de Belén para tributar honores al recién nacido, se convirtieron en
reyes. Es lógico. Eran tiempos de monarquías, de monarquías inclusive
cristianas, y razón había para dejar constancia de que las monarquías,
vale decir, el poder, quería identificarse con la fe. Tal así que no pocos
de los cuadros que se conservan acerca de este episodio, y que son muchos,
fueron realizados por encargo. Y también es verdad que este recurso fue
utilizado para que los rostros de los reyes fueran los rostros de los
encargadores.
No es así el caso de Velásquez. Velásquez fue más
personalista, y utilizó el encargo dejando constancia de que los famosos
adoradores eran integrantes de su familia. Dicen los entendidos que se
puede identificar al propio Velásquez con Gaspar, a Melchor con su suegro
Francisco Pacheco, inclusive, a la Virgen con su mujer y al niño con su
recién nacida hija, Francisca. El rey negro, Baltasar, no parecía apto
para ser reemplazado por nadie, y menos de la familia del pintor.
Rubens, a su vez, pinta un colosal cuadro de adoración,
no solamente por el tamaño sino por el contenido. El séquito que los reyes
mayos llevan consigo es de auténticos magnates: pajes, criados y toda la
parafernalia. Necesariamente, pasaran por donde pasaran en su deambular,
deberían constituir un espectáculo. Pareciera que se han traído con ellos
hasta a los ángeles.
Una de las características común a todos estos pintores
es la edad del niño: ya no es un recién nacido. Durero nos lo muestra
grandecito, tanto que el niño quiere desprenderse de los brazos de su
madre en pos de los brazos de Melchor. El niño de Velázquez es, si cabe,
mayor todavía, aunque Velázquez tiene la osadía de presentarlo bien
tapadito, con ese vestidito blanco que irradia toda la luz. El niño de
Goya es más Niño, y más Niño Jesús, igual que los reyes, son mucho más
reyes tanto por sus coronas como por sus vestimentas.
Tanto documento pictórico en torno a esta estampa
induce a pensar que la creencia de este pasaje narrado por mateo, estaba
muy extendida, era muy popular y no solamente entre el pueblo llano,
también en la alta alcurnia.
Hoy día va siendo reemplazada por otros ritos y al
desaparecer progresivamente la costumbre de los magos también va
desapareciendo el verdadero sentido de esta fiesta, la cual, en realidad,
es la fiesta de la Epifanía, es decir, de la manifestación de Jesús.
|