13. El nacimiento de
Juan
El nacimiento de Juan, hijo de Zacarías e Isabel, fue
radicalmente distinto al nacimiento de su primo Jesús, hijo de José y
María No se asemejan en nada. Pero es verdad que ambos muchachitos tendrán
que avanzar en la vida por caminos muy paralelos.
El nacimiento de Juan, hijo de Zacarías e Isabel, fue
radicalmente distinto al nacimiento de su primo Jesús, hijo de José y
María. El hijo de María nació lejos de su lugar y con todas las
privaciones que significa nacer, en aquel entonces, lejos de la propia
casa. El hijo de Isabel nació en su lugar, divinamente atendido, con todos
los preparativos a mano, con todas las precauciones tomadas, eso sí, con
el suspense que significaba la edad avanzada de la madre. De todas formas
había de por medio una revelación, y eso, para un creyente como el
sacerdote Zacarías, y sobre todo con la mudez que llevaba encima para que
no se olvidara del portento, constituía siempre una garantía.
Este dato lo han recogido también los pintores.
Tintorretto, por ejemplo, nos pinta un momento del nacimiento del niño
conforme a la categoría de los padres. Cuatro criadas acompañan a Isabel.
Cuatro criadas no de baja cuna, por la compostura, el atuendo, la
desenvoltura y la eficacia. Hasta una de ellas amamanta al crío, muy
posiblemente por aquello de la edad avanzada de la madre. Es decir, que
hasta ese detalle, y no de poca monta, pasó por la imaginación del
artista.
El lugar, la casa, evidentemente es suntuoso. No era la
casa de cualquiera, era el hogar de un hombre importante, un sacerdote del
templo. Y, además, mucha expectativa en torno a este nacimiento, pues era
voz común lo ocurrido con Joaquín en el santuario.
Otra pintora, también renacentista, Artemisa
Gentileschi, se ha ocupado del mismo tema y aunque la casa de Zacarías e
Isabel no luce tan pomposa, tampoco desmerece. Lo que esta pintora sí ha
intentado, y conseguido, es plasmar con el máximo del naturalismo, una
escena cotidiana, natural, un parto absolutamente normal, cuidado. Una
mujer sobresale entre todas, la mujer del turbante: va cubierta con un
prodigioso mantón de tela en amarillo y se encuentra sentada ante el
recién nacido, como si estuviera impartiendo órdenes al resto de las
mujeres que lo atienden. El resto de las mujeres, palangana en mano una,
se ocupan de la criatura. Zacarias no se preocupa; permanece alejado,
sentado y escribiendo. Es evidente que todo va de maravilla, que todo está
en orden.
No se
asemeja en nada al nacimiento de Jesús en su cueva. Pero es verdad que
ambos muchachitos tendrán que avanzar en la vida por caminos muy
paralelos. De todas formas, cuando Juan nació la gente de Judea se
preguntaba: ¿Qué va a ser de este niño?. Ya sabemos lo que fue.
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