4. Firmas por la religión
J. Antonio Doménech Corral
La iniciativa que en las principales ciudades está
llevando a cabo la Confederación Católica Nacional de Padres de familia y
Padres de alumnos (CONCAPA) están en plena campaña de recogida de firmas a
favor de que continúe la asignatura de religión en las escuelas. Difícil
trago para el presidente Zapatero que dice no querer problemas con la
Iglesia, pero se ve acosado por sus socios de gobierno que le exigen una
alternativa a la enseñanza religiosa.
Profesores de la asignatura en sus
colegios religiosos o públicos de ideario católico -especialmente
interesados porque en ello les va su puesto de trabajo-; múltiples
asociaciones católicas, en visita por las casas; y comunidades
parroquiales, en sus respectivas iglesias, están en plena campaña de
recogida de firmas a favor de que continúe la asignatura de religión en
las escuelas.
El folio en el que
invitan a estampar la firma, reza: “Adhesión a la defensa del derecho de
los padres a la formación religiosa de sus hijos según sus convicciones”;
es decir, cualquiera que sea su confesión y no exclusivamente la católica.
A continuación, el texto que la conforma: “Con mi firma me adhiero a la
defensa de los derechos de los padres a la formación religiosa y moral de
sus hijos (art. 27.3 de la Constitución española) en los términos
siguientes: 1. No estamos de acuerdo con la forma en que se
pretende regular la enseñanza de la religión en las propuestas para el
debate y 2. Estamos de acuerdo con la regulación de la religión
establecida en la Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE).
Y no se trata de una de esas
movilizaciones para expresar el rechazo de los católicos a los proyectos
de ley anunciadas por el Gobierno que, según los medios de comunicación,
están preparando las diócesis españolas “para caldear el ambiente” ante la
“gran manifestación” programada en Madrid para víspera de las fiestas
navideñas. Un plan que atribuyen al arzobispo de Toledo, el valenciano
Antonio Cañizares, que dirige la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la
Conferencia Episcopal Española, sino que responde a una iniciativa que en
las principales ciudades está llevando a cabo la Confederación Católica
Nacional de Padres de familia y Padres de alumnos (CONCAPA), organización
que agrupa a tres millones de familias que se sienten defraudadas ante el
proyecto que el Ejecutivo español está gestando sobre la enseñanza de la
religión en las escuelas. Por su promesa de debatir y someter a consenso
el tema, cuando ya ha anticipado las conclusiones sin escuchar a nadie. Y
esta agrupación católica está en su derecho democrático de ejercer las
mismas acciones legales que el pasado año ya emprendió la entidad no
confesional Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de
Alumnos (CEAPA), que entre otras cosas propugna “una escuela laica donde
el adoctrinamiento esté totalmente desterrado”. Y lo hizo también con una
campaña de recogida de firmas pro suspensión de la LOCE, cuyas siglas en
cierta asamblea interpretó con sorna como Ley Orgánica de la Caverna
Educativa. Difícil trago para el presidente Zapatero que dice no querer
problemas con la Iglesia, por la vigencia de sus acuerdos, y cuyo
responsable de Exteriores del Vaticano, arzobispo Lajolo, le acaba de
acusar de “falto de sabiduría política”. Pero se ve acosado por sus socios
de gobierno que le exigen una alternativa a la enseñanza religiosa.
Y es que, como bien decía el filósofo
alemán Nietzsche, “la sombra de Dios es alargada”; y su muerte cultural en
España, que es lo que pretende ahora el Ejecutivo aplicando el arma del
laicismo, resulta imposible después de 2000 años de cristianismo con su
influjo latente en el pensamiento y en el sentir de la mayoría de nuestra
sociedad. Por esta razón, con más cordura y visión política procedió el
anterior presidente socialista, Felipe González, quien en un acto
celebrado en la Casa de América en Madrid el pasado septiembre, hizo la
siguiente declaración sobre el actual conflicto Iglesia-Estado: “Nosotros
como Gobierno hemos tenido siempre muy buenas relaciones con la Iglesia
Católica. Yo he tenido con ella una experiencia positiva y aseguro que no
puedo entender lo que ahora está pasando”. ¿Y no será que él no tuvo
necesidad de hipotecarse para gobernar?, opinamos nosotros.
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