1. El deseo de Teseo
Mikel Agirregabiria Agirre
La leyenda del Minotauro es muy esperanzadora
para niños y adultos, que compartimos con Teseo el deseo de
Paz.
El mito de Teseo, Ariadna, Fedra y el
Minotauro procede de la cultura minoica de hace 40 siglos, si bien fue
recogido literariamente por el poeta latino Publio Ovidio Nasón en el
inicio de nuestra era, poco antes del nacimiento de Jesucristo. Esta
compleja tragedia de célebres personajes ha sido objeto de atención
continuada por autores como Nietzsche, Freud, Cortázar o Borges.
La crónica comienza en
Creta cuando reinaba el poderoso rey Minos. Cnosos, la capital de la isla,
era famosa por el laberinto
de intrincados corredores, en cuyo interior vivía el cruel Minotauro, un
engendro con cabeza de toro y cuerpo de hombre, fruto de los amores de la
Reina Pasifae con un toro que Poseidón, dios de los mares, hizo surgir de
las aguas. Minos recibió la noticia de que su hijo Androgeo había sido
asesinado cuando se dirigía a participar en unos juegos olímpicos. El
monarca reunió un ejército y cercó Atenas que se rindió, aceptando la
condición de que cada nueve años enviaría siete jóvenes y siete doncellas
a Creta para que ser arrojados al Minotauro. Sólo si alguno de los
atenienses mataba al Minotauro y salía del laberinto, Atenas sería eximida
de la condena.
Teseo, hijo único del rey de Atenas Egeo,
se ofreció como candidato cuando por tercera vez hubieron de pagar tan
ominoso tributo, embarcando con las víctimas en una nave de velas negras.
El monarca y su heredero convinieron en que si Teseo lograba la hazaña, el
navío retornaría con velas blancas. Estando ya en la prisión cretense,
Teseo fue visto por Ariadna y Fedra, hijas de Minos. Cautivada Ariadna por
la valentía del príncipe, decidió ayudarle a derrotar al Minotauro,
indicándole un ardid sugerido por el constructor Dédalo: un hilo tendido
para encontrar la salida cuando acabase la lucha.
Teseo exterminó al temible Minotauro y
pudo regresar hasta la puerta, salvando la vida de sus compañeros y
liberando a su ciudad de tan horrible condena. Al reembarcar Teseo,
también subieron a bordo en secreto Ariadna y Fedra, que acompañó a su
hermana mayor. Durante la travesía se refugiaron en la isla de Naxos para
protegerse de una pavorosa tormenta. Vuelta la calma, emprendieron el
viaje sin Ariadna, al haber desaparecido tras dormirse en el bosque,
extenuada por el cansancio. Dionisio, o Baco dios del vino, la rescató y
le ofreció casamiento e inmortalidad.
En Atenas cundía la
angustia por la tardanza y diariamente el anciano Egeo acudía a la orilla,
esperando el retorno de su hijo. Cuando el barco apareció en el horizonte,
traía las velas negras. El rey desesperado se suicidó arrojándose al mar,
que desde entonces lleva su nombre. Teseo, abatido por la desaparición de
Ariadna había olvidado izar el signo de su éxito, las velas blancas. Teseo
fue elegido nuevo soberano, rigiendo los destinos atenienses por largos
años, y casándose con Fedra (lo que originó
nuevos dramas épicos).
Esta leyenda exhibe un torrente de
enseñanzas sobre las cualidades y los defectos humanos. Destaca atributos
como el altruismo y el valor de Teseo, o el amor y la inteligencia de
Ariadna, junto a yerros como el abandono de Ariadna, el olvido de Teseo o
la desesperación de Egeo. Las metáforas también son innumerables: un ideal
con estrategia, la confianza en uno mismo, la superación del miedo a lo
desconocido, la fe depositada por otra persona, la validez de un buen
consejo, la salida por amor del laberinto, la descuidada gestión de la
victoria,…
La Humanidad se ve reflejada en Teseo y
Ariadna. Con amor, resolución y talento podemos superar al monstruo de la
guerra (Minotauro), que reclama una continua matanza de víctimas
inocentes. Sólo cuando la violencia desaparezca de nuestras vidas,
saldremos del laberinto histórico de muerte y desolación. No desesperemos
nunca, ni abandonemos nuestras convicciones, porque algún día, nosotros
también, avistaremos las velas blancas de la paz.
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