5. Parques empresariales: la esperanza que
no llega para los últimos
Víctor Corcoba Herrero
Al parecer, la recuperación del sector industrial
está asegurada. Nos alegraría que esa expansión económica anunciada para
el dos mil cinco, llegase a todas las atmósferas de España, para
españolizarnos más y emigrar menos por decreto de necesidad. La industria
de la solidaridad puede ser un desafío, un aliciente y una esperanza,
frente a tanto desencanto...
Al parecer, y uno jamás tiene porqué
dudar de las estadísticas cuando se hacen a conciencia, o por centros
institucionales de Estado, como es el Instituto Nacional de Estadística,
la recuperación del sector industrial, a juzgar por los avances
porcentuales, y todo hace prever, según rúbrica de líderes económicos, que
el sector industria contribuirá a la expansión de la actividad económica,
tan esperada como vociferada, para el próximo año. A primera vista pudiera
parecer una buena noticia. Sin embargo, creo que sería saludable para la
buena marcha de la unidad de España, neciamente bautizada con afán y
desvelo por algunos interesados políticos, como una nación de naciones,
que estos avances, que nos aseguran son reales, tuvieran incidencia en
otras comunidades autónomas, sin apenas industria alguna.
Según el espacio provincial que
visitemos, observamos diferencias en sus paisajes industriales. En algunos
lugares ni existe. Sería bueno, para gobernarnos mejor, que lo hiciese, de
vez en cuando, sobre todo aquella persona que tenga responsabilidad
política, o lo que es lo mismo, de servicio a los ciudadanos, camino
elegido libremente. Incluso, más que bueno, es justo y necesario, para
estar a pie de obra, con el pueblo, al que ha de servir en su totalidad.
Sin cámaras, ni fotos, de imprevisto, como si fuese un don nadie,
presentarse a escuchar la sufrida voz de los trabajadores e industriales,
hablar con ellos de tú a tú, a los electores se les alienta y a los
elegibles se les pone al día.
Sin duda, es una buena manera de palpar,
en vivo y en verdad, los desvelos de nuestras sacrificadas industrias
nacionales, tremendamente ahogadas por multinacionales con capital
extranjero, que cuando dejan de ser rentables, echan el cerrojo y se van;
así como, las muchas preocupaciones de la clase trabajadora, tremendamente
endeudada por hipotecas y tarjetas de crédito que han de usar porque no se
llega a final de mes, esclavitud que conlleva tener que tragar los más
absurdos caprichos de sus jefes si no quieren verse de patitas en la
calle. Todavía, además, hay muchas industrias, a juzgar por las demandas y
sentencias que se publican a diario, que no consta en su cuenta de buenos
propósitos, la salud y la seguridad de sus empleados. Les importa un
rábano, como dice el sabio refranero, que sus empleados regresen a sus
casas, después de cada jornada laboral, en las mismas condiciones de salud
que tenían cuando llegaron al trabajo.
Por otra parte, el desfase de unos
parques empresariales a otros salta a la vista. Si la industrialización ya
llegó con retraso a España, en comparación con los países europeos, hoy la
lentísima evolución industrial que experimentan algunas localidades
españolas, que parecen dejadas de la mano del papá Estado, resulta más que
preocupante. La insolidaridad entre regiones y comunidades, en este
sentido, es manifiesta. Para empezar, la infraestructura es casi nula. Por
ello, habría que hacer algo para que las desigualdades se acorten cuando
se anuncian bonanzas, en aquellas regiones de tradición industrial, que
son las mismas de siempre. En esto no hay avance industrial alguno, más
bien retroceso.
Nos alegraría que esa expansión económica
anunciada para el dos mil cinco, a mi juicio más de sueño político que de
realidad venidera, llegase a todas las atmósferas de España, para
españolizarnos más y emigrar menos por decreto de necesidad. Ya se sabe,
gloria falsamente alcanzada poco permanece. La industria de la solidaridad
puede ser un desafío, un aliciente y una esperanza, frente a tanto
desencanto, cuya característica principal parece ser la falta de
entusiasmo y de ilusión, que con la crisis de las ideologías parece
replegarse en un cinismo cómodo, donde poco cuenta la cooperación entre
industrias, al igual que a una desvergüenza calculada, fruto de egoísmos y
torpezas. Por ende, el sector industria, debiera reconsiderar la palpable
lección de que las hormigas reunidas pueden vencer al león. Seguramente,
así, muchos cantamañanas, acicalados por la política, borrarían de su
diario de vida, la de ser campaneros de la mentira.
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