2.
Los derechos de los católicos
Los católicos tienen también obligación de respetar
los derechos de los creyentes de otras religiones, o de los no creyentes.
Claro que los católicos tienen derechos
dimanados de sus creencias, faltaría más. Pero los católicos tienen
también obligación de respetar los derechos de los creyentes de otras
religiones, sean mayoritarias o minoritarias, sean occidentales o no, sean
indígenas o sean lo que sean. Porque, ¿quién le da derecho a los católicos
a que los demás no tengan derecho a creer en lo que creen, inclusive, a no
creer? Siempre hay que rechazar los totalitarismos, porque todo
totalitarismo sabemos de sobra a donde nos lleva. La historia lo dice: nos
lleva a la muerte, a la degradación de la persona, a la persecución
intransigente, a la negación por la fuerza de esa otra creencia que tiene
tanta fuerza en quien la practica que la creencia de cada quien.
A estas alturas no podemos abogar por las inquinas, y
menos por las religiosas, que tanta sangre han derramado, y continúan
derramando, en el devenir del tiempo. Y me temo que se ha venido creando
en los últimos tiempos una especie de teología totalitaria y personalista,
inclusive excesivamente personalista, que está dando al traste con todo lo
que creemos.
Terrorismo religioso, de unas partes y de otras,
siempre lo hubo, es verdad, pero en este momento está revistiéndose con el
matiz de lo político, de las civilizaciones, de las globalizaciones, del
que todos creemos en lo mismo; y eso no puede ser. Ni debe ser. Antes de
las hoy llamadas grandes religiones hubo otras, no sé si tan grandes pero
sí al menos tan importantes. Y después de las grandes religiones han
venido otras, quizá no tan grandes pero sí tan importantes. Porque el
fenómeno de la creencia no es el fenómeno de la mayoría, no es cuestión de
cantidad sino de convicción, de calidad de conciencia.
Estamos enredándonos mucho hoy día con el tema
religioso, tanto a nivel de globalidad como a nivel de nacionalidades.
Para algunos lo que cuenta, por ejemplo, en España, es la cantidad por
encima de la calidad, es la tradición que ya, mayoritariamente, no existe.
Empeñarse es continuar viendo a España como una nación católica porque la
mayoría ha sido bautizada en esa religión es, a mi juicio, desvirtuar un
poco la creencia. No obstante, los católicos tienen derecho al respeto de
sus creencias, y la jerarquía tiene también el derecho de auparlas en
buena lid. Eso sí, que los argumentos que sirven para unos, sirvan para
todos porque, si no es así, no solamente estamos despreciando las
creencias de los demás sino, y lo que es peor, fomentando un
fundamentalismo nacionalista que no viene a cuento. Y luego pasa lo que
pasa.
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