4. Ronaldo
En estos momentos el dilema
de la Iglesia no son tanto los principios doctrinales de los fieles cuanto
los dilemas políticos de los gobernantes.
Ronaldo, sí, el dios moderno del fútbol moderno, que ya
no es tan dios porque le han salido competidores divinos del buen hacer en
la cancha, vuelve a ser noticia por dos razones; una: porque ya no marca
tantos goles como los que marcaba días atrás, y porque los que marca no
son de la factura de los que marcaba, y dos: porque ha tenido que aplazar
su boda. La primera de las razones tiene sentido futbolístico, la segunda
de las razones carece de sentido periodístico. O, no, quién sabe, porque
estas luminarias de la farándula del dar patadas o del caminar sobre las
pasarelas pareciera que convierten en oro todo lo que tocan, incluida, por
supuesto, la noticia periodística.
Una torcedura de tobillo de Ronaldo, o de cualquier de
los de su especie millonaria, tiene muchísima más personalidad noticiosa
que los anónimos muertos de la reemprendida guerra de Bush en Faluya; y el
retraso del matrimonio de la divina parejita muchísima más importancia que
cualquier matrimonio laico de una pareja gay, a no ser que Rouco y
compañía se empeñen en hacerla noticia política; pero ese ya es otro
cantar.
La verdad es que a veces provoca recurrir a la prensa
rosa, por escandalosa que sea, y a la prensa deportiva, por comercializada
que esté, que a la mayor parte de noticias que los periódicos “normales”
nos escenifican. No solo me refiero a las noticias bélicas, detestables en
sí, también a esas pugnas políticas y político religiosas que dan de comer
intelectualmente a los seguidores de los protagonistas, y que intentan
darnos de comer al resto.
Arafat continúa apareciendo en primera página porque
unos quieren prolongar su muerte y otros la anuncian insistentemente.
Ahora Ronaldo aparece en primera página porque para poder casarse en
París, como él y su bella prometida anhelan, necesitan un castillo para
poder albergar a tanto bicho del balón, de la alta costura, también de la
política, pues claro, de la farándula por supuesto y no me atrevo a decir
de algún que otro jerarca eclesiástico por eso de que Ronaldo, descasado,
no puede volver a casarse. Pero se casará. Con retraso pero se casará. A
bombo y platillo. Con todos los invitados que a bien tenga. Se casará y
todo serán loas para ese matrimonio que, visto lo visto, no sabemos si
será el último o el antepenúltimo.
Yo no digo que la Iglesia tenga que meterse en estos
asuntos, aunque Ronaldo se santigua sobre el césped, pero es que también
el que calla, otorga y en estos momentos el dilema de la Iglesia no son
tanto los principios doctrinales de los fieles cuanto los dilemas
políticos de los gobernantes.
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