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4. Ronaldo

Adolfo Carreto / www.avmradio.org  

En estos momentos el dilema de la Iglesia no son tanto los principios doctrinales de los fieles cuanto los dilemas políticos de los gobernantes.

Ronaldo, sí, el dios moderno del fútbol moderno, que ya no es tan dios porque le han salido competidores divinos del buen hacer en la cancha, vuelve a ser noticia por dos razones; una: porque ya no marca tantos goles como los que marcaba días atrás, y porque los que marca no son de la factura de los que marcaba, y dos: porque ha tenido que aplazar su boda. La primera de las razones tiene sentido futbolístico, la segunda de las razones carece de sentido periodístico. O, no, quién sabe, porque estas luminarias de la farándula del dar patadas o del caminar sobre las pasarelas pareciera que convierten en oro todo lo que tocan, incluida, por supuesto, la noticia periodística.

Una torcedura de tobillo de Ronaldo, o de cualquier de los de su especie millonaria, tiene muchísima más personalidad noticiosa que los anónimos muertos de la reemprendida guerra de Bush en Faluya; y el retraso del matrimonio de la divina parejita muchísima más importancia que cualquier matrimonio laico de una pareja gay, a no ser que Rouco y compañía se empeñen en hacerla noticia política; pero ese ya es otro cantar.

La verdad es que a veces provoca recurrir a la prensa rosa, por escandalosa que sea, y a la prensa deportiva, por comercializada que esté, que a la mayor parte de noticias que los periódicos “normales” nos escenifican. No solo me refiero a las noticias bélicas, detestables en sí, también a esas pugnas políticas y político religiosas que dan de comer intelectualmente a los seguidores de los protagonistas, y que intentan darnos de comer al resto.

Arafat continúa apareciendo en primera página porque unos quieren prolongar su muerte y otros la anuncian insistentemente. Ahora Ronaldo aparece en primera página porque para poder casarse en París, como él y su bella prometida anhelan, necesitan un castillo para poder albergar a tanto bicho del balón, de la alta costura, también de la política, pues claro, de la farándula por supuesto y no me atrevo a decir de algún que otro jerarca eclesiástico por eso de que Ronaldo, descasado, no puede volver a casarse. Pero se casará. Con retraso pero se casará. A bombo y platillo. Con todos los invitados que a bien tenga. Se casará y todo serán loas para ese matrimonio que, visto lo visto, no sabemos si será el último o el antepenúltimo.

Yo no digo que la Iglesia tenga que meterse en estos asuntos, aunque Ronaldo se santigua sobre el césped, pero es que también el que calla, otorga y en estos momentos el dilema de la Iglesia no son tanto los principios doctrinales de los fieles cuanto los dilemas políticos de los gobernantes.

 
 

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