6.
Zapatero y Sonsoles: la boda
No se casaron en estos días, claro
que no, sino va a hacer quince años, quizá por ese aniversario quieran
volver a hacer noticia esa boda. O puede que no, puede que sea por el lío
que se ha montado entre la jerarquía eclesiástica española y el gobierno
de José Luis Rodríguez Zapatero quien, muy posiblemente hace quince años
no se imaginaba semejante pleito. Si se lo hubiese imaginado quizá aquella
boda no se diera, o no en la forma en que se dio.
Se trata de una fotografía con todas las de la ley, es
decir, como mandan o como mandaban los cánones del catolicismo en aquellos
tiempos. También me imagino que Rodríguez Zapatero en aquellos tiempos no
había pensado todavía hacer público su agnosticismo.
Se casó el 27 de enero de 1990 con Sonsoles, y se casó
donde se casó por Sonsoles. Sonsoles, abulense, no podía elegir un lugar
más afortunado para cualquier oriunda de la ciudad de las murallas, Ávila,
que el Santuario de Nuestra Señora de Sonsoles.
Conozco muy bien el lugar: se trata de un recodo
vegetal desde el que se divisa la famosa ciudad castellana. Tuvo que ser
Sonsoles quien empujara a su prometido hacia ese lugar, que es lugar
recogido, sin mucho boato, más parecido a lo que se entiende comúnmente
por santuario recoleto. Nada de Almudenas, nada de Escoriales. Esos son
lugares mayores para personas mayores y para que la suntuosidad se realce
en todo su esplendor.Se ven muy bien ambos, hay que admitirlo; se ven
justamente a su edad, él 29 años, ella esa edad menor que no se dice
porque hay edades que el protocolo aconsejan que se silencien. Los dos
emocionados. No era para menos luego de quince años de relaciones; es
decir, que el consentimiento mutuo era acreditativo de todo el ritual. El
escribano se equivocó en el acta matrimonial y envejeció considerablemente
al entonces joven contrayente: le endilgó cuarenta años.
Y uno se pregunta, ¿por qué querer hacer noticia a
estas alturas de una boda ya tan lejana y sin personajes de consideración
que ameriten la fotografía noticiosa? He llegado a la conclusión de que se
trata de un pícaro contraste entre lo que la fotografía muestra como
creyente católico a Zapatero y lo que se publicita en estos días como
perseguidor del catolicismo. Los periodistas son muy dados a estos trucos,
y no me extraña que algún día de estos, si no amaina el temporal, alguien
salga por ahí y se lo eche en cara. Y vuelva a prenderse el cotarro. Lo
contrario de lo que ocurrió con el Príncipe y la entonces Leticia. La
gente, como se ve, se convierte, y cada cual tendrá su razón.
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