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8. La acogida

Felipe Santos-SDB

Se desvive por su madre y hermano. Con sonrisa, cariño, cordialidad y buen trato lleva todo este problema con firmeza. ¡Cuánto cuesta, le dije, aceptar la voluntad de Dios en este trance!

Una familia, a la que quiero y recuerdo en mi oración, está pasando unos momentos difíciles. La madre lleva ya varios meses postrada en el hospital sin conocimiento, vive -valga la palabra, como un vegetal- en estado de coma profundo y con un extraño virus que le hace estar aislada.

Es una mujer de una fe sencilla pero afincada en los principios luminosos que solamente da la dimensión religiosa.

Uno de sus hijos sufre esquizofrenia. Su madre había sido para él todo el baluarte que tenía para seguir viviendo de la mejor manera con su enfermedad desde muy joven.

Ahora una de sus hijas lleva la situación con mucha entereza, no exenta -claro está- de instantes de tristeza hasta que se opere el desenlace para bien o para mal.

En estas circunstancias es cuando el ser humano pone a flor de piel todas las energías de acogida que lleva en su interior.

Se desvive por su madre y hermano. Y lo hace todo con amabilidad, da confianza y fuerza a todos. Es la María del Evangelio. Lo primero y fundamental es la madre y el hermano. Ha dejado el trabajo para dedicarse plenamente a la misión prioritaria de acoger esta nueva realidad triste y desagradable pero, al fin y al cabo, una realidad que sufre el ser humano.

Con sonrisa, cariño, cordialidad y buen trato lleva todo este problema con firmeza.

¡Cuánto cuesta, le dije, aceptar la voluntad de Dios en este trance!

-Es verdad -me dijo- mientras afloraban unas lágrimas sentidas por sus grandes ojos.

No obstante, siguiendo el ejemplo de su madre, lucha porque todo siga con el mismo ritmo de siempre, a pesar de las serias dificultades por las que está atravesando.

Intenta poner de sí lo mejor que lleva en su corazón

 
 

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