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1. Himno nacional

Walter Turnbull

Nuestro himno mexicano está un poquito anacrónico. Necesitamos un himno nuevo para un mundo nuevo.

Acabo de regresar del acto cívico en la escuela de mi hija. Se recordaron las gestas heroicas de la independencia de México y se cantó -según lo propuesto por alguien- el himno nacional a las 12 del día. Fue emocionante ver a esos niños unidos cantando el himno con verdadero entusiasmo. Y ya me imagino lo que se sentirá escuchar el himno nacional en un país extranjero en una competencia olímpica. Los himnos tienen la peculiaridad de exaltar el fervor patrio, no cabe duda.

Si no me fallan los cálculos, nuestro himno fue estrenado pocos años después de haber sufrido una invasión en la que salimos derrotados y perdimos la mitad de nuestro territorio y la mayor parte de nuestro orgullo. Los ánimos estaban exacerbados contra Masiosare, el extraño enemigo. El fantasma de la invasión medraba en las mentes de aquellos mexicanos. “Mexicanos, al grito de ‘¡Guerra!’, el acero aprestad y el bridón...” prometía que nunca volvería a ocurrir. Antes la muerte que ser pisoteados otra vez. Eran los tiempos de la afirmación como país, los tiempos del nacionalismo.

Hoy en día a mí esas declaraciones me suenan un poquito anacrónicas. La caridad empieza por la casa, y México es la tierra en donde Dios me ha puesto y los mexicanos los hermanos que ha puesto junto a mí para trabajar con ellos y por ellos en la búsqueda del bien común; pero el humanismo moderno y el cristianismo de siempre me invitan a derribar barreras, a ser ciudadanos del mundo, a ser todos hermanos. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, y al país de tu prójimo como al tuyo propio. Amamos nuestra tierra, nuestro paisaje, amamos a nuestra gente, nuestra música y nuestra comida, como dones de Dios, patrimonio de la humanidad. México, como país, tendrá razón de ser sólo en la medida en que sirva para el bien -y finalmente para la salvación- de los mexicanos y de todas las demás gentes de todos los demás países.

Hoy en día no hay a la vista nadie que nos quiera invadir militarmente. Necesitamos un himno nuevo para forjar un mundo nuevo. “Mexicanos, al grito de injusticia, de pobreza, de marginación...” Hoy los enemigos más peligrosos -igual que para todos los países- se encuentran dentro. Los enemigos que nos mantienen sojuzgados son el egoísmo, el materialismo, la ignorancia, el partidismo, la polarización, la ambición, la inmoralidad, la violencia... y en lugar del acero y el bridón, necesitamos aprestar la generosidad, la veracidad, la disciplina, la honradez, la solidaridad, la sobriedad. Dice San Pablo, “que vivamos con responsabilidad, justicia y piedad” (Tito 2, 11).

Somos ciudadanos del Reino de Dios. Hagamos de esta hermosa tierra y de esta hermosa gente una herramienta de la construcción de este reino.

Siendo muy sincero, he de confesar que la música del himno nacional es bastante bonita, pero todavía me gusta más aquel que dice: “Mexicanos, volad presurosos, del pendón de la virgen en pos, y en la lucha saldréis victoriosos defendiendo a la patria y a Dios”.

 
 

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