3. La ruina a más... Y más
Víctor Corcoba Herrero
Con la compra de libros la cuesta de Septiembre se
hace empinada. Las deudas agobian. Los afligidos piden un S.O.S.. Hace
falta avivar la cultura de la donación.
El romance de doña Paciencia en casa de
los Afligidos, víctima del continuo coqueteo crediticio, tras negarle la
visita don Regalado, -titular del departamento de causas imposibles- para
que los niños tuviesen libros de balde este curso, echa humo. A última
hora, sabedores que falta mucho para que las ilustrísimas urnas hablen,
pensaron que lo gratuito no se valora. Y toma mazazo: ¡a pagar libros! La
verdad es que, el mencionado hogar, son los únicos que compran durante
todo el año. Aún así, el papi, con más fe que doña Paciencia, espera el
milagro de alguna alma caritativa. Sobre todo desde que llamó a la tele y
una de esas brujas televisivas, le confirmó, afirmó y reafirmó por activa
y pasiva, para que la cuenta telefónica también creciera, que su plegaria
de lloros sería tenida en cuenta por la corte lotera. Dicho lo cual, tomó
la calle de las loterías, y se puso como don Quijote, -citado y recitado
como signo de distinción por la clase política- a buscar y rebuscar la
Dulcinea del número de la suerte.
Ante tantos desembolsos, los del juego de
azar y los colegiales, el embolso a los bancos y el reembolso a las
agencias de viajes, la cuesta de septiembre cuesta subirla y pasarla. Cada
curso son más los libros, los cuadernos de actividades impresos y más
dispendio para extraescolar y deporte. Más para saber menos, en actitudes
y conocimientos, en decir que ¡no! a las drogas y en desdecir a los dioses
que imponen más que proponen, compran más que donan, odian más que aman.
Nos arrasan ruinas que nos arruinan. Ahora comprendo lo de la depresión de
las familias. Con tantos débitos en casa cualquiera ríe la gracia. Ese
goce de endeudarse hasta los dientes, y pasar de todo, sólo queda para los
ayuntamientos, o para esas autonomías, que se saltan a la torera lo de la
estabilidad presupuestaria.
Pienso que nos hacen falta huchas
fraternas para todo y para todos. Alcancías de humanidad y arcas en
comunión, capaces de avivar la cultura de la donación y del amor, sin
letra de cambio, a las personas que se encuentran en dificultades o
enganchadas al consumo. Otra droga más. Qué lejos quedan aquellas cajas
crediticias apellidadas como montes de piedad, verdaderas arboledas de
aliento. Todo ha cambiado, menos el interés por el interés, la arrogancia,
la avaricia y otros desórdenes que debemos atajar lo antes posible. La
moral está por los suelos, sin ecologistas que pongan orden y sin
autoridad que ponga ética.
La cuenta de resultados es preocupante.
El balance de sumas y saldos se salda con ciudades sin alma, comunidades
sin vínculo solidario, estados sin estado de buena esperanza, estadios sin
humanidad. Ante la Europa sin raíces, el árbol del mundo se seca. Hacen
falta multitud de aguadores, unidos y reunidos, para amarse y animarse,
comunicarse y crecerse. Sobran los mercados de los mercaderes. Todo se
sale de madre y la madre, doña Paciencia, está al borde de la locura. Esto
es una ruina -insisto- que nos destroza la rima de vivir. Se necesitan
juglares del amor, para que nos rediman el dolor del alma y nos
liberalicen el cuerpo de los mil desconsuelos sin consuelo.
Añado esta posdata: en la casa de los
Afligidos, me han pedido un S.O.S., precisan algún mecenas que les compre
los libros a sus hijos, todos en edad escolar. Acérrimos seguidores de la
semántica de ZP, se han fiado de sus sílabas (y de su silabario) y se
creyeron a pies juntillas, como dogma de palabra verdadera, que este año
lo de ir a la escuela salía gratis. Por ello, se han dejado todos los
ahorros en tomar el sol a cuerpo de rey. Finalizado el reinado de
disfrutes, no encuentran avalista que les libere de los números rojos.
¡0jú, qué calor!
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