7. Procrastinación: Un mal actual
Mikel Agirregabiria Agirre
Esta denominación es designación de la dominación
por la indeterminación: No perezca en la pereza.
Una grave enfermedad
contemporánea es la procrastinación, la actitud de postergar los problemas
o de aplazar las tareas que se imaginan dificultosas. El descriptivo
término es un anglicismo reconocido por la Academia de la Lengua, derivado
del latín pro (para) y de cras (mañana), que matiza el
atávico pecado capital de la pereza como esa demora e inactividad
provocada por el temor y la comodidad.
La procrastinación conduce a evitar o
aplazar consciente o inconscientemente lo que se percibe como desagradable
o incómodo. Es el caso del ejecutivo que eterniza una reunión para evitar
un conflicto o el estudiante que sistemáticamente demora estudiar. Se
enmascara la ociosidad desviando la atención hacia otras tareas más
asequibles. La Biblia dice que “El perezoso quiere y no quiere al mismo
tiempo”. Los perezosos tienen siempre deseos de hacer algo, pero no
aquello que deberían afrontar. La procrastinación deja para mañana lo que
debe hacerse hoy. Se complica más cuando se justifica con excusas y más
excusas. Escudándonos tras disculpas huecas sólo nos engañaremos a
nosotros mismos.
La procrastinación crónica origina
incluso trastornos psicológicos, y en cualquier caso actúa como un ladrón
de tiempo. El “déjalo para mañana” realmente es el arte de “vivir en el
ayer”. Los perezosos siempre encuentran razones para esperar. Siguen la
ley del mínimo esfuerzo: Pueden estar ocupados en intrascendentes
aficiones, pero son incapaces de cumplir sus obligaciones con esmero
metódico. Deberían saber que si el trabajar duro frecuentemente sólo rinde
con el tiempo, en cambio la holgazanería se paga al contado.
El laborioso gana su vida; el perezoso la
roba y cree suerte el éxito del trabajador. Ante la misma situación
responden muy distintamente. Quién no ha visto a un albañil cantando
alegremente mientras dispone ladrillos, junto a otro amargado que realiza
la misma tarea con desgana. Y lo mismo en las aulas o en las familias. Hay
padres y profesores que se recrean en las tareas del hogar y en la
educación, y quienes parece que sólo saben quejarse del trabajo y de los
quebraderos de cabeza que les proporcionan sus hijos o sus alumnos.
Una persona con pereza es un reloj sin
cuerda que se fatiga de su propia vagancia. La holganza hace caer en
profundo sueño que disgrega la voluntad. Basta de excusar nuestra pereza
so pretexto de la dificultad. Liberémonos de la esclavitud de la pereza,
que conduce inevitablemente a la pobreza y a la tristeza. El diablo tienta
a todos, pero el perezoso tienta al diablo. Sócrates incluso amplía el
concepto de indolencia y señala que “No es perezoso únicamente el que nada
hace, sino también el que podría hacer más y mejor lo que hace”.
Huyamos de la procrastinación. Muchas
veces nos lamentamos de las oportunidades que se escaparon de nuestras
manos por diferirlas o aplazarlas. Tranvías que pasaron y no volverán. Los
estudios que no acabamos, las amistades que no cultivamos, la ayuda que
prestamos… La diferencia entre un sueño y una meta es la acción. La meta
tiene un objetivo, una línea de tiempo y unas etapas intermedias; el sueño
es... una fantasía. No dejemos que nuestros ensueños nos roben nuestra
realidad. Si de verdad deseamos algo empecemos, movámonos, actuemos. Todos
podemos si queremos; además nos lo debemos a nosotros mismos… y a quienes
nos necesitan.
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