8.
Erotismo y pornografía
Miguel Rivilla San Martín
En ocasiones, ante la carencia de ideas,
imaginación y profesionalidad de ciertos cineastas, se recurre al reclamo
de filmar escenas y más escenas explicitas de sexo -porno encubierto- para
rellenar el vacío de otros valores éticos y cinematográficos.
En el último Festival erótico de S.
Sebastián, con ocasión de la proyección de una cinta de alto contenido
sexual, del director británico Michael Winterbottom, se reabrió la vieja
polémica de qué límites debe haber entre pornografía y erotismo.
Con la excusa de que estamos en un estado
libre, que consagra en la Constitución la libertad de expresión y de que
el sexo explícito forma parte importante de cualquier historia de amor,
hay quienes propugnan no debe existir ninguna barrera en mostrar escenas
íntimas de sexo explícito. Quizás, en este como en otros filmes, se dé una
colisión entre derechos. El del director, a defender su derecho a la
libertad de expresión, y el del espectador, a no ser agredido en sus
convicciones religiosas o morales.
En ocasiones, ante la carencia de ideas,
imaginación y profesionalidad de ciertos cineastas, se recurre al reclamo
de filmar escenas y más escenas explicitas de sexo -porno encubierto- para
rellenar el vacío de otros valores éticos y cinematográficos.
El gran novelista desaparecido Gonzalo
Torrente Ballester dejó escrito que el buen cineasta no se recrea
necesariamente en escenas interminables de sexo y de alcoba. Es tomar por
tonto al espectador y además, demuestra escasa inteligencia. Aunque eso
esté de moda. Basta sugerir más que mostrar . Todo se puede decir sin caer
en el mal gusto. Grandes y célebres directores españoles y extranjeros,
nos han dejado obras maestras de la historia del cine, sin recurrir a la
pornografía o al desnudo integral.
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