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10. Día de la Raza

Walter Turnbull

En México vemos la historia como una película de vaqueros y le echamos la culpa de todos nuestros males a los españoles, pero gracias a ellos conocimos a Cristo dentro de la Iglesia que conoció a Cristo.

Otra vez 12 de Octubre. Otra vez la “celebración” del día de la raza. Otra vez manifestaciones contra Colón y contra el “nefasto” día en que los españoles llegaron a nuestro mundo.

La mayor parte de la gente, gracias a nuestra historia oficial enseñada durante tantos sexenios, ve la historia de México como una película de indios y vaqueros, los buenos contra los malos: Netzahualcóyotl contra el rey de aquel entonces, los Mexicas contra todos los de alrededor, los Aztecas contra los conquistadores, los insurgentes contra los españoles, los liberales contra los conservadores, Juárez contra Maximiliano, Madero contra Don Porfirio, los revolucionarios contra los reaccionarios, Cárdenas contra las compañías petroleras extranjeras... En esa perspectiva es fácil entender el odio contra Colón y todos sus sucesores.

Alguna vez en la universidad me presentaron un cuadro que me explicó perfectamente nuestra actual situación económica: La gran Tenochtitlan era un pueblo rico en el que abundaba el oro. Los españoles durante la colonia se llevaron todo ese oro. Después, los ingleses se las ingeniaron para quitárselo a los españoles, y luego los gringos se las ingeniaron para cobrar su parte del botín. Por eso nosotros estamos pobres, y los ingleses y los gringos son ricos.

Los más leídos y escribidos no lo ven tan simple. Ellos hablan de que los pueblos tienen un “proyecto histórico” que tiene que realizarse poco a poco, llevando a la sociedad paulatinamente de un estado de barbarie a un estado de desarrollo y civilización en todos los ámbitos de la vida: tecnológico, científico, político, social, religioso... El pecado de los españoles fue interrumpir el proyecto histórico de México, imponiendo arbitrariamente un modelo extraño e inadecuado que al paso del tiempo dio lugar al país que hoy en día todos disfrutamos.

El hecho es que todos nuestros males se los debemos a la conquista de los españoles.

¿Qué pensarán los del proyecto histórico que habría pasado si los españoles no nos conquistan?

México habría conservado toda su dorada riqueza. Todo ese oro que seguramente habría llegado hasta nosotros, hoy estaría a nuestra disposición. Seguramente sería repartido equitativamente entre todos nosotros. No importaría que nos hubiéramos quedado en la edad de piedra; con el oro que nos tocara a usted y a mí podríamos importar adelantos modernos para hacer la vida más cómoda, y nuestro gobierno -también con la parte que le tocara- compraría plantas eléctricas, refinerías y obras de infraestructura para satisfacción de todos. O tal vez, de haberse realizado el proyecto histórico, los aztecas habrían avanzado en materia tecnológica y social en 500 años lo que los países europeos avanzaron en más de 2,000.

En materia religiosa no estaríamos en el oscurantismo medieval ocasionado por la imposición de la religión Católica. Tendríamos dioses acordes con nuestra idiosincrasia y nuestra inventiva, como en el oscurantismo prehistórico. El único inconveniente sería que, en lugar de temer el ataque de una pandilla de asaltantes o el ser arrollados por un camionero, tendríamos que vivir en la zozobra de ser elegidos esa semana para el sacrificio humano, pero eso sería un pequeño inconveniente comparado con nuestra pobreza actual, causada por los españoles.

Alucinaciones inútiles. Juicios infantiles. Debemos juzgar los hechos históricos teniendo en cuenta la mentalidad y la situación del momento histórico. ¿Qué habría pasado si los españoles no nos conquistan? ¿Quién nos asegura que el proyecto histórico de los aztecas era exitoso? Antes de la llegada de los españoles desapareció la civilización maya y la cultura que vivió en EEUU antes que los pieles rojas. ¿Dónde está el pueblo al que nunca le han roto el proyecto histórico? Muchas veces se han partido el proyecto histórico los pueblos europeos los unos a los otros. Y alguna vez los árabes y varias veces los mongoles se lo rompieron a todos los europeos. Y los aztecas a su vez se lo rompieron a todos los demás habitantes de mesoamérica. Y ¿quién se pone a lamentarlo, o a organizar manifestaciones? ¿Qué ganamos con lamentar algo que tenía que suceder?

Ciertamente en una conquista sale a relucir toda la miseria humana. Despojos, abusos, violaciones, esclavitud, pobreza y muerte (por cierto fue fray Bartolomé de las Casas, un representante de la Iglesia Católica, el que afirmó que adueñarse de las tierras de otros o esclavizar a otro pueblo era robo y pecado grave contra la dignidad humana). Pero eso pasa en todas las conquistas. No podemos saber si con los españoles nos fue peor. Tampoco podemos saber cómo habría sido con los portugueses, o con los ingleses, o con los holandeses, o con los que usté guste y mande.

Tampoco podemos saber a quién debemos principalmente nuestra endémica tendencia a la corrupción, a la infidelidad, a la dictadura, al alcoholismo, al abuso, a la transa, al machismo, al despilfarro, etc... que nos adornan a los mexicanos. Seríamos tan miopes como los matrimonios que se dicen: “lo estúpido se lo sacó a tu familia, lo simpático a la mía”.

Lo que sí podemos saber es que gracias a ellos conocimos a Cristo dentro de la Iglesia que conoció a Cristo.

No me refiero a Colón o a Cortés, que nunca sabremos si su celo apostólico era una convicción o un pretexto. Me refiero a los héroes que nos dieron patria. A esos heroicos monjes franciscanos y dominicos, y otras órdenes después, verdaderas imágenes de Cristo que dieron su vida por salvar a nuestro pueblo. A esos hombres que compartieron con los indios -y también con los españoles- su pobreza, su trabajo, su cultura, su ciencia y, sobre todo, su fe.

Dicen algunos bien enterados que Dios a veces se vale de lo peor para llevar a cabo sus designios, para que quede claro que es Él el que hace crecer y germinar. No sé si en este caso podremos decir que los conquistadores españoles fueron los peores, pero de cualquier modo, yo le doy gracias a Dios porque nos tocaron ellos. A mí, que no soy muy valiente para tomar decisiones fuertes, Dios me concedió caer desde el principio en un país católico.

Más que romper un proyecto histórico, la incursión de la Iglesia católica en nuestras tierras fue regresar al camino a los que estaban perdidos. Para iluminar a los que viven en tiniebla y sombra de muerte nos visitó el sol que nace de lo alto, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz (Cántico de Zacarías, Lc. 1, 79).

Dichoso pueblo español que conservó el tesoro de su catolicismo. Dichosa reina Isabel, de quien sí podemos confiar en sus buenas intenciones. Dichosos conquistadores españoles que, queriéndolo o no, fueron instrumentos de Dios para llevar su palabra.

Yo, por mí, no pienso protestar el día de la raza.

 
 

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