7. Mar
adentro
Miguel Rivilla San Martín
La película “Mar adentro”, de Amenábar, con
ambigüedad sutilmente calculada toma partido por la eutanasia.
Es una obviedad decir
que Amenábar es uno de los directores de cine español de mayor renombre y
reconocimiento internacional. Lo que no está tan claro es afirmar que el
cineasta gay -según confesión propia- es objetivo e imparcial, al tratar
el problema de la eutanasia en su postrer obra, Mar adentro, a
pesar de algunas manifestaciones suyas, previas al estreno.
El tema controvertido
de la eutanasia activa, o suicidio, pese a los eufemismos con que
se le quiera maquillar como muerte digna, sólo admite dos
vertientes encontradas. Una, desde el prisma de la fe en Dios, dueño y
señor de toda vida y otra, desde la postura de increencia o del ateo, que
se aferra al derecho a disponer en libertad de su propia vida o la ajena.
El señor Amenábar, , en su filme, toma
partido por la decisión del tetrapléjico Sampedro, que a pesar de
mostrarle con simpatía creciente, lo hace poco menos que referente lúcido
para todos los demás pacientes.
El encuentro con el sacerdote del Opus
-no jesuita- también tetrapléjico, es presentado como contrapunto
ridículo, en un plano que incita a la hilaridad del espectador, incapaz de
cambiar la decisión del obcecado Sampedro.
No dudo, por supuesto,
que Mar adentro, obtendrá todos los premios a los que se presente
por sus no escasos valores cinematográficos. Lo que no cabe, es
presentarla como referente válido y objetivo a favor de la eutanasia,
cuando todo aparece en el filme motivado por la vida y el amor de cuantos
tratan a Sampedro.
|