8. Redundancia en abundancia
Mikel Agirregabiria Agirre
Rebuznamos como burros cuando enfatizamos con
innecesarios pleonasmos.
Les propongo un reto desafiante:
Identifiquen cuántas redundancias repetidas aparecen en este documento
escrito. Les advierto por adelantado, y no se lo volveré a repetir, que
será un juego divertido en mi opinión personal. Pueden usar un bolígrafo
con tinta de color rojo para subrayar por debajo las duplicaciones
reiteradas, pero no deben subir arriba para releer otra vez el artículo.
Para resolver el pasatiempo dispondrán de
un breve lapso de tiempo. Si aciertan con la máxima excelencia recibirán
una carta por correo con un obsequio completamente gratis. Si lo quieren
recibir en su propia casa, pagarán el precio de los portes. La otra
alternativa es presentarse en persona pasar que lo recojan ustedes
personalmente. Si les parece totalmente perfecto, no habrá más sorpresas
inesperadas con la garantía absoluta de que no pagarán nada al erario
público.
Resumo brevemente cómo comenzó todo al
principio. Fue una pasada historia, basada en el hecho real de una
experiencia vivida. Les diré toda la verdad. No recuerdo de memoria ni qué
hora del día fue, ni qué día de la semana, ni siquiera qué mes del año,
pero ocurrió hace cuatro años atrás hacia la hora del mediodía. Nunca
antes había sucedido. Escuchaba en la radio de sonido estereofónico una
partitura musical y luego seguidamente las novedosas noticias de un nuevo
récord olímpico de una joven promesa para el futuro, que no se alcanzaba
el quórum mínimo en el parlamento y que el mercado de divisas extranjeras
se hundía hacia abajo por no prever de antemano las importaciones desde el
exterior.
Decidí apagar completamente el transistor
y mirar hacia la línea del horizonte. Con mis propios ojos vi volar por el
aire un gorrión, a quien di un saludo de bienvenida al acercarse hacia mí.
Advertí, aunque se hallaba a una distancia de varios metros, que la
pequeña avecilla tiritaba de frío mientras comía con su pico un mendrugo
de pan. Allí estábamos ambos dos como protagonistas principales, intuyendo
algún peligro potencial en nuestros planes futuros sin ninguna
coordinación entre sí. Bajo una constelación de estrellas, dos seres vivos
se miraron por un fugaz instante: un pájaro completamente desnudo con una
hemorragia de sangre en un ala y una persona humana completamente segura
de vencer una difícil crisis con nueva iniciativa y asiendo con sus manos
el libro de la Biblia. Me juré a mí mismo no aceptar falsos pretextos como
vacunas preventivas. Me comprometí personalmente con un proceso de
aprendizaje durante un periodo de tiempo para crecer como persona
individual sobre la base fundamental de que es mejor es salir afuera,
aunque nos acosen regimientos de soldados con jaurías de perros, que
permanecer encerrado dentro de uno mismo.
Antes de proseguir
adelante y leer la conclusión final, recordemos que el antiguo proverbio,
“no te fíes de las apariencias visibles”, sigue vigente en la actualidad.
Dado que este texto manuscrito en el mes de septiembre en un campus
universitario está completamente lleno de reiteraciones y es un pleonasmo
puro al 100% con correcta ortografía, daremos un pequeño atisbo de la
solución: Las redundancias inútiles superan por arriba el número de un
centenar.
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