1. Un Papa magno y
fecundo
J. Antonio Doménech Corral
Tras el multitudinario y solemnísimo funeral por el
Papa Juan Pablo II en la plaza vaticana de San Pedro, como jamás se haya
visto en algún otro celebrado por sus antecesores, la figura física de
Juan Pablo II nos ha desaparecido para siempre bajo la cripta de la
Basílica romana.
Sin embargo, su figura espiritual ha entrado de lleno
en la historia con los máximos calificativos laudatorios posibles.
Extraordinario, portentoso, irrepetible, santo, y muchos más que irán
surgiendo… Hasta el de “magno”, un apelativo póstumo que en toda la
historia de la Iglesia solo ha sido atribuido a tres papas del primer
milenio, los tres santos, lo que resulta premonitorio. A san León I (a.
440-461), san Gregorio I (a. 590-604) y san Nicolás I (a. 858-867);
lógicamente también por su santidad de vida y logros excepcionales en sus
pontificados. Pero la singularidad de Juan Pablo II –será el cuarto– es
que lo tiene oficialmente ya reconocido en vida. Fue en el acto de
investidura como doctor honoris causa de la Universidad de Roma el pasado
2003 y hecho constar en el correspondiente diploma: “Johannes Paulus II,
Magnus” (Juan Pablo II, el Magno). Lo que justificaba la aparición
entonces de una biografía suya con el título de “Karol el Grande”, escrita
por el conocido vaticanista italiano y colaborar religioso de varios
periódicos, Domenico del Río, ya fallecido.
Sin embargo, los calificativos más asombrosos y
originales que también tiene dedicados en vida en su patria natal son los
de “fecundo” e “inagotable”. Por la inmensa obra realizada en veintisiete
años de pontificado, con enorme repercusión social en todos los campos de
la actividad humana; y que ahora empieza a constatarse a la vista de la
ingente muchedumbre de toda clase social, ideario político o confesión
religiosa, que ha quedado convulsionada con su desaparición.
La primera que se percató de este riquísimo tesoro
espiritual e intelectual de Juan Pablo II y empezó a estudiar fue la
moderna universidad de Cracovia Josef Tischner (nombre de un sacerdote
filósofo y profesor compañero de Karol Wojtyla, cuando ambos eran docentes
en la universidad); hasta el punto de que se decidió por implantar en su
programa de estudios una nueva asignatura teológica: “Juan Pablo II”. Para
investigar con detalle y dar a conocer su pensamiento en los grandes temas
por él elaborados, a la vez que su extensa producción literaria, social,
filosófica, teológica y hasta política. Siguiendo pronto su ejemplo la
Universidad Pontificia San Juan de Letrán de Roma al crear la nominada
“Cátedra Karol Wojtyla”; también para promover congresos, seminarios y
todo tipo de iniciativas que pudieran contribuir a la difusión en el mundo
de su vasta personalidad.
Y es que Juan Pablo II ha dejado el listón de su
pontificado a considerable altura; por lo que resulta comprensible la gran
expectación que ha suscitado en todo el mundo conocer el nombre del
sucesor elegido en el cónclave, que admita recogerle el testigo.
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