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10. Benedicto XVI: una mirada a Europa

Carlos Agustín Masías Vergara

Europa “parece haber vaciado su interior, paralizada en cierto sentido por la crisis de su sistema circulatorio”.

El Cardenal Jaime Medina, como protodiácono de la Iglesia, se asomó a la ventana principal del Vaticano, y pronunció la ceremonial frase: Anuntio vobis gaudium magnun, Habemus Papam! Después apareció el hasta ese entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe Cardenal Ratzinger, y ahora Papa Benedicto XVI.

Siendo el nombre del Papa algo elegido y no impuesto, surge la curiosidad –por lo menos para mí- de saber cuales razones están detrás de esta elección. Por qué Benedicto y no otro Juan Pablo para mantener el posicionamiento ya ganado por el nombre. Ciertamente la Iglesia no se mueve por simpatías o emotividades. Entonces, ¿a qué hace referencia el nombre del nuevo Papa?

Por lo pronto, Benedicto es un nombre en homenaje de San Benito de Nursia, monje nacido en el 480, fundador de la orden Benedictina. Esta, al extenderse por toda Europa post-romana (en especial entre los puebloc bárbaros), contribuirá al surgimiento de una Europa cristiana, lo cual le ha valido a San Benito de Nursía el que se le de el título de Padre de Europa.

Y es precisamente Europa uno de los temas que más ha preocupado intelectualmente a Ratzinger. Ha criticado repetidamente el subjetivismo, individualismo y relativismo que cunde por Europa. Llegando a hablar de una dictadura del relativismo que "no reconoce nada como definitivo y que deja sólo, como última cosa, al propio yo con sus deseos."

En curiosa providencia, a los minutos que las agencias anunciaban al nuevo Papa, otra noticia aparecía en sus páginas., la ratificación del parlamento griego de la Constitución Europea. Un documento al que ya Juan Pablo II mostrara su descontento por no reconocer las raíces cristianas de Europa, y Ratzinger señaló que “la cultura laica, cuando se separa de las raíces, se convierte en dogmática y pierde su fuerza moral.”

La Europa unida no debe ser sólo algo económico o político: necesita unos fundamentos espirituales. Europa ha crecido sobre el cristianismo, que sigue siendo el criterio de los valores fundamentales de este continente, que a su vez ha dado luz a otros continentes. Por eso me parece necesario que en esta Constitución se mencionen los fundamentos cristianos de Europa.”

Europa, pues, según Ratzinger, “parece haber vaciado su interior, paralizada en cierto sentido por la crisis de su sistema circulatorio”, y esta anomia moral corre el peligro de expandirse a los países que han asimilado la herencia cultural Europea como son los de América Latina. ¿Quiere el nuevo Papa, con la elección de su nombre, señalar su afán de trabajar por la recristianización de Europa, continuando así la nueva Evangelización que iniciara su predecesor? De ser esto cierto, ¿será este un papado volcado hacia Europa? Es eso poco probable, como entendía Juan Pablo II, la esperanza de reevangelizar Europa parte de fortalecer la fe en América Latina. Por ahora es cuestión de tiempo y providencia, de esperar y, para los creyentes, de orar.

 

 

 

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