13. “Bendito el que
viene en nombre del Señor”
Miguel Rivilla San Martín, Pbro.
El tiempo, en breve, y su actuación personal pastoral,
se encargarán de desmontar tales infundios y distorsiones de su
personalidad humana, que es más bien respetuosa, afable, humilde,
dialogante y bondadosa.
Atenuado un tanto ya el gran
boom mediático de los eventos vaticanos, que fue la enfermedad, muerte y
sepelio del inolvidable papa Juan Pablo II, con repercusión global, se nos
ha venido encima otro acontecimiento de no menor trascendencia, cual ha
sido el Cónclave y la posterior elección, como nuevo Papa, sucesor de
Pedro y vicario de Cristo, del cardenal alemán, Joseph Ratzinger
.Personalmente y bien motivado, eligió el nombre de Benedicto XVI.
La fecha del 19 de abril de
2005, a las 19, 50 horas , la fumata blanca de la capilla sextina, marcó
un hito importante en los anales de la historia.
El cardenal más y mejor situado
entre los “papables” en los pronósticos de los entendidos y en las
“quinielas” de la gente; el que por tantos años fue el brazo derecho de
Juan Pablo II, el Guardián de la Fe, el prefecto de la Congregación del
mismo nombre; la cabeza mejor amueblada teológicamente del Colegio
cardenalicio y quizás de toda la Iglesia; el mejor conocedor de los
entresijos de la Curia vaticana, fue elegido Papa, en uno de los cónclaves
más breves de la historia.
Algunos comentaristas han dicho,
igual que vaticinaron del recordado papa Juan XXIII, que dada su avanzada
edad -78 años- su salud precaria, su pontificado será más bien de
transición. Considero muy aventurado tal pronóstico. Este papa nos puede y
nos va a sorprender a todos, independientemente de la duración de su
pontificado. Al tiempo.
Lo que sí cabe afirmar, sin
lugar a dudas, es que su línea de actuación no será rupturista, sino más
bien continuista con la de Juan Pablo II, cuya obra consolidará y
coronará.
Cabe pensar, con razón, que sus
mayores esfuerzos irán no tanto en pretender una imagen externa propagada
por los medios , cuanto al interior de la misma Iglesia, para afincarla en
la roca inamovible del dogma y la verdad revelada.
Con acierto se ha escrito de él,
que “Benedicto XIV encarna la imagen de un Papa clásico y de una
personalidad indiscutible”.
Ha habido también quienes con
bastante frivolidad, no exenta de torcida intencionalidad, han querido
vender a la opinión pública una imagen caricaturesca de este papa,
presentándolo como duro, pro-nazi, apocalíptico, “gobernante de hierro”,
cerrado al ecumenismo o al diálogo interreligioso etc...
El tiempo, en breve, y su
actuación personal pastoral, se encargarán de desmontar tales infundios y
distorsiones de su personalidad humana, que es más bien respetuosa,
afable, humilde, dialogante y bondadosa.
Graves retos se le presentarán
en su pontificado como la reducción del número de sacerdotes y
seminaristas, escasez de vocaciones, la explosión demográfica mundial, los
problemas de la pobreza, de la explotación laboral, de la moral sexual,
del relativismo, de la moral embrionaria, del ecumenismo y del secularismo
etc..
Confiemos todos, que con su
preclara inteligencia, la ayuda divina y las oraciones de la entera
comunidad cristiana, sepa dar la solución y orientación adecuadas a todos
estos retos, conforme a la voluntad de Dios, a quien representa en la
tierra y que sus fieles debemos reconocerle.
Damos de corazón gracias a Dios
por el magnífico regalo que ha hecho a su Iglesia y al mundo entero.
Acompañemos con nuestra filial oración a S.S.Benedicto XVI, y explayando
nuestro corazón con palabras del salmista repitamos:”El Señor ha estado
grande con nosotros y estamos alegres” o también, con la aclamación de la
liturgia de la Iglesia, repitamos con fe y gozo, la aclamación previa al
cánon de la misa:”Bendito el que viene en nombre del Señor”.
¡Larga vida y fecundo
pontificado al nuevo Papa Benedicto XVI!
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