15. Si diligis,
pasce
Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.
Para apreciar su capacidad teológica, vale la pena
reconocer algunas de sus obras.
Aún antes de conocer su elección ya lo amábamos, ya
orábamos por él y ahora nos alegramos con toda la Iglesia: ¡Habemus papam!
Ha sido el Padre quien por su Hijo y en su mutuo amor personal, el
Espíritu Santo, lo eligieron por ministerio del Colegio Cardenalicio. Este
ha tenido en custodia las llaves de Pedro para hacerlas llegar de nuestro
amadísimo Juan Pablo II a Benedicto XVI, el hasta ahora Cardenal Joseph
Ratzinger.
Nació en Marktl am Inn, Alemania. Doctor en Teología
con la tesis «La Teología de la Historia en San Buenaventura». Catedrático
en las facultades de Teología de Bonn, Münster, Tubinga y Ratisbona. En
1977 fue nombrado arzobispo de Munich y Cardenal. Desde 1981 ha sido
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Presidente de la
Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional.
Calificado por Juan Pablo II como «infatigable buscador de la verdad». Si
es indomable en la defensa de la fe, es abierto en lo accidental y cercano
en su trato. Para el Cardenal de Colonia, Meisner, -como lo escribió
recientemente el P. Santiago Martín-, «que soñaba con un Papa que fuera
capaz de vivir felizmente su fe, que estuviera tan preparado
teológicamente como doce profesores de Universidad, y que tuviera la
inocencia de un niño de siete años, para que todo el mundo percibiera su
santidad». Este hombre, ya dije entonces, sólo podía ser uno: Ratzinger…
Sobre su quehacer teológico, puede ser reconocido entre
los teólogos del siglo XX -al lado de los grandes como H. Urs von
Balthasar, K. Rahner, José Alfaro y E. Schillebeeckx,- cuando la teología
católica se hace más bíblica, cuando el ambiente teológico está abierto a
una mejor comprensión del mundo y se le da esta orientación ecuménica. Ha
sido uno de los teólogos del Concilio Vaticano II a través del Cardenal
Frings.
Para apreciar su capacidad teológica, vale la pena
reconocer algunas de sus obras:
Curso de Teología Dogmática en colaboración con Johann
Auer, nueve tomos, obra profunda y documentada en su fundamento bíblico,
en las diversas posiciones a través de la historia con una sistematización
interna de las afirmaciones dogmáticas de la Iglesia.
Para conocer mejor a nuestro Benedicto XVI, ofrezco
junto a algunas de sus obras, una miscelánea de textos, que no pretenden
ser los mejores, pero sí indicativos de sus preocupaciones.
Teoría de los Principios Teológicos: Cuál es la
interpretación genuina y auténtica de la herencia bíblica o, dicho de otra
forma, de dónde –dentro de la gran masa de tan múltiples y variadas
posibilidades de interpretación- extrae la fe aquella certeza con la que
se puede vivir y por la que se puede padecer y morir. Para esto no basta
con la seguridad de la mejor hipótesis; cuando lo que está en juego es la
vida, que no es una hipótesis, sino algo único e irrepetible… (pág. 9-10);
Pero si es cierto que para la humanidad del hombre dedicarse a la
filosofía y a la teología son tareas de hecho irrenunciables, entendidas
como una búsqueda de la verdad y un estar abierto a ella, entonces hemos
llegado a un punto absolutamente central. En realidad, me inclino a pensar
que la crisis de la Iglesia y de la humanidad que ahora nos toca vivir se
encuadra en el contexto de la expulsión del problema de Dios fuera del
ámbito de la razón y una exclusión que primero provocó una retirada de la
teología hacia el historicismo y luego hacia el sociologismo y que, al
mismo tiempo, llevó al agostamiento de la filosofía… (p. 380-381).
Servidor de Vuestra Alegría:Reflexiones sobre la
espiritualidad sacerdotal: Lo más hermoso y excelso del servicio
sacerdotal es poder ser servidor de este santo banquete (la Eucaristía),
poder transformar y distribuir este pan de la unidad. También para el
sacerdote tiene este pan una doble significación. También él deberá
recordar en primer término la cruz: al final, también el deberá ser grano
de trigo de Dios; no puede contentarse tan sólo con dar palabras y
acciones exteriores, debe dar la sangre de sus venas, debe darse a sí
mismo. (p. 22-23).
Palabra en la Iglesia: En la cual ofrece una teología
de la predicación, algunos temas básicos de predicación y ofrece
finalmente meditaciones y homilías: Y por eso de la figura de Jesús se
desprendía para mí siempre un algo optimista y liberador. Pero por otra
parte tampoco podía pasar por alto que él exige más y en muchos aspectos
de lo que la Iglesia puede hacerlo; que unas palabras radicales como las
suyas tan sólo se pueden responder con decisiones radicales, tal como lo
realizaron san Antonio o San Francisco de Asís en la aceptación total del
evangelio. (p. 112-113)…Aquel que cree con la Iglesia, encuentra a Jesús
en la oración y en los sacramentos, sobre todo en la eucaristía (p.
114);…si ya no existiese la idea de la catedral, del espacio del
recogimiento, de tranquilidad, el dedo que señala a lo misterioso, a lo
eterno… habría que inventarla, pues tenemos necesidad de ella. (p.200).
Ser cristiano en la Era Neopagana: Una Iglesia cuyos
fundamentos se apoyan en las decisiones de una mayoría, se transforma en
una iglesia puramente humana. Se reduce al nivel de lo que es factible y
plausible, de todo cuanto es fruto de su propia acción y de sus propias
intuiciones u opciones. La opinión sustituye a la fe (p.17). No tenemos
necesidad de una Iglesia más humana, sino de una Iglesia más divina; sólo
entonces ella será verdaderamente humana. (p. 21) Para la psudomoral
liberal, la conciencia es la instancia que nos exime de la verdad. Se
trasforma en la justificación de la subjetividad. (p. 33) La idea de la
verdad ha sido eliminada en la práctica y substituida por la del progreso.
El progreso mismo «es» la verdad. Sin embargo, en esta aparente exaltación
se queda sin dirección y se desvanece. Efectivamente si no hay ninguna
dirección todo podría ser lo mismo, progreso como regreso. (p.40).
Un Canto Nuevo para Señor:Hoy está claro que en la
liturgia se ventilan cuestiones tan importantes como nuestra comprensión
de Dios y del mundo, nuestra relación con Cristo, con la Iglesia y con
nosotros mismos: en el campo de la liturgia nos jugamos el destino de la
fe y de la Iglesia.
El tiempo, pues, se ha cumplido. Después de 25 horas y
cuatro escrutinios, habemus papam, –tenemos Papa, según el Corazón de
Cristo, servidor humilde y sencillo, alegre, que nos confirmará en la fe
con su doctrina sólida y su testimonio para vincularnos a Jesús y
participar del hogar trinitario, el hogar de la ternura y de la donación
en el Espíritu Santo. Nos habrá de señalar al Dios con nosotros, que no es
lejano, como se ha demostrado en estos más de dos mil años. Ayudará a la
humanidad y a la Iglesia a liberarse de la dictadura del relativismo. Su
fe es nuestra fe, pues sin fe no se puede vivir. Aceptamos su proyecto
para no temer, pues su vara y su cayado, que es el de Jesús el Buen
Pastor, nos dan seguridad aunque pasemos por la cañada oscura epocal.
Conoceremos su amor preferencial por los pobres, por los enfermos, por los
marginados, los excluidos y las víctimas de la discriminación y del
sufrimiento. Porque ama más que éstos, nos apacentará como grey de Jesús y
pueblo de Dios. Será heraldo del evangelio, cuyos pies de mensajero son
hermosos (Rom 10, 13-16). Será nuestro maestro en la fe. El Espíritu que
ha recibido no es de cobardía, sino de fuerza, amor y templanza. Más allá
de la condición de personaje, es el Buen Jesús en la tierra, como
hermosamente nombraba al Papa Santa Catalina de Siena, Doctora de la
Iglesia. Nos conducirá a la conversión, tantas veces aplazada, lejos de
los escenarios del capricho. Nos invitará a reposar nuestro corazón en el
de Cristo, para encontrar descanso en nuestras almas. En una palabra,
cumplirá, a través de su ministerio pontificio, la profecía de Ezequiel
(34, 16): Yo mismo en persona buscaré a las ovejas perdidas, recogeré las
descarriadas; vendaré a las heridas, curaré a las enfermas y las
apacentaré como es debido. Me amas, le dice Jesús el Buen Pastor,
entonces, apacienta, -si diligis, pasce-.
Algunos teólogos descarriados que se perfilan como sus
más encarnizados enemigos, los invitamos a deponer su soberbia y
racionalismo, y acojan la fe humilde que libera y da la verdadera paz; que
se dejen apacentar con buenos pastos, no los de la amargura rumiante y de
la superficialidad secularista a todas luces banal. Si fue electo Simón,
-Joseph Ratzinger, es porque ama más. Ese fue el criterio divino de Jesús
Resucitado de ayer para que hoy asuma el ministerio petrino como Benedicto
XVI. Si amas, apacienta.
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