5. Familia, cambios
y decisiones responsables
Enrique López Albores
Decidir ya sin la tradición a cuestas es al mismo
tiempo un peligro y una oportunidad, el peligro radica en que nos
extraviemos con mayor facilidad y perdamos el rumbo en el sentido de
nuestra existencia, la gran oportunidad consiste en aprovechar nuestra
mayoría de edad y la responsabilidad que implica el tomar decisiones
responsables escuchando la voz de nuestra conciencia.
Carmen y Antonio son una pareja de recién casados,
tienen solamente dos años viviendo juntos. Ella es abogada de formación,
su mayor ilusión ha sido siempre desempeñar un cargo público además de
litigar en su propio despacho. El es arquitecto, estudió, al igual que
ella, en una universidad prestigiada y con muchos esfuerzos se está
consolidando profesionalmente. Actualmente están esperando un bebé, se
encuentran en el octavo mes de embarazo y pronto serán tres.
Viven lejos de la familia de ella, pero en la misma
ciudad de la familia de él. Ella, hasta antes de su embarazo estaba
litigando en un despacho de la ciudad y estaba a punto de formar parte de
un equipo de trabajo con aspiraciones políticas, proyectos que, muy a su
pesar según sus propias palabras, pospuso debido a su embarazo. El está,
junto con otros socios, constituyendo un despacho de diseño y
arquitectura, además de que da clases en la universidad de donde egresó.
Esta pareja se encuentra en una situación singular nada
desconocida por muchos, ambos quieren seguir trabajando y también quieren
tener otro hijo además del que esperan, pero se plantean los siguientes
cuestionamientos: ¿Quién se hará cargo del bebé en camino y del próximo
que tienen programado? ¿Los inscribirán en una guardería? ¿Se los dejarán
a la abuela paterna? ¿Alguno de los dos se hará cargo de los bebés? ¿Por
cuánto tiempo? ¿Quién se hará cargo de los quehaceres del hogar ahora que
serán más? ¿quién llevará a los niños a la escuela cuando éstos crezcan?
¿Qué decisión es la mejor? etc., etc., etc.
Carmen y Antonio están convencidos de que la cercanía
con sus hijos es recomendable y también están convencidos de que quieren
desarrollarse y progresar profesionalmente. Son conscientes además de que,
al menos en nuestro contexto actual, cuatro años fuera del ejercicio
profesional pone “fuera de circulación” al profesionista en cuestión,
además de que son conscientes de las implicaciones económicas de cualquier
decisión que tomen.
Esta familia podría apellidarse Unadetantas que abundan
en nuestro tiempo que cuestionan a sí mismas o que acuden al consultorio
psicoterapéutico para escuchar la voz de su propia conciencia y tomar así
la mejor decisión. Esta es una de las típicas disyuntivas y dilemas ante
las que se para cualquier pareja de nuestro tiempo, parejas que buscan
desempeñarse y realizarse plenamente en los diferentes campos de su
existencia individual y familiar. Dilemas propios de nuestra época y
nuestro contexto histórico.
Años atrás las decisiones eran menos complejas, el
número de variables que debían tomarse en cuenta era menor, el papel del
hombre y de la mujer estaban más definidos por la tradición, por la
costumbre... por otros. Los roles sociales en general casi no se
cuestionaban, los cambios en los diferentes ámbitos de nuestra vida
tampoco eran tan acelerados y vertiginosos.
En ese mismo tenor, años atrás, los diez mandamientos
eran suficientes para conducirnos por la vida (Frankl, 1994). Actualmente,
atendemos diez mil situaciones diferentes cada día, ¿necesitamos acaso
diez mil mandamientos para decidir en cada una de ellas? ¿Necesitamos de
diez mil personas que nos conduzcan una a una a cada momento de nuestra
vida? ¿de dónde sacamos diez mil tradiciones y/o costumbres como
referentes para decidir a cada momento? y, en el caso concreto de una
familia ¿cómo han de decidir un padre y una madre que aman a sus hijos y
que quieren acompañarlos en su crecimiento personalmente y que al mismo
tiempo han de responder a los compromisos que adquieren cotidianamente
para asegurar la educación de sus vástagos o para cubrir los
requerimientos mínimos de desarrollo saludable de la familia toda o para
atender su deseos y aspiraciones de desarrollo profesional y personal?
Decidir ya sin la tradición a cuestas es al mismo
tiempo un peligro y una oportunidad, el peligro radica en que nos
extraviemos con mayor facilidad y perdamos el rumbo en el sentido de
nuestra existencia, la gran oportunidad consiste en aprovechar nuestra
mayoría de edad y la responsabilidad que implica el tomar decisiones
responsables escuchando la voz de nuestra conciencia.
Decidir en un mundo cada vez más complejo en donde las
variables aumentan día a día, en donde cada movimiento trae consigo un sin
fin de modalidades y consecuencia, implica ciertamente un desafío, un reto
a nuestra capacidad de responder y hacernos así cada vez más humanos por
conscientes que somos en nuestra relación con los demás.
La Dra. E. Lukas (Fabry, 2000) afirma que:
En una familia sana, cada miembro es consciente de su
función aun cuando ésta se modifique con el tiempo. La conciencia de las
propias funciones es especialmente crítica en épocas difíciles (desempleo,
enfermedad, un nuevo hijo, la ancianidad, la muerte) en las que pudieran
ser necesario que algunos de los integrantes asuman responsabilidades
adicionales o renuncien a ciertos beneficios.
Las decisiones que cada familia tome ya no son dictadas
por nadie, ya no por la tradición, ya no por mandatos externos, ya no por
un solo miembro de la familia, ya no por los abuelos, ya no por nadie que
no sean los mismo integrantes del sistema familiar teniendo en cuenta a
los mismo y los efectos que cada decisión, que cada movimiento trae
consigo hacia el interior de la familia y hacia el exterior de la misma.
La dirección es simple, solamente basta con escuchar la
voz de nuestra conciencia, esa voz que es personal y también familiar, la
voz de nuestra conciencia que se expresa en el diálogo con la pareja, con
los hijos... con nosotros mismos.
La voz de nuestra conciencia que se manifiesta en la
sensación de libertad y paz después de tomar la decisión indicada para
todos y cada uno de los implicados, o bien, la voz de nuestra conciencia
que se manifiesta en la sensación intranquilidad y molestia después de
haber decidido a favor solamente de nuestra comodidad y egoísmo.
¿Cómo escuchar la voz de nuestra conciencia? Esta es la
pregunta que nos queda de tarea para otra ocasión. Por el momento baste
atender a los cuatros párrafos anteriores para echar luz sobre esta
pregunta inquietante. Hasta la próxima.
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