2. El famoso mes de
enero
En enero llegan las cuentas y a pagar; todo lo que
alegremente se recibió en diciembre, se ha ido como agua de las manos. Con
los fríos de enero y nosotros con una mano atrás y otra adelante, es el
mes en que nos damos cuenta que era mejor celebrar únicamente
espiritualmente, como lo que es la Navidad, como lo que debería de ser.
Dice un dicho popular: "enero y febrero: desviejadero".
Cruelmente se refiere a que la experiencia indica que siendo los meses más
fríos del año, los ancianos suelen enfermarse fácilmente y ser víctimas de
serios achaques a menudo funestos.
Pero también, sobre todo enero, es un mes de cuesta
arriba, por ello se le dice la cuesta de enero, porque es como si fuera
uno cargando un pesado bulto en la espalda en una empinada escalera, hacia
arriba, díganlo si no, los empeños, ¡ah! el tan visitado Monte de Piedad,
que muchos conocen de "pe a pa"; el nombrecito le viene, yo creo que no lo
sabía usted, del Monte Calvario en Jerusalén, donde la Virgen recibió en
el regazo el cuerpo inerte de su Hijo, a lo que se le llama "La Piedad",
de ahí el Monte de Piedad, donde a veces no tienen idem de uno, pues las
alhajitas compradas en abonos nada fáciles, en esas ventanillas parecerían
haber perdido todo valor.
Ni modo, es la cuesta de enero que en realidad cuesta,
porque los comerciantes, siempre quejosos de que las ventas navideñas no
son como antes, se desquitan subiendo los precios con toda la impunidad
del mundo.
En enero llegan las cuentas y a pagar; todo lo que
alegremente se recibió en diciembre, se ha ido como agua de las manos. Con
los fríos de enero y nosotros con una mano atrás y otra adelante, es el
mes en que nos damos cuenta que era mejor celebrar únicamente
espiritualmente, como lo que es la Navidad, como lo que debería de ser,
recibir al niño en nuestro hogar, él vino al mundo sin cena, sin vestidos
emperifollados y alhajas, sin regalos costosos, pero en fin, creo que
siguiendo así, el próximo enero seguiremos diciendo lo mismo, y aún así en
diciembre otra vez andaremos a las prisas comprando regalos, tratando de
quedar bien, cuando lo único que hace falta es demostrarle, ya celebrado
el nacimiento de Cristo, que le adoramos, como los Reyes Magos, quienes le
reconocen como redentor.
Lo que me hace recordar, una canción del "Tío
Herminio", dice: "Nadie sabe aquí cómo llegaron, pero la historia lo
describe así: llegaron los Reyes Magos a divertirte a ti..."
Es cierta esa letra, nadie sabe bien cómo llegaron,
porque solamente el evangelio de San Mateo refiere: "Nacido, pues, Jesús
en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a
Jerusalén unos magos, diciendo: ¿dónde está el rey de los judíos que acaba
de nacer? Porque hemos visto su estrella al oriente y venimos a
adorarle... Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les
interrogó cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella;
y, enviándolos a Belén... Después de haber oído al rey, se fueron y la
estrella que habían visto en el oriente les precedía, hasta que vino a
pararse encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella
sintieron grandísimo gozo, y, llegando a la casa, vieron al Niño con
María, su madre, y de hinojos le adoraron, y, abriendo sus cofres, le
ofrecieron como dones oro, incienso y mirra".
Siempre hemos sabido que fueron tres los reyes magos,
pero ¿de dónde viene esto? Ninguna de las fuentes bíblicas o históricas
nos dicen que fueran tres, mucho menos sus nombres, sin embargo, en el
siglo III un teólogo y sabio de nombre Orígenes, aseveró que fueron tres,
puesto que tres habían sido las ofrendas, a saber: oro, incienso y mirra.
Tampoco la escritura menciona que fueran reyes, al
contrario, se utiliza la palabra "mogu" que significa astrólogo. El
problema es que para esos tiempos -siglo III- la astrología y su hermana
gemela, la magia, estaban prohibidas por la Iglesia, aunque todos la
practicaban, no obstante, había que salvar las apariencias, así que el
también teólogo Tertuliano, afirmó que la tradición había recogido la
noticia de que en realidad eran reyes y no tan magos, para quitar
cualquier duda sobre su carácter, y luego ante la reticencia de muchos, no
hubo más remedio que juntarles las dos ocupaciones: reyes magos y
enseguida buscarles nombre, los cuales fueron inscritos por alguno que de
esto sabía, en un mural del templo de San Apolinar en Rávena, donde
quedaron como Balthassar, Melchior y Gaspar.
Así que ya desde el siglo V, oficialmente se les
denominó los Santos Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar, aunque
entonces tenían características muy distintas a las que ahora conocemos.
Esta es la referencia que celebramos cada año, cuando
esos magos, que no reyes, se abrieron camino con sus conocimientos sobre
astrología, pues en esos tiempos se les decía magos, de la palabra persa "mogu",
a quienes manejaban con destreza las posiciones de las estrellas e
interpretaban sus mensajes. Las ofrendas indican que sabían que Jesús era
al mismo tiempo: Dios, hombre y rey.
Ahora la tradición nos hace recordar esa fecha con otro
tipo de consumismo, esas tiendas de juguetes que se ven abarrotadas por
papás que, o a última hora o el mismo día, corren a comprar los regalos;
no es que sea malo, no, pero debemos tomar en cuenta lo que significa
realmente y explicarlo así a los pequeños para que no se dejen guiar por
el sentido material, lo que me recuerda que para finalizar compartiré
amables lectores, lo que considero mi Carta a los Reyes Magos, para que
ustedes a su vez la compartan con quienes le hacen de Reyes Magos.
Queridos Santos Reyes, Melchor, Gaspar y Baltasar:
Ya sé que en estos momentos andan como canica en
bacinica, de un lado para otro, tratando de conseguir los juguetes y ropa
que los millones de chamacos, los chiquillos, la pipiolera, les demandan
por escrito, que es un contento ver cuántos obligan a sus papás a que les
compren sus globos y en ellos colocar los sobres con las cartas de
petición, para luego soltar esa esfera que se eleva hasta las celestes
moradas donde ahora viven ustedes, imagino que será mejor lugar que los
palacios que tenían en el Oriente.
Bueno, dije que reconocía la chamba que les espera
entre la noche del viernes y la madrugada del sábado, pero ni modo,
ustedes se metieron en este jelengue, por andar interpretando estrellas.
Mi solicitud es que busquen esos juguetes tan
increíbles que son los artesanales.
Lástima que a ustedes no les traían nada de pequeños,
pero sí se acuerdan cuando tenían el buen gusto de llegar con muñecas que
no sabían hacer nada, solamente ser muñecas, con trastecitos de barro, de
hojalata, de peltre y hasta de plástico, cómo no.
Cuando arribaban con soldaditos de plomo, de pasta o de
hule macizo; de pelotas, tambores, juegos como loterías, serpientes y
escaleras, el coyote, damas chinas, canicas, cochecitos de madera o de
hojalata, carriolas y otras muchas cosas.
Entonces, queridos Santos Reyes, no se metan a gastar
lo que no tienen en esas sonseras electrónicas que duran menos que la
alegría para un triste, allá ustedes si tiran el dinero a la basura, pues
con esos endemoniados monos japoneses, lo único que lograrán será atarugar
más a los motrocos, no la amuelen señores reyes, pongan un poco de memoria
en sus compras, de todos modos los chamacos lo agradecerán y disfrutarán.
Gracias
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