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4. De lo que rebosa el corazón habla la boca

Sergio Barrón S.

Cuando la vida parece dejar de tener sentido es precisamente el momento en que, contradictoriamente, está mostrándose el verdadero sentido de ella. Cuando todo parece estar confabulando contra uno mismo es porque lo verdaderamente favorable ya está victorioso por ahí... Estimado lector, te platico la siguiente historia...

Cuando la vida parece dejar de tener sentido es precisamente el momento en que, contradictoriamente, está mostrándose el verdadero sentido de ella. Cuando todo parece estar confabulando contra uno mismo es porque lo verdaderamente favorable ya está victorioso por ahí... lo negativo suele ensombrecerlo todo, suele pasar siempre a primer plano y crear en nosotros un sistemático modo de vivir. Parece que, de alguna manera, decidimos establecernos aquí, lo que vislumbramos en el horizonte no es otra cosa que algo negativo. Dejarse vencer por lo negativo es como creer que el fin del mundo se encuentra hasta donde la vista lo permite. Pero resulta que lo negativo tiene existencia porque lo positivo existe... vivir en la negatividad es como aquello de esperar sin esperanza.

¿Qué esperas de la vida? La esperanza es activa, no pasiva. La esperanza lo que menos significa es quedarse sentado, ¡No! Implica ponerse en camino...

En esta ocasión me permitiré dar una respuesta personal...

Estimado lector, te platico la siguiente historia...

Hace cerca de seis años una mujer y un hombre iniciaron juntos un camino que desconocían en su totalidad. Lo único que alcanzaban a vislumbrar en el horizonte era lo que su amor y anhelo les permitía, todo era posible. Un amor y anhelo tan grande como sus ganas de hacerse feliz el uno al otro. Desde el primer momento de intimidad decidieron compartir y transmitir su amor al ser que surgiera de sus entrañas... su deseo era enorme...

Se conocieron por azares del destino en un momento en que la vida de cada uno giraba en torno a mundos distintos. Cada cual tenía sus propios objetivos.

Ella era feliz con su familia, trabajo y amigos. Llenaba su día con un sin fin de ocupaciones y actividades. Enfocaba su vida hacia los demás. Un día eran los hermanos, otro la mamá, otro más los amigos y amigas... entre trabajo y servicio se le consumía la vida. Era feliz con todo lo que hacía. Los problemas eran para ella una oportunidad para ayudar, que hasta en varias ocasiones padecía más de lo debido. Así se encontraba antes de su encuentro.

Él era feliz pero no estaba totalmente satisfecho con lo que en ese momento hacía con su vida. Enfocaba su vida hacia los demás. Un día eran los hermanos en el espíritu, otro el anciano enfermo, otro la madre soltera, uno más el adolescente con problemas de adicción... entre los estudios y el servicio se le consumía la vida. Era feliz con todo lo que hacía. Los problemas eran la mejor oportunidad para crecer y para ofrecer ayuda. Con el servicio hacia los demás se experimentaba feliz pero en la vida interna con sus hermanos estaba presente la insatisfacción. Decidió darle un giro a su modo de vivir e inició el camino que lo llevaría al encuentro inesperado.

Después de encontrarse decidieron que sus vidas se convirtieran en una sola, que sus caminos fueran un camino, que sus proyectos fueran un proyecto, que sus deseos fueran uno solo, que a sus amores les diera sentido su Amor... que Dios les concediera la gracia de ser una sola carne y un solo corazón. Unidos iniciaron un largo caminar de cerca de seis años que les llevaría a reiniciar el camino, ya no como dos sino como tres o como cuatro...

Después del primer año vendrían las primeras interrogantes acerca del por qué no podían concebir un hijo. Las primeras visitas al médico. Las primeras respuestas: “lo que sucede es que ella tiene algunos problemillas de ‘quistes’ en los ovarios, nada de cuidado únicamente es necesario un tratamiento y listo”. Los primeros comentarios de la sabiduría familiar y popular: “así sucede, muchas parejas tienes hijos hasta el segundo o tercer año”; “lo que pasa es que su cuerpo está cambiando”; “puede ser que el cambio de ciudad no sea favorable para ella”; “dicen que a lo mejor su matriz no está preparada para ser madre”; “tal vez es porque no están queriendo de corazón aun ser papás”; “ya se dará, no se preocupen”; “a muchas parejas les ha pasado y llegan a tener su primer hijo hasta después de los siete años”...

Transcurre el final del segundo año y se inicia el tercero... y nada. Entonces vienen las constantes citas con el médico y los costosos, penosos y desgastantes exámenes clínicos. Palabras del médico: “Ahora inyectarse este medicamento antes de y después de”; “Que la posición adecuada es así”; “necesita una histerosalpin...”; “tómese estas pastillas durantes tales días y cancele antes de”; “Resuelto el asunto de los quistes necesitamos intentar otra cosa”; “No ha funcionado, ahora necesitamos unos meses de desintoxicación”... Él necesita una espermato... quien sabe que. Necesita tomar vitaminas.

Continúa el cuarto año... y nada. Se buscan otras opciones. Ahora que la famosa doña “Cletus”. Otra vez la sabiduría popular. “Vayan con ella, es buenísima. Ella sobó a una señora que no podía tener hijos y al mes ya estaba embarazada”; “Necesita que le acomoden la matriz porque la trae fuera de lugar”; “que tome yerbas para que le regulen su periodo”; “es mejor que tenga reposo”; “que se cuide de no comer cosas ácidas, que evite el limón”. No faltaba el comentario de que la culpa la tenían las mascotas. Entre sobadas y miles de menjurjes transcurría este cuarto año... y nada.

Fue entonces cuando a mediados del cuarto año decidieron internar otra cosa. Decidieron ser papás, no de entrañas sino de corazón. Iniciaron formalmente un proceso de adopción. La primera dificultad, tocar el tema de ser padres adoptivos. Hablar de adopción significada renunciar al anhelo tan deseado de ser papás de un peque surgido de la intimidad. Significaba asumir y vivir el luto de la pérdida de una maternidad y paternidad de sangre... llegar a esta decisión y aceptarla fue enormemente difícil... pero así se asumió. Iniciaría la cadena de citas, las cuales arrojarían como resultado el veredicto de nuestra capacidad o incapacidad para ser padres adoptivos. Etapa especialmente difícil y desgastante. Difícil por el tiempo que se necesitaba invertir en las entrevistas y porque únicamente era sacar y decir pero nada de confrontar. Desgastante por hablar de temas muy íntimos y saber que todo lo hacían únicamente por el grandioso hecho de ser considerados aptos para ser padres adoptivos... desgastante por el hecho de alargar un tiempo que podría haber sido más corto. Al final, y sin mayores emociones, se les notifica que han sido aceptados y cualificados para ser padres adoptivos, que después de casi 1 año se les reconoce su capacidad para recibir en casa a un pequeño(a). Lo siguiente era seguir esperando. Ahora ya estaban en la lista de padres aptos, correspondía esperar la debida asignación, para después entrar en la etapa de la convivencia y al final la entrega legal del pequeño(a). Mientras tanto esperar... y el pequeño también seguir esperando.

Hasta este momento... el inicio de la vida como una sola, el primer año, el segundo y tercero, el inicio y final del cuarto y cerca de los seis años... todo tendría una característica esencial y principal: una espera confiada. Entre todas las alegrías, miedos, frustraciones, molestias, enojos, lágrimas... jamás dejaron de ponerse en las manos de su querido Dios y bajo el cobijo de la Virgen María.

Su espera se vería recompensada ¡¡y de qué manera!! ¡¡Y en qué momento!! Transcurría la semana última del mes de noviembre y la primera de diciembre. Ella tiene un retraso de casi dos meses, situación que para ellos no era la primera, pues ya varias ocasiones habían estado así y nada sucedía. Tenían planes de salir el siguiente fin de semana -plan que unos meses atrás habían organizado-. De hecho aprovecharían para acudir con una “famosa” señora que hacía milagros en relación a las parejas que no podían concebir. Tres días antes del viaje ella -de común acuerdo con su marido- compró, una vez más, la prueba de embarazo y se la aplicó por la tarde, antes de que llegase su marido del trabajo. ¡Qué grandioso es Dios y que inmensurables sus caminos! La pinche pruebita salió positiva... ella no lo podía creer, pero inmediatamente agradeció a Dios. Cuántas veces anteriormente había sido dolorosamente negativa, y dolorosamente esperado que fuera positiva... y nada. Ahora era positiva ¿qué onda?... esperó emocionada a que llegase su marido para darle la buena noticia. Él en su trabajo ya se encontraba ansioso por saber la respuesta, su corazón se sentía intranquilo pero con una extraña paz. El camino del trabajo a casa fue especialmente más largo de lo normal... por fin llegó a casa, dejó en la mesa lo que traía, abrazó a su esposa y preguntó: ¿qué resultado te dio la prueba?, ella hizo una pausa, le abrazó con más fuerza... él entendió claramente y los dos ùfundidos en un abrazo- siendo uno solo como siempre habían querido, lloraron con la alegría más grande que pueda existir en este mundo... al fin serían papás... empezaba a crecer en la pancita de ella y en el corazón de ambos el peque tan esperado y anhelado... este pequeño(a) llega como bendición a sus vidas en el inicio del Año Eucarístico y en el Tiempo de Adviento. La Eucaristía como agradecimiento y el Adviento como confirmación de una esperanza confiada.

La esperanza es esperanza cuando se confía en que llegará lo esperado... cuando se camina. La esperanza es algo que mueve, nunca algo que detiene. De nada vale esperar si no se tiene fe, de nada vale la fe si no se tiene Amor... el Amor todo lo puede. Nada más revivan la historia anterior y verán.

Hoy día ese peque tiene cerca de 10 semanas... su papás le esperan ansiosamente. Cada día es ahora una nueva esperanza.

 
 

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