1. New Olentzero:
Cuento navideño
Mikel Agirregabiria Agirre
Nuestros
hijos siempre supieron la triple historia de los Reyes Magos, Papá Noel y
Olentzero.
En el País Vasco conviven tres tradiciones con
personajes navideños que dan regalos a los niños. El protagonismo de cada
leyenda es variable según la familia, pero toda la infancia vasca sabe que
“existieron” y cuáles fueron sus orígenes. Cuando nuestros hijos fueron
pequeños, y de esto hace ya unos lustros, aprendieron que la nochebuena
del 24 de diciembre celebrábamos el Olentzero, la nochevieja del 31 de
diciembre Santa Claus, y los Reyes Magos la mañana del día 6 de enero. Si
deseaban un regalo en cada ocasión, debían escribirles en sus “idiomas
propios”, respectivamente en euskera, inglés y castellano.
Olentzero,
la figura menos conocida fuera de Euskadi, es un personaje precristiano de
la mitología vasca
como Basajaun,
las sorginas
o brujas, las lamias
o hadas, los mairus,
los iratxos,
Gaueko,
Tartalo,
los galtzagorris, Herensuge
o el dragón primigenio, los
jentiles,... Es un particular Santa Claus en forma
de ingenioso y bonachón carbonero, de los que hacían carbón de madera en
el bosque durante todo el año, con una descomunal afición gastronómica.
Vestido con una boina y un saco, el grueso Olentzero fuma en pipa y canta
su canción predilecta (Horra,
horra, gure Olentzero). Habiéndose enterado del
nacimiento de Jesucristo, bajó desde el monte al pueblo cargado de regalos
para comunicar la buena noticia. En realidad, Olentzero es una
reminiscencia de la celebración del solsticio de invierno, que la Iglesia
Católica renombró como fiesta de la Natividad.
Los más pequeños tratan de conjugar los tres relatos,
antes de descubrir cómo sus padres ayudan a estos seres mágicos para que
puedan distribuir tantos regalos en una sola noche. Quizá por eso han
instituido los tres días de reparto. He aquí una versión reciente, del
siglo XXI, para resaltar nuevas claves contemporáneas de la triple fábula
festiva de inicio del año.
“Acabadas las fiestas navideñas, a la salida del pueblo
coincidieron las tres comitivas. La más lujosa, la de los Reyes Magos,
patrocinada por los grandes almacenes que traía camellos y pajes. Santa
Claus disponía de un trineo tirado por renos, con menos apoyos
comerciales. Olentzero, acompañado en su carro de bueyes por algunos
“laguntzaile” (ayudantes), también parecía cansado de trabajar, pero feliz
por haber repartido todos los regalos.
Melchor comentó que este año los niños se habían
portado bien y estudiado bastante, aunque aún podían mejorar. Santa dijo
que los manjares que le habían puesto en las casas estaban deliciosos.
Olentzero señaló que prefería que no le pusieran tanto licor para beber
junto al árbol, porque prefería refrescos sin alcohol para trabajar y
conducir.
Los Reyes Magos, ya de edad avanzada, explicaron que
sería deseable que las familias se fuesen antes a la cama para aumentar
las horas de reparto, y que si los niños se quedaban hasta tan tarde
viendo la televisión, algunos se encontrarían sin regalos. Papá Noel, que
se había puesto a dieta y se lo recomendó a Olentzero, indicó que gracias
a Internet recibía más cartas y mejoraba la preparación de los regalos.
Gaspar estaba contento porque cada año le pedían más libros para leer,… y
en varias lenguas, apuntaron al unísono Olentzero y Santa Claus.
Baltasar recordó lo bien que se llevaban todos ellos
entre sí, a pesar de ser blancos, negros o árabes, y de venir de las
montañas vascas, de Oriente o del Polo Norte. Por último, todos decretaron
que -para recordar la fiesta del Niño Jesús- sería necesario que los niños
ricos compartiesen sus juguetes con los más pobres de su ciudad o de
países lejanos. Una de las ayudantes, que oía la conversación, pensó que
también debería haber personajes femeninos en el reparto de regalos, pero
que la Historia se escribe muy despacio”.
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