7. A la caza del
electorado católico
Fernando José Vaquero Oroquieta
Se viene observando, a lo largo de las últimas semanas
y procedente desde partidos políticos españoles de muy diversa ideología,
historia y calado, un movimiento táctico análogo: una invocación expresa a
los electores católicos.
Un sector social objeto del deseo (político).
A lo largo de los últimos meses, un
concreto sector social, generalmente olvidado cuando no despreciado, se ha
convertido en objeto del deseo de veteranas y nuevas formaciones
políticas: el de los ciudadanos que se consideran, ante todo, católicos.
Este renovado interés, por los electores de convicciones católicas, ha
sido espoleado, en buena medida, por la batería de propuestas legales
desplegada por el gobierno del PSOE acorde a su voluntad de transformación
revolucionaria de la sociedad española. De esta forma, si ya se venían
detectando matizados y muy concretos indicios de cierto malestar entre
sectores de católicos próximos al Partido Popular
desde años atrás, han surgido nuevas formaciones políticas que pretenden,
en cierta medida, convertirse en la voz de este sector social
supuestamente desencantado. Otras veteranas fuerzas políticas muy
dispares, por su parte, también han intentado presentarse como la
respuesta a este creciente estado de ánimo. Veamos esas concretas tomas de
posición, siguiendo el orden alfabético de sus denominaciones.
Movimientos concretos.
Alternativa Española, cuya
presentación pública se venía gestando tiempo atrás, realizó su puesta de
largo en un brillante acto multitudinario celebrado en Madrid el pasado 13
de noviembre. Asume, sin complejos, la inspiración cristiana de su
programa político; invocando expresamente a determinados sectores
católicos a los que concibe como destinatarios naturales de sus
propuestas, particularmente desde la progresiva constatación -conforme su
análisis- del abandono del Partido Popular
a su base de identidad cristiana. Pretende convertirse, a medio plazo, en
un partido conservador aglutinante de los electores desenganchados por la
derecha del Partido Popular
y de otros actualmente abstencionistas.
Está abierto a conversaciones con otras formaciones políticas y entidades
sociales, siempre que exista una coincidencia ideológica en lo
fundamental; rechazando el racismo y otras actitudes contradictorias con
los fundamentos del cristianismo.
Desde Convergència i Unió,
algunos cualificados militantes de la coalición vienen realizando una
labor de impulso de determinadas realidades vivas del catolicismo social
español. Es el caso de Josep Miró i Ardèvol con la plataforma transversal
e-Cristians. También se han
efectuado algunas interesantes declaraciones de otros líderes de la
coalición, caso del democristiano Josep A. Duran i Lleida, con
invocaciones a la defensa de ciertos principios sociales católicos.
La Comunión Tradicionalista
Carlista, mediante un comunicado
hecho público el pasado 12 de octubre, se ha reiterado en su neta
identidad católica, la fidelidad a la Doctrina Social de la Iglesia, y su
voluntad de diálogo con la jerarquía. También ha realizado en el mismo,
entre otras, una interesante reflexión, advirtiendo así sobre “las
limitaciones del activismo inspirado por apremios puramente defensivos. Se
abordan los problemas por las ramas cuando la raíz, el naturalismo
político o el liberalismo, no pueden arrancarse”. Un razonamiento que no
puede, en cualquier caso, obviarse.
Familia
y Vida celebró recientemente un vivo
congreso nacional. Su nueva dirección ha intentado cerrar la crisis
abierta al no haber alcanzado sus expectativas electorales y por la
existencia de un sector que pedía marcar su identidad en una línea que, de
alguna manera, pudiera definirse como confesional.
Calificándose como un partido de valores,
ha reafirmado su identidad laica y su autonomía en busca de su propio
espacio social y político. No persigue a priori
la convergencia con otras fuerzas políticas, pero tampoco rechazan
dialogar con las mismas. También encontramos a muchos católicos entre sus
dirigentes y militantes.
FE/La
Falange ha realizado diversas
aproximaciones al catolicismo en su reciente publicación FE
digital, número 8. Entre otros textos
relacionados con la temática, Marta G-Serranillos Cuesta y Manuel Brants
Reyes, realizan reflexiones coincidentes en la compatibilidad del
catolicismo con la cosmovisión y el programa falangistas. Profundizando en
esa línea, una de sus delegaciones, las juventudes en Lugo, han
desarrollado una explícita campaña bajo el eslogan “católicos sin
complejos”. No obstante, su futuro pasa, según sus líderes y propuestas,
por una coalición con otros grupos, lo que no parece estar claramente
definido después del fracaso de la ya fenecida estrategia de
Frente Español, en la que
participaron, en su momento, con entusiasmo, y que pretendía ser el germen
de una nueva formación a la derecha de los populares.
El transnacional Movimiento
Político por la Unidad, cuya figura
más conocida es la parlamentaria italiana Lucía Fronza Crepaz, y a
impulsos del Movimiento de los Focolares,
también se ha hecho presente en España
mediante un acto público celebrado el pasado 29 de noviembre en la Oficina
del Parlamento Europeo en Madrid. Evidentemente, España no puede
sustraerse de las corrientes vivas que circulan por Europa, más cuando la
progresiva configuración del espacio político europeo requiere la
articulación de las diversas fuerzas políticas nacionales en el seno de
grandes familias y partidos políticos continentales.
El Partido Demócrata Español
(PADE) también ha dedicado algún guiño a los electores católicos,
explorando así una posibilidad de crecimiento por medio de ese sector
social. Así, en una reciente entrevista realizada a su presidente Juan
Ramón Calero, difundida en www.minutodigital.com, definía a su partido
como “una derecha social, demócrata y cristiana”. En la misma insistía en
la carga social de su programa, inspirada en el humanismo cristiano. Este
veterano y pequeño partido sigue confiando, en cualquier caso, en ganar
cierta incidencia pública a partir del desgaste del Partido
Popular.
El Partido Popular,
apoyado generalmente por una notable masa católica, y que cuenta además
con notables dirigentes de las mismas creencias en su seno, también ha
realizado algunos discretos gestos dirigidos a sus votantes católicos. Es
el caso de las recientes declaraciones realizadas en COPE por su
presidente Mariano Rajoy, aunque con sumo tiento para no ser confundido
como el partido de la jerarquía católica. Pretende así, por una parte, no
proporcionar argumentos gratuitos a sus adversarios políticos, y por otra,
evitar espantar a los sectores urbanos progresistas
que trata de mantener o incorporar. Anteriormente, tal vez a modo de
“globo sonda”, y de cara a su último congreso nacional, se llegó a
plantear la posibilidad de retirar la expresa referencia al humanismo
cristiano como una de sus directas fuentes de inspiración. Finalmente, la
propuesta no prosperó, aunque, tal vez, lo fuera únicamente de momento. No
obstante, el desencuentro con algunos sectores católicos empieza a generar
serias señales de advertencia. Así, se ha constituido desde la asociación
transversal HazteOír.org
(entidad sensible a algunos planteamientos sociales del Partido
Popular), una plataforma por el voto
negativo a la propuesta de constitución europea que se votará el próximo
20 de febrero. Mientras tanto, los populares desplegarán una campaña en
solitario por el sí, habiendo realizado, algunos de sus dirigentes de
identidad católica, declaraciones favorables a la propuesta con un
entusiasmo que sonrojaría a Giscard d’Estaing y que contrastan con la
frialdad, cuando no la clara negativa, manifestada por un sector
significativo de su electorado ante la convocatoria. Sin duda, esta
cuestión generará más de una fractura entre los católicos españoles.
Partido
Social Europeo. Este partido virtual,
del que apenas se conoce poco más que la identidad de su promotor y su web,
se ha posicionado en contra del tratado constitucional europeo. Ha
elaborado, para ello, uno de los pocos documentos existentes en España, de
cierta extensión y consistencia, en el que motiva su postura contraria. En
otro de sus documentos, el titulado “Quiénes somos”, se declara coherente
con el humanismo cristiano y no confesional. Tampoco se arroga la
exclusiva representación de los católicos.
Partido
Socialista Obrero Español. Además de
algunas manifestaciones del único católico practicante, que así se
declara, que forma parte del gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, el
ministro de Defensa José Bono, el principal gesto de distensión dirigido
hacia algunos sectores católicos afines, lo ha realizado este partido a
través de la conmemoración del X aniversario del colectivo
Cristianos socialistas vascos,
impulsor del grupo de trabajo Cristianos socialistas del PSOE.
En sus conclusiones, hechas públicas al término de ese encuentro, los días
27 y 28 de noviembre, encontramos interesantes propuestas y aseveraciones.
Así, apuestan por un “laicismo incluyente del hecho religioso”, en línea
con el alemán o italiano, rechazando el jacobino
seguido por su actual dirección;
reafirman la afinidad entre socialismo y cristianismo; piden un “diálogo
institucional sereno entre el gobierno y la Iglesia católica”; reivindican
un espacio y “protagonismo para la sociedad civil cristiana, sus
instituciones e investigaciones”. En definitiva, y como en otras
ocasiones, Carlos García de Andoín y sus compañeros plantean unos
elaborados y sugerentes puntos de vista que merecen ser tenidos en cuenta;
pero no sólo por la propia Iglesia sino, sobre todo, por parte de un PSOE
que, de momento, se manifiesta poco proclive a debatir el espacio y los
límites del laicismo fuera de sus caducos y sectarios esquemas
decimonónicos. De momento, iniciativas como la de Cristianos en
el PSOE servirán más para retener en
el seno del partido a algunos sectores de cristianos “progresistas”
perplejos ante el rumbo del mismo, que para modificar la línea general del
mismo hacia la Iglesia y sus expresiones públicas.
Solidaridad y Autogestión Internacionalista.
Esta nueva formación, nacida a impulsos de Julián Gómez del Castillo y los
militantes del activista Movimiento Cultural Cristiano
(MCC), se declara socialista de
izquierdas y de inspiración cristiana. Defiende sin ambigüedades la vida
humana en toda situación y condición, apuesta por dar a los empobrecidos
el protagonismo que les corresponde, y denuncia a todos los partidos del
sistema capitalista por
considerarlos expresiones teledirigidas del mismo. Está desplegando, de la
mano del MCC y otros colectivos de su órbita, una permanente campaña de
difusión de algunas de sus propuestas, desconociéndose, no obstante, su
táctica a medio plazo.
Algunas reflexiones.
El catolicismo social, al menos buena
parte de sus expresiones más activas y vivas, se encuentra en ebullición.
Ello es incuestionable. La labor de gobierno del PSOE, que está
desplegando una activa labor política laicista de marcado acento jacobino,
ha acelerado este movimiento, ya desatado inicialmente ante el progresivo
despegue del Partido Popular,
en su anterior labor de gobierno, de las convicciones de su electorado
católico.
El malestar ya venía de lejos, pero la ofensiva
laicista del PSOE ha galvanizado los ánimos y acelerado algunas tomas de
decisiones, según veíamos.
Las circunstancias hasta ahora
mencionadas constatan, al menos, cierta revitalización del catolicismo
social como una corriente colectiva que se está configurando en una
realidad pública, todavía no del todo definida; tratándose de una de las
escasas identidades colectivas, vivas y provistas de una base popular,
existentes en España. Prueba de ello es la capacidad de convocatoria e
iniciativa de algunas entidades de este entorno, caso del Foro
Español de la Familia (liderado por
José Gabaldón) y el Pacto de los Derechos y Libertades
(impulsado por Josep Miró i Ardèvol), que bien pudieran articular, con
trascendencia política, a esta corriente del catolicismo social, que
empieza a movilizarse y a tomar conciencia de su potencial.
Este renovado interés, tanto desde los
políticos que perciben la existencia de un espacio político a ganar, como
de este sector hacia la pura política, coincide con otras nuevas
expresiones sociales del catolicismo español: los recientes éxitos en
audiencia radiofónica de COPE, la consolidación de Popular TV, la
aparición del semanario ALBA, la sucesión de grandes congresos nacionales
de laicos (Foro de la Familia, Congreso del Apostolado Seglar,
Católicos y Vida Pública, el
II Congreso Internacional de la Familia. "Educación y Familia"
celebrado en la UCAM…), la aparición de
nuevos medios informativos (por ejemplo, www.analisisdigital.com), la
realización de diversas manifestaciones convocadas por Médicos
por la Vida y otras, etc.
La jerarquía católica, pese al crecido ambiente
anticlerical, se está manifestando con claridad, pero con suma delicadeza,
desentendiéndose, eso sí, de los concretos movimientos políticos
suscitados que venimos mencionando.
Hagamos una breve referencia al llamado
“efecto Rocco Buttiglione”. En el Congreso Católicos y Vida
Pública, celebrado en Madrid los días
20 y 21 de noviembre, la gran estrella del mismo fue, sin duda, el
italiano Rocco Buttiglione. Después de exponer su perspectiva de la
polémica recientemente acaecida con motivo de su reprobación, se mostró
partidario del sí a la constitución europea, para desconcierto de muchos
asistentes a su conferencia. Se pudo observar en dicho congreso otra
circunstancia: el divorcio entre ponentes y conferenciantes con la
generalidad del público; los primeros, generalmente, partidarios del voto
afirmativo en el referéndum del próximo 20 de febrero, y los segundos, por
el contrario, de un decidido no. Un dato que tendrán que considerar y
modular pastores y políticos católicos y que apunta hacia una fractura
interna de este emergente sector social.
Por otra parte, puede percibirse
claramente que el creciente malestar desatado por algunas de las
iniciativas del PSOE ha impulsado a numerosos católicos a cerrar filas con
el Partido Popular. Otros,
según veíamos, se están planteando, o ya lo han acordado, cortar amarras
con esa formación, por considerar que ha ignorado sucesiva y
progresivamente al ideario básico de un sector particularmente
comprometido de su electorado católico.
Esta creciente voluntad colectiva,
progresivamente definida y articulada, de “hacer política”, puede buscar
un espacio propio y novedoso, marcado por unos valores “fuertes”
(recordemos el intento de Familia y Vida
que afirma situarse por encima de derechas e izquierdas), o situarse en
los límites de la derecha conservadora, a semejanza en alguna manera con
lo que viene sucediendo en algunos países europeos. En tal supuesto,
debemos recordar que la aritmética electoral española penaliza a los
pequeños partidos, dificultando en extremo que puedan obtener alguna
representación; lo que redunda en un engrosamiento artificial de los
grandes partidos que no corresponde al natural pluralismo político
español. Pero no puede ignorarse esa realidad en cualquier caso: España no
es Francia (donde existe una poderosa derecha nacional fuera del sistema,
y por lo tanto, sin peso político real), ni es Italia (donde su
legislación sí permite la existencia de diversas fuerzas conservadoras
coaligadas y con responsabilidades de gobierno en todas las
administraciones públicas).
Otra novedosa modalidad de actuación política es la
desarrollada por las incipientes plataformas transversales, que no se
identifican particularmente con ninguno de los partidos existentes, pero
que precisan articularse con los mismos para obtener resultados concretos;
no siendo indiferente para su táctica la configuración del mapa político
de una u otra manera.
Y no podemos olvidar, en este breve repaso, las
expectativas de muchos cristianos que sinceramente se consideran de
izquierdas y que tampoco se sienten plenamente representados por las
políticas del PSOE.
Noviembre, sin duda, ha sido un mes apasionante. En
definitiva, el movimiento que hemos dibujado en algunas de sus líneas más
llamativas, se concreta en un conjunto de piezas de puzzle que no pueden
encajar en una única imagen. Pero la viveza de sus expresiones, y las
evidentes repercusiones que pudieran desatarse de prosperar unas u otras
tácticas, indican que no se puede seguir ignorando a los católicos. Y, en
cualquier caso, la delicadeza de la gestión de este evidente capital
político y social acrecienta, con seguridad, la responsabilidad de quienes
lideran los movimientos que, en uno u otro sentido, ya se están adoptando
y que hemos intentado describir sumariamente.
Arbil, anotaciones de pensamiento y crítica, Nº 88,
diciembre de 2004.
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