4. La unidad en la
Iglesia
Francisco Baena Calvo
La gran pregunta que muchos creyentes católicos se
hacen hoy es ¿cómo vivir unidos en un mismo espíritu, subrayando la
posibilidad de diversidad de opiniones?
La Iglesia como pueblo de Dios está llamada a vivir la
unidad. Desde siempre la tensión entre vivir la comunión y comprender la
diversidad ha sido un reto de primera magnitud en la historia de la
Iglesia, que ha llevado en ocasiones a rupturas significativas.
San Pablo exhortaba a la comunidad de Corinto con estas
palabras: "Os ruego, hermanos en el nombre de Cristo Jesús, nuestro Señor,
que os pongáis de acuerdo y que no haya divisiones entre vosotros. Vivid
unidos en el mismo pensar y sentir" (1 Cor 1,10). Y, precisamente, estas
palabras resuenan con fuerza en este nuevo milenio.
La crucifixión de Cristo alcanza a todos los hombres y
el símil del cuerpo humano sirve a San Pablo para subrayar la unidad del
Cuerpo de Cristo, la Iglesia: "del mismo modo que el cuerpo es uno y tiene
muchos miembros, y todos ellos, aún siendo muchos, forman un solo cuerpo,
así también Cristo... Vosotros sois el Cuerpo de Cristo y cada uno en
particular es parte de él" (1 Cor 12,12.27).
Los cristianos debemos vivir unidos, aunque la unión no
quiere decir uniformidad. La unión tiene que ser de corazones y de
espíritu. Deben aunarse el amor a Dios, el Dios manifestado en Jesucristo,
y el amor a los hermanos.
La gran pregunta que muchos creyentes católicos se
hacen hoy es ¿cómo vivir unidos en un mismo espíritu, subrayando la
posibilidad de diversidad de opiniones?, ¿cómo ser uno en Cristo Jesús
crucificado cuando tantas opiniones nos separan y tantas cosmovisiones se
cruzan entre nosotros como un muro "insalvable"?
En esta época de división y confusión de grupos
dispares dentro y fuera de la Iglesia que aspiran a tener la última
respuesta, de una realidad eclesial de división entre Iglesias cristianas
y grupos enfrentados ideológicamente, la llamada a la unidad constituye
una exigencia de primera magnitud y un reclamo para la Iglesia de este
tiempo.
Bueno sería escribir en las paredes de nuestra casa la
norma de San Agustín de Hipona, en el siglo IV, señalaba a la Iglesia: “en
lo necesario, unidad; en lo opinable, libertad; en todo, caridad”.
|