5. La geografía de
la muerte
Guillermo Juan Morado
Un día, ojalá fuese pronto, se instalarán placas
conmemorativas a la puerta de esos campos y los visitantes podrán leer,
con estremecimiento, frases como ésta: "Aquí mataron a miles de niños".
Hay una España siniestra, oscura, manchada de sangre.
La geografía de la muerte se extiende por ciudades, provincias y
comunidades autónomas. Aquí y allá, a nuestro lado, cerca de nuestros
hogares, pululan, como hongos letales, los campos de exterminio.
Son ciento veintiocho. En la Polonia ocupada, la muerte
se llamaba Treblinka y Chelmno, Belzec y Majdanek, Sobibor y Auschwitz. En
la España liberada la toponimia de la muerte es coextensiva con la de
nuestras ciudades: Barcelona, Valencia, Madrid, Oviedo, Málaga...
Pero cada campo tiene su nombre. Nombres cargados de
ironía y de cinismo. Es la perversión del lenguaje, la tergiversación
absoluta, el engaño hecho palabras: "Clínica Ginecológica", "Centro
Médico", "Centro Sanitario", "Hospital Clínico" y, apurando al máximo el
sarcasmo, "Hospital Materno Infantil".
¿Por qué no interviene la Academia de la Lengua? ¿Por
qué no protesta ante el abuso del vocabulario? ¿Desde cuándo una clínica
es para matar? ¿Desde cuándo a un verdugo se le llama "médico"? ¿Desde
cuándo un acto sanitario es matar a un inocente? Llenar de mentira las
palabras es emponzoñar el mundo; pactar con la injusticia.
En esta lista macabra aparece blasfemamente mencionado
el nombre de la Virgen: La Inmaculada, Nuestra Señora de Covadonga,
Nuestra Señora de la Candelaria, Nuestra Señora de Aránzazu... A la
ignominia de la muerte se une la blasfemia contra María.
Mejor sería denominar a estos lugares de otro modo: "Abortorio
Mengele", "Matadero Infantil Stalin", "Centro de Ejecuciones Pol Pott".
Por desgracia no faltan, en la historia reciente, abundantes merecedores
de tan abyecto patronazgo.
Un día, ojalá fuese pronto, se instalarán placas
conmemorativas a la puerta de esos campos y los visitantes podrán leer,
con estremecimiento, frases como ésta: "Aquí mataron a miles de niños".
La geografía de la muerte es la del egoísmo. La de la
indiferencia. La del asco.
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