2. El Papa y un
“experto” en religión de los noticieros
Walter Turnbull
Comentario al periodista Carlos Loret de Mola respecto
a su “experto” en religión sobre la actual situación del Papa
Señor Loret:
Espero haber oído mal,
pero esta mañana, en su programa de noticias, me pareció escuchar un
“experto en religión” insinuar —palabra más, palabra menos— que Juan Pablo
II no está realmente en el hospital por motivos de salud, sino que se está
escondiendo para no dar la cara al problema de los “padres pederastas” en
Estados Unidos, y que ha dado un gran revez a la Legión de Cristo por no
sé qué razones de las que no puedo acordarme.
Esto, señor Loret, es una
acusación grave. Prácticamente está llamando al Papa mentiroso y cobarde.
A Juan Pablo II se le ha acusado de conservador, de tradicionalista, de
retrógrado, de anticuado, de testarudo, de machista, de manipulador...
bueno, hasta de instrumento de la CIA; pero nadie, ni amigo ni enemigo, lo
ha pescado jamás —a menos que su “experto” sea el único— en una mentira o
en un acto de cobardía. Los reto a usted y al “experto” a encontrar uno.
De hecho, si tiene tantos enemigos y tantos problemas (el Papa, no su
“experto”), al grado de haber peligrado su vida, es por su valor para
sostener la verdad. En cuanto a su estado de salud, lo notorio no es que
se hospitalice, sino que no se hospitalice más seguido. Y en cuanto a su
relación con la Legión de Cristo, he leído el mensaje les acaba de mandar
y le aseguro que está lleno de frases de afecto, de aprobación y de
estímulo.
El mensaje, pues (el del
“experto”, no el del Papa), me parece un caso típico de escándalo y de
difamación. Hay que saber distinguir entre una conjetura, una opinión y
una acusación sin pruebas.
Es curioso que nos
quejemos de la falsedad de nuestros políticos y de la incompetencia de
nuestros profesionistas, y caigamos en los mismos vicios.
Es lamentable que
periodistas talentosos y carismáticos —como usted comprende—, que tendrían
en sus manos la elevación intelectual y espiritual de la sociedad, tengan
que recurrir al sensacionalismo, a la especulación y al juego liberal para
mantenerse en el estrado. Es una lástima que no haya un noticiero que
merezca llamarse “Primero la Verdad”.
Es deseable que llegue el
día en que la sociedad madure y se vuelva crítica (no criticona), y sepa
distinguir la calidad y la autenticidad, y castigue socialmente a quienes
no las representen.
Como dije, espero haber
oído mal.
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