3. Príncipes de Persia
Mikel Agirregabiria Agirre
Una
reinventada versión del clásico juego despierta un entrañable recuerdo y
una reflexión.
En 1994 se distribuyó la
primera versión de “Prince
of Persia”,
que aún se puede descargar gratuitamente en
www.dosgamesarchive.com.
Inicialmente hubo una versión sobre
MS-DOS
(los más jóvenes que repasen la prehistoria informática) de este típico
“juego de plataforma”. Estos juegos de acción y aventura, con énfasis en
la exploración, se llamaron así porque lo común era saltar entre
plataformas o niveles distintos para sortear peligros y descubrir metas.
Fue un compacto programa
pionero en su época por los gráficos avanzados, distribuido en un
disquete
de 720 Kb cuando el CD-ROM no estaba generalizado. Era un juego adictivo
para los más pequeños, con el límite de una hora para rescatar a la
princesa. Trabajosamente y con mucha paciencia, en su tiempo de ocio
nuestros alumnos de siete años iban venciendo a todos los "sultanes" que
había y recogiendo ánforas, combinando la tecla Shift con las de
desplazamiento para caminar despacio y sin caerse. Todavía en equipos 486
y algún Pentium de los años finales del pasado siglo, los escolares
recordaban trucos para las fases difíciles (combinaciones como Shift T,
Shift W o Shift L).
Siempre recordaremos, mi esposa y yo mismo, a un niño
incondicional de este juego, aunque nuestra recomendación era variar entre
las innumerables posibilidades educativas y lúdicas de los programas
disponibles. Borja siempre elegía “Prince”, a pesar de que a su corta edad
ya manifestaba una inteligencia y sensibilidad inusual. Cada vez que su
“héroe príncipe” sucumbía y “moría”, Borja quedaba tan impresionado que
—en silencio— lloraba con grandes lagrimones durante unos minutos.
Esperamos que no pierda
nunca esa ingenua ternura infantil, en un mundo como el que vivimos donde
los estragos continentales del
tsunami
en el océano índico
apenas alteran nuestras cenas en familia, cuando merecerían que el planeta
entero llorase ante tal
desastre mundial
con 200.000 muertos y millones de damnificados. La vida no es exactamente
un sueño feliz ni un juego divertido, ni siquiera aquel acrobático
pasatiempo relativamente inocuo con luchas incomparablemente menos
agresivas que la mayoría de los videojuegos posteriores. Ante la
catástrofe asiática, todos deberíamos primero condolernos y después
ayudar,
por ejemplo a través de la
Cruz Roja.
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