7. El Código DaVinci
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Walter Turnbull
Las razones del éxito
¿A qué se debe el impresionante éxito del Código
DaVinci? Aparte de una depurada técnica de inculcación de ideas, Dan Brown
tiene la habilidad de captar y explotar los más preciados valores de esta
decadente sociedad moderna.
El
placer.- En una época marcada por la
confusión de ideas, el derrumbe de las grandes civilizaciones e
ideologías, el cuestionamiento de los valores tradicionales y la
incertidumbre ante el futuro, el hombre ve como único motivo de vivir la
obtención de placer inmediato y sin esfuerzo, sin propósito, sin
compromiso, sin meditar las consecuencias. En todas las épocas se ha
buscado el placer como fuente de felicidad, pero también se buscaban otras
fuentes. Ahora se busca solamente el placer. Y el placer que está al
alcance de cualquiera y que conjuga más elementos de satisfacción que
cualquier otro es el placer sexual.
Por algo se ha vuelto el verdadero dios de la sociedad moderna.
Como condición para alcanzar este
placer, y como consecuencia de la soberbia exaltada por el progreso
material, el hombre pide libertad total.
Desgraciadamente una libertad mal entendida. Diríamos que es el segundo
valor en la escala. Libertad absoluta. Ausencia de toda regla o autoridad.
Que nadie me limite, que nadie me impida hacer lo que quiero, que nadie me
diga lo que tengo que hacer, que nadie me diga lo que tengo que creer. De
aquí se deriva también la convicción de que la verdad no debe existir, que
cada quien puede tener la suya.
Otras fuentes muy socorridas de placer
son la novedad y el
escándalo. En un mundo gris y
rutinario no hay nada que guste tanto como lo nuevo y lo sorprendente, y
si es para desprestigiar a alguien, mejor.
Muy de la mano de estos valores aparece
el esoterismo: la posesión
de un conocimiento secreto sólo accesible a algunos iniciados, y que
además tiene la cualidad de explicar la vida de manera simple y casi
siempre adecuada a nuestro gusto. Además de una esperanza de dominio de la
realidad, da una deliciosa sensación de importancia.
Espiritualidad.- Tal vez debido a
dos siglos de materialismo o a que el hombre ha sido creado para lo
infinito... el caso es que a casi todos nos atrae lo sobrenatural, lo
trascendente, lo metafísico. El hombre rehuye y aborrece la religión, pero
en cambio busca algún sucedáneo, algo que aporte un sistema de valores y
un programa de vida, algo grande y hermoso que respetar y por lo cual
vivir... pero, claro, que en el fondo no requiera ningún compromiso serio.
Feminismo.- Es como una deliciosa
ensalada que incluye varios de los valores anteriores. Es una lucha por la
libertad, por la dignidad de los oprimidos; es una cruzada por la
justicia; es una rebelión contra los esquemas tradicionales; y, sobre
todo, es una lucha porque la mujer deje de ser mujer y se convierta en
hombre en busca de placer, o en un objeto de placer para el hombre.
Justificación.- Aunque todos
desprecien la moral, nadie quiere sentirse malo. Entonces se busca una
ideología, filosofía o religión que justifique nuestra conducta, que nos
dé la razón, que nos anime a cumplir nuestro gusto.
Este descubrimiento de cosas nuevas y sensacionales,
ese fascinante erotismo, ese conocimiento secreto y misterioso y esa
justificación que necesitamos para librarnos de reglas y de dogmas, para
buscar solamente nuestro placer y comodidad, para guiarnos solamente por
nuestros antojos y nuestras ideas, para, finalmente, desafanarnos de la
incómoda tutela de la molesta Iglesia Católica... todo eso lo encontramos
a manos llenas en El Código DaVinci.
Vendido como una novela histórica, como la revelación
de un secreto o como un trabajo de erudición, el Código DaVinci no es más
que una obra maestra de la mercadotecnia.
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