6. Ante el ojo del
alma; el alma de la juventud
Víctor Corcoba Herrero
Un informe reciente presentado por la Directora
General del Instituto de la Juventud (INJUVE), nos inyecta algo de
esperanza. Nuestros jóvenes, aparte de estar enganchados a las nuevas
tecnologías, también lo están a la vida.
Las cicatrices en el alma son más difíciles de curar.
Eso de vivir de rodillas, atados a vergonzosas servidumbres, mata toda
paciencia. Difícil arreglo tiene la crecida de torturas en el mundo si se
desprecia la vida y no se aprecia al hombre por lo que es, ni se
salvaguarda la unidad del género humano. Arduo perdón tiene el
menosprecio. La espiral de destrucción requiere, con urgencia, formación
humana e instrucción de respeto recíproco, antes que la bomba de odio nos
explote en la propia mano.
El mundo de las globalizaciones y de los muros está
ahí, el de las uniones interesadas y el de los amores imposibles, por eso
nos interesa recuperar razones que nos ilusionen y abandonar prejuicios
que nos motiven hacia el desacuerdo. El mal de nuestro tiempo es la
desigualdad entre los unos y los otros, la ensortijada superioridad en el
hocico de algunos que no pasan de cerdos y el apego a los palacios del que
quiere ser servidor. Pienso que debemos poner en el centro de todo
proyecto a la persona humana con su dignidad (omitida tantas veces) y
derechos fundamentales (incumplidos otras tantas), replantear la cuestión
del verdadero sentido humano, el del bien común.
Podremos ser capaces de construir el avión comercial
más grande del mundo en Europa, acortar las distancias entre territorios,
avanzar científicamente, pero si perdemos la confianza en la persona
humana somos como un barco a la deriva. De nada nos sirve si la paz mira
para otro lado y la concordia para el desprecio. Menos mal que un informe
reciente presentado por la Directora General del Instituto de la Juventud
(INJUVE), nos inyecta algo de esperanza. Nuestros jóvenes, aparte de estar
enganchados a las nuevas tecnologías, también lo están a la vida. Ya se
dice: vivir es nacer a cada instante.
Los jóvenes españoles no manifiestan grandes
preocupaciones vitales, salvo las propias de encontrar trabajo y poder
comprarse una vivienda, aunque su grado de optimismo y felicidad ante la
vida es alto. Zapatero no les falles. Está bien eso que la vida para ellos
sea esperanza permanente. Confiesan que las causas de su felicidad se
deben, fundamentalmente, a la armonía de sus relaciones interpersonales
con los amigos, la pareja y la familia. También nos dan otra lección a los
adultos. Se identifican fundamentalmente con su pueblo o ciudad, o sea con
sus raíces, poseen un sentimiento nacionalista dual y moderado, se
consideran en general tan españoles como de sus comunidades respectivas.
Ellos sí que saben. De mayor quiero ser como estos jóvenes: puro encanto.
Son el ojo del alma, en el arte de evitar tristezas, porque el alma de la
juventud, todo lo aviva, mientras vive. Que dure mucho.
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