3. Memorias de la
barbarie
Víctor Corcoba Herrero
El panorama en el mundo no puede ser más inquietante.
El presente y el futuro nos llaman a superar las actitudes que nos dividen
Se ha
instituido el veintisiete de enero día oficial en España de la Memoria del
Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad. Mantener
vivo el recuerdo de la crueldad que generan los actos de barbarie, aparte
de ser un acto de justicia histórica, debe servirnos a las generaciones
actuales y futuras como lección, además de unirnos en común reflexión para
que hechos tan crueles no se repitan. Por desgracia, hemos sido y somos
testigos del diluvio de guerras, violencias y odios que, con excesiva
frecuencia, nos empapan y sobrecogen el ánimo.
Mientras
el mundo se nos queda corto, presenciamos injusticias que son verdaderas
burlas a la paz. La discordia se sirve antes que la concordia y el ritual
del egoísmo es un lavarse las manos como Pilatos. Es necesario, pues,
redoblar los esfuerzos de vivir en sociedad, todos con todos, sin excluir
a nadie. Los planes educativos debieran considerar que la educación es a
la persona lo que el molde al barro, le da forma. También habría que darle
otras formas a determinados programas televisivos que tienen un potencial
enorme para promover la paz y crispan más que sosiegan. Hay que romper el
círculo fatal de la violencia, la venganza y las agresiones sin fin, tan
extendidas en nuestro tiempo. Y en esto, debemos estar todos a una y todos
en plan activo para activar el sosiego.
Se dice que cada guerra es una destrucción del espíritu
humano. El panorama en el mundo no puede ser más inquietante. El presente
y el futuro nos llaman a superar las actitudes que nos dividen y a dar
testimonio de que nos unen una misma historia, la de la vida; y, también,
un mismo destino y una misma esperanza, la de vivir. Ya se sabe, los
bribones y los necios son plantas de cualquier terreno. En estos últimos
años el valor de la existencia apenas vale un centavo. Cuando el ser
humano es más débil y debe ser protegido mejor, más desprotegido es. Ahí
están la epidemia de abortos que se practican a diario, o mujeres que han
de soportar el calvario de sus maridos, porque de ellos todavía son
dependientes económicamente. Hablo de España, por ejemplo.
La ley puede decir mucho, pero hacer poco. Podemos
tener las mejores leyes, los recordatorios más solemnes, pero si luego
donde dice que todos los seres humanos debieran nacer, como expresa la
Declaración Universal de los Derechos del Hombre, libres e iguales en
dignidad y derecho, no se cumple, para nada nos sirve tanto furor. Antes
aplacar y luego replicar, decía mi abuela. Ciertamente, donde no hay
compasión, no puede haber justicia. Y donde no hay razón, el fuego de la
ira quema los corazones. Cuando se pierde el alma, la barbarie gana, ¡nos
gana la batalla del amor! Qué pena.
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