5. El Código DaVinci
(10)
Walter Turnbull
La religión de Brown
La doctrina que predica Dan Brown (seguramente no es el
inventor pero es el que ha sabido ponerla toda junta en presentación
comercial), viene siendo una combinación de gnosticismo con una ideología
presentada como “culto a la diosa”.
El gnosticismo no es en sí una doctrina estructurada.
Es una tendencia a explicar el universo en base a “verdades secretas”,
ocultas para el común de los mortales, y en el principio de que el mundo
físico es engañoso y la humanidad sufre tribulaciones porque la gran
mayoría vive engañada (por las apariencias, por la Iglesia, por la ciencia
cartesianas, por el materialismo...). Busca una superación basada en la
adquisición de estos conocimientos en una empresa personal, y casi siempre
promete una felicidad fácil una vez que los conocimientos son acogidos.
Existen dentro de esta corriente muchos grupos y ramificaciones según lo
que la sociedad ha requerido en cada época y lugar.
El “culto a la diosa” tampoco es una religión o
doctrina. Es más bien una forma de pensar que agrupa varias ideas
(ideología) de orientación eco-feminista, populares entre movimientos
ideológicos como la Wica, el “nuevo paganismo”, el New Age, el feminismo o
el liberalismo, y que toma elementos del ocultismo, leyendas
conspiratorias, religiones orientales y amerindias, etc.
Según esto, era una religión pacifista que daba culto a
la Diosa Madre, en religiones y sociedades que se organizaban en torno a
las mujeres, y fue practicada por los pueblos antiguos, los cristianos
primitivos y por el mismo Cristo. Sus principios, muy someramente, son más
o menos éstos:
No existe un dios trascendente y superior, diferente de
nosotros, sino una diosa que lo abarca todo. Nosotros somos Dios, la
naturaleza es dios, la divinidad está en todo, incluyéndonos a nosotros.
A esta divinidad no se le conoce usando la razón y la
reflexión para alcanzar la verdad. El mundo es engañoso y el apego a la
verdad es un típico complejo machista. Como no es necesaria la verdad,
tampoco es útil ni necesaria la revelación. Por eso los seguidores de la
diosa luchan contra cualquier dogma. El modo de acercarse a la diosa es
por medio de la intuición y del sentimiento. Dios no necesita ser
conocido, sino sentido. No hay que pensar correctamente, sino sentir
correctamente, y nuestra idea de la realidad más bien se debe adaptar a
nuestro sentir.
Esta religión tampoco necesita unos mandamientos —que
también son prejuicios machistas—. Sólo pide armonía, paz, tolerancia. El
único requisito es una conciencia espontánea de armonía con el todo. El
bien es estar en armonía con el universo, ser el universo. El mal es la
falta de armonía, el desequilibrio. En la práctica, la norma se vuelve
tremendamente sencilla: haz lo que quieras mientras no introduzcas
violencia, tensión, desarmonía. Si estoy en armonía con el universo, todas
mis reacciones serán espontáneas, libres y buenas.
La máxima experiencia de relación armónica es la unión
sexual con el cuerpo de la mujer. “Mediante la comunión con la mujer
—prosiguió Langdon—, el hombre podía alcanzar un instante de clímax en el
que su mente quedaba totalmente en blanco y veía a Dios”. La sexualidad
es, pues, la vía para unirse intuitivamente consigo mismo, con el mundo y
con la diosa. Esta unión se puede hacer con la pareja, pero es mejor
hacerlo con diferentes mujeres para que el apego a la persona no sea
importante, sino sólo la experiencia de unificación.
Hay tres observaciones que necesitamos hacer respecto a
este “culto a la diosa”.
1) Dan Brown no habla de unión sexual a secas, sino de
unión con el cuerpo de la mujer. Es decir, esta doctrina aparentemente
feminista no considera que la mujer sea digna de la elevación espiritual.
Todo está planeado para la diversión del hombre.
2) El apetito sexual es, después del instinto de
supervivencia, el instinto más apremiante del hombre, sobre todo del
macho. Es increíble que se invente toda una religión y una conspiración de
dimensiones astronómicas para venirnos a decir que la realización está en
el disfrute del sexo sin amor.
3) Por supuesto y, como siempre, no existe ningún
indicio o prueba fidedigna de ningún tipo, de que estas sociedades o estos
cultos hayan existido alguna vez. Ciertamente siempre ha existido el
libertinaje sexual y siempre le ha gustado justificarse de algún modo,
pero jamás ha formado parte de ninguna religión seria y mucho menos del
cristianismo primitivo.
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