7. In Memoriam P. José Antonio
Curiel Fortoul, SDB
El adiós a un entrañable amigo
Roberth Phoenix
...me gusta recordar al Padre Curiel riendo a
carcajada abierta, sentado junto a mí, mientras disfrutábamos de una buena
obra de teatro...
José Antonio Curiel Fortoul nació
en la ciudad de México el 30 de marzo de 1953. Recibió el sacramento del
bautismo el 15 de abril del mismo año en la Parroquia de Nuestra Señora de
San Juan de los Lagos y fue confirmado en la Parroquia de Cristo Rey en la
colonia Anzures el 24 de septiembre del mismo año.
En el Colegio de Santa Julia
conoció a los salesianos y fue invitado al prenoviciado que hizo en el
Instituto Juan Ponce de León en Puebla del 11 de septiembre de 1973 al 28
de febrero de 1974. El 12 de junio de ese mismo año entró al noviciado y
fue enviado a la Casa de Formación Salesiana de Llano Grande, en Medellín,
Colombia. Ahí permaneció del 5 de agosto de 1974 al 31 de agosto de 1975.
Posteriormente realizó el post noviciado de 1975 a 1977 en Coacalco,
Estado de México.
Entonces recibió un cargo muy
especial, fue nombrado subdirector del Internado de Santa Cruz
Matagallinas, Mixes de 1978 a 1979. Pasó al estudiantado Teológico de la
Arquidiócesis de México el 1 de septiembre de 1980, donde permaneció hasta
el 1 de septiembre de 1984, siendo ordenado sacerdote por Mons. Braulio
Sánchez Fuentes, Obispo Salesiano de la Prelatura Mixe.
Como sacerdote, fue enviado a la
casa del post noviciado de 1985 a 1986, luego de regreso al Colegio de
Santa Julia como Consejero de 1986 a 1991. Pasó después al Templo del
Refugio en la ciudad de Puebla donde también fue Director del Colegio
Trinidad Sánchez Santos en 1992, ahí fue cuando lo conocí. Es extraño
pensar en ello, pues la primera impresión fue dura, sin embargo, poco a
poco lo fui conociendo.
Hombre impecable en su aspecto,
disciplinado para el ejercicio y la alimentación, siempre alegre con esa
sonrisa amplia que lo caracterizaba y su barba negra cerrada que le daba
un gran toque de distinción. Amante de la lectura y crítico del séptimo
arte, con un exquisito gusto por la literatura.
Sacerdote con un gran don para la
predicación, en la que destacaban sus cualidades oratorias y la profunda
cultura que poseía. Se preocupaba por transformar la vida de sus oyentes
más que por exponer teóricamente el mensaje cristiano. Me trató siempre
como a un amigo, se convirtió en un padre para mí. Me pidió que lo
tuteara, nunca pude. Siempre lo llame cariñosamente "Padre Curiel".
Siempre emprendedor de
actividades pastorales que causaban admiración y perplejidad entre los que
lo conocimos. Caracterizado por sermones encendidos en los que reprochaba
los vicios y las tibiezas, siempre enfocado para instruir y corregir.
Caritativo hasta el extremo,
invariablemente al cuidado del necesitado, dándose día y noche al servicio
de los enfermos. Profundamente piadoso y cariñoso. Me enseño a diferenciar
el dolor del sufrimiento, a apreciar el regalo de la vida, el valor de la
autoestima y a utilizar mis propios dones a favor de los demás. Nunca me
habló de Dios, no tuvo que hacerlo, su ejemplo fue más que suficiente.
Hombre de oración, instrumento del Espíritu Santo.
Fue llamado en 1995 como vicario
en el Templo de Santa Inés en la ciudad de México, donde permaneció hasta
1997, luego fue trasladado a Morelia como Consejero de estudios de 1997 al
año 2000. Después se encontró de regresó en el Colegio Santa Julia de 2000
a 2002. Fue entonces cuando fue nombrado Director de la Casa de Tehuacán,
en donde permaneció hasta el día de su muerte.
En mayo de 2004 se sintió un poco
mal durante tres días. Falleció el 31 de mayo de este mismo año. Murió en
soledad, encontraron su cuerpo inerte en el baño de su casa en Tehuacán,
Puebla. Sé que Jesús estuvo con él en su agonía. Por fin se reunió con su
Señor para gozar de su gloria eterna y aún en la muerte me dejó un gran
regalo, ya no temo a la eternidad.
La última vez que comimos juntos,
platicamos sobre cómo habíamos cambiado y crecido juntos. Le agradecí por
todo cuanto hizo en mi vida y le dije cuánto lo amaba, él hizo lo mismo.
Lo cierto es que lo extraño mucho. Extraño escuchar su voz, sentir su
abrazo cálido, atender a su consejo siempre bondadoso y aprender de sus
moralejas. Sin embargo, sé que algún día estaremos juntos nuevamente en
presencia del Padre celestial.
Me gusta recordar al Padre Curiel riendo a carcajada
abierta, sentado junto a mí, mientras disfrutábamos de una buena obra de
teatro. Este es un pequeño homenaje para el amigo que transformó mi vida,
Padre José Antonio Curiel, SDB. Gracias amigo, descansa en paz.
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