6. Conversión
Miguel Rivilla San Martín
En España hemos desplazado a Dios de la vida. Ahora
comprobamos con desilusión que no hay Dios que nos ponga de acuerdo en
casi nada. La vida actual se está convirtiendo en otra Babel, donde cada
uno va a lo suyo, sin entenderse con los demás.
En España hemos desplazado a Dios de las leyes, de la
vida social y hasta, en muchos casos, de la vida familiar y personal.
Ahora comprobamos con desilusión que no hay Dios que nos ponga de acuerdo
en casi nada. La vida actual, en muchos aspectos del ámbito político,
social, económico, se está convirtiendo en otra Babel, donde cada uno va a
lo suyo, sin entenderse con los demás. Apenas hay quien busca el bien
general y la unidad. Tantas cabezas, tantos pareceres. Tantas personas,
tantos objetivos. Tantos grupos, tantos intereses. Tantos partidos, tantas
disensiones. Tantas ideologías, tantos desencantos. Tantas autonomías,
tantos egoísmos. Tantas patrias chicas, o nacionalismos, tantos reinos de
taifas. Tan poco estado y ... ¡tan poca ESPAÑA!.
Cada uno a mirarse el ombligo, cada político a barrer
para dentro, cada partido a lo suyo, cada autonomía a sacar tajada y el
último... Así nos luce el pelo. No iremos muy lejos. Mucho hablar de
solidaridad y bien común y los comportamientos son cada vez más egoístas y
provincianos. La España unitaria va dando lugar a taifas, pequeños,
cegatos e insolidarios. Vamos por un camino regresivo, que no va a ninguna
parte.
¿Remedio posible? Volvernos a Dios (CONVERSIÒN) a nivel
personal, familiar y social. A Dios le tenemos un tanto preterido y
olvidado. Hemos buscado otros sustitutos. Nos han fallado. Dios es y será
siempre el mejor aglutinante de nuestras personales y comunes
aspiraciones.
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