11. Entrevistamos a
Álex Rosal: libros, medios de comunicación, sociedad e Iglesia en España
Fernando José Vaquero Oroquieta
Una entrevista al editor, escritor y periodista
especializado Álex Rosal; un cualificado observador de la evolución de la
Iglesia española y su papel en la sociedad.
Álex Rosal es
actualmente el editor de Libroslibres
y Voz de papel,
director del suplemento Fe y Razón,
y periodista en ejercicio. Cuenta con una larga trayectoria profesional en
el mundo del libro y del periodismo religioso. Todo ello le cualifica como
un observador excepcional del catolicismo social español.
Pregunta:
¿Goza de buena salud el sector editorial del
libro católico?
¿no se edita, acaso, un excesivo número de títulos?
Respuesta:
Creo que sí. Las editoriales religiosas españolas poco a poco van a más y
en los últimos años han surgido nuevos sellos en este campo. Sin embargo,
si comparamos nuestro sector con Italia o Francia, estamos a mucha
distancia de estos dos países en cuanto a creatividad, innovación y
repercusión de los propios títulos en la opinión pública. No debemos ser
complacientes. Todavía nos queda mucho camino que recorrer. Y todavía hoy
las editoriales religiosas debemos hacer un gran esfuerzo por situar el
libro religioso en España al alcance del gran público, ése que
habitualmente no acude a un punto de venta especializado, y que va
cogiendo el hábito de comprar libros en las grandes superficies.
P.:
Los nuevos editores y las pequeñas empresas del sector del libro se quejan
de las dificultades que presenta el mercado español: altos costes de
edición, problemas en la distribución, prepotencia de las grandes
editoriales, escasas ayudas, un número estacionado de lectores... No
obstante, siguen siendo miles los títulos editados anualmente en España.
¿Qué reflexiones podría ofrecernos desde su experiencia como editor
independiente?
R.:
En España se editan cada año la
friolera de 60.000 títulos. Es una barbaridad. Y es verdad que editar hoy
en nuestro país es casi llorar. La edición es un sacerdocio, una vocación,
y un poquito mal de la cabeza debemos estar los editores para dedicarnos a
esta profesión. Pero es apasionante. Es como una droga. A pesar de todas
las dificultades… me niego a adoptar una posición derrotista. El lema de
LibrosLibres es: «Aunque somos pequeños, emprendemos grandes empresas». Y
todos los días me repito este lema a mí mismo y a los colaboradores. Hay
que soñar. Hoy somos pequeños, nuestros títulos no llegan al gran público,
nuestras ventas no son todo lo esperado y la influencia de los libros
todavía es escasa en la opinión pública española. Pero seguimos
trabajando. Hace tiempo leí a Woody Allen afirmar que «el 90 por cierto
del éxito se basa simplemente en insistir». Y con más moral que el
Alcoyano, todos los días insistimos una y otra vez en esto de editar
libros, con la esperanza de que el genial cineasta no nos haya engañado.
P.:
Barioná, el Hijo del
Trueno, es el primer libro de su
nuevo sello editorial Voz de papel.
Tratándose de la primera obra de teatro
del existencialista Sartre, de temática navideña y profundo sentido
cristiano, su lanzamiento constituye una auténtica provocación al diálogo
entre creyentes y no creyentes; entre cristianos y laicistas. ¿Qué acogida
le está dispensando público y crítica?
R.: Muy
buena. En apenas dos meses se han vendido más de 4.000 ejemplares y son
muchísimos los reportajes, críticas y artículos de opinión que han hablado
de este libro. Desgraciadamente, la mayoría de los suplementos literarios
y programas televisivos dedicados a la cultura han optado por el silencio
y la marginación. La progresía española sigue en sus trece. Y el
sectarismo se ha instalado entre los gurús de la República de las Letras.
Pero bueno, lo importante es que este inédito de Sartre, esta obra
«católica» del padre del existencialismo francés, ha visto la luz gracias
al mérito de José Ángel Agejas, su descubridor, y al buen hacer de Pablo
Cervera, que es el director de Véritas, una colección que pretende el
diálogo fe-cultura, y que está avalada por seis universidades católicas:
San Pablo-CEU, Francisco de Vitoria, UCAM, Católica de Valencia, Abat
Oliba y Cardenal Herrera Oria.
P.:
En España se editan cientos de publicaciones religiosas en papel; a lo que
se suma una creciente oferta en internet. Y siguen apareciendo nuevos
productos, como el semanario
Alba,
www.analisisdigital.com,
etc. No obstante, no existe un diario, ya impreso o digital, que sea
la
referencia de los católicos españoles,
como lo fue en su momento El Debate.
¿No deberían sacrificarse algunas de las realidades ya existentes para
proponer al lector un instrumento, ya impreso o electrónico, más
ambicioso?
R.: No.
Todas estas iniciativas son muy útiles y definitivas de cara al futuro.
Desde hace diez años hay un renacer de los medios de comunicación en el
ámbito católico. Es bueno que haya inquietud entre los católicos españoles
por tener más altavoces desde donde comunicar la Buena Nueva del Evangelio
y eso dará, seguro, como resultado, el nacimiento de nuevos areópagos. ¿Un
diario católico? Todo llegará. Posiblemente no sea ahora el momento, pero
llegará. De pequeño solía jugar a una maquinita de esas que había en los
bares y que se llamaba «la cascada», creo recordar. Consistía en meter
monedas de 25 pesetas. Éstas se amontonaban y caían en cascada. Había dos
desniveles, como dos pequeñas bandejas que «empujaban» las monedas.
Cuantas más monedas registraba el aparato, más posibilidades había de que
cayera algún suculento premio. Con la prensa «católica» pasará algo así.
Cuantos más periodistas trabajen en este sector, más empresarios se vean
interpelados por la comunicación y más medios existan… el fenómeno
«cascada» dará como fruto un diario católico al estilo El Debate.
P.:
Impulsado por diversas circunstancias, el catolicismo social está
manifestando notables muestras de vitalidad: los éxitos en audiencia de
COPE, extensión y consolidación de Popular TV, la reciente sucesión de
diversos congresos de laicos (Foro
de la Familia, Congreso del Apostolado Seglar, Católicos y Vida Pública,
el
II
Congreso Internacional de la Familia
en UCAM…), la aparición de nuevos medios
informativos, diversas manifestaciones convocadas por entidades pro-vida,
una iniciativa legislativa popular en marcha en defensa de la familia,
etc. A su juicio, todo ello, ¿es mera reacción defensiva o la expresión de
una renovación del catolicismo social en sintonía con la convocatoria de
Juan Pablo II a una Nueva Evangelización?
R.: Contra
el PSOE se vive mejor, es evidente. Cuando estos insensatos del Gobierno
se han lanzado contra los católicos españoles de esta forma tan alocada,
la gente se ha sentido herida y reacciona. Ay, menudo Gobierno. Zetapé se
ha rodeado de gente moderna como Zerolo y Leire Pajín; mete a Vogue en La
Moncloa, y en vez de dedicar su tiempo en solucionar los problemas reales
de los currantes —vivienda, familia, seguridad, enseñanza, trabajo e
hipotecas—, se transforma en el Papa de la nueva religión laica. Y ese
elefante medio cojo, resfriado y algo ciego, que es la Iglesia católica,
empieza a coger fuerzas ante lo que considera una agresión sostenida y
burda. Los católicos de siempre, los culturalmente cristianos, los que
figuran en las estadísticas como «no practicantes», empiezan entonces a
sentirse molestos de que les quieran vender la burra. De espectadores
pasan a protagonistas. De la omisión a la acción. Los grupos católicos
engordan en números y las iniciativas se multiplican. El elefante ya no
cojea tanto e incluso anda con cierto gracejo. Es el milagro. Contra el
PSOE se vive mejor. A Zetapé hay que hacerle un monumento sufragado por el
cepillo de los templos. Ningún documento episcopal, homilía o exhortación
apostólica ha logrado despertar del letargo y del aburguesamiento a los
miles de «católicos» de bautizo del niño o de funeral del abuelo. A esos
católicos que acudían a la parroquia por lo «estrictamente necesario»
comienzan a cogerle cariño a la Iglesia. «Algo hay que hacer», comentan en
voz alta. El miedo parece dejar el sitio a un incipiente testimonio de
orgullo por esa fe aprendida de pequeño y apartada con desdén en la
adolescencia. No está mal. En ocho meses, el catolicismo español se ha
revitalizado. Ahora bien, a ello hay que unir lo sembrado durante el
pontificado de Juan Pablo II. En estos últimos años es cuando se empiezan
a ver los frutos. Una nueva primavera eclesial se está mostrando. No tiene
nada que ver la nueva ornada de sacerdotes con los de la generación de los
sesenta, y perdón si alguien se siento ofendido, pero la realidad es
tozuda. Por supuesto, los seglares de entonces y los de ahora son como el
día y la noche. Hay una generación de laicos de entre 25 y 40 años que
está asumiendo la responsabilidad histórica de «hacer Iglesia», de ser
protagonistas de este momento, de crear iniciativas, de construir sociedad
civil, de impulsar nuevas acciones de evangelización. Afortunadamente, la
palabra «prudencia», que históricamente ha sido sinónimo de cobardía en el
ámbito eclesial, no está en el vocabulario de los nuevos seglares
católicos y sacerdotes de nuestro país.
P.: Los
llamados “nuevos movimientos eclesiales”, ¿están desempeñando un papel
relevante en ese movimiento de renovación de la Iglesia española? ¿Qué
aportaciones, de los mismos, subrayaría en particular?
R.: Están
ayudando a renovar la Iglesia. Son un fruto maduro del Concilio Vaticano
II. Han logrado crear comunidades vivas, con calor humano y espiritual,
cercanía y profunda conversión personal. Presentan a un Dios que está
vivo, que te ama, que te escucha, que está contigo, que te recibe con los
brazos abiertos sin mirar las tonterías que todos cometemos en la vida.
Son los nuevos carismas de la Iglesia que ha suscitado el Espíritu Santo,
de la misma manera que a lo largo de la Historia de la Iglesia ha ido
suscitando el nacimiento de otras espiritualidades que hoy en día
consideramos como «tradicionales» pero que en su momento eran «nuevas».
P.: Lo
“políticamente correcto” se impone desde el poder político y cultural
dominante, generando un tipo humano satisfecho, consumista, nihilista,
nada crítico con el poder y las modas, pero duramente cerrado a cualquier
propuesta de la Iglesia. En estas circunstancias, ¿puede, la Iglesia
católica, constituirse en alternativa real a esta mentalidad, con una
presencia social activa, o debe replegarse a la práctica litúrgica y
sacramental? ¿Mantiene capacidad de diálogo con los hombres y mujeres de
hoy?
R.: La
tentación de todos los católicos es de quedarnos replegados en la
sacristía, que hay buena calefacción y tiene buenos muros para protegernos
del mundo. Pero eso no sería muy honrado. No sería cristiano. La oración,
los sacramentos, las lecturas de meditación son medios para ser mejores
seguidores de Cristo. Nos debe dar las fuerzas necesarias para «salir a la
calle» y ofrecer al mundo que la felicidad en esta tierra se encuentra en
Cristo. Que Jesús sana tus heridas y apaga el fuego que hay en tu corazón.
Que es un bálsamo en el dolor. Que de Él te puedes fiar por que quiere lo
mejor para ti.
P.:
¿Católicos en partidos políticos o partidos católicos?
R.: Me da
igual. Lo importante es que los católicos que trabajen en la vida pública
testimonien su fe, sean coherentes con lo que dicen creer y lo transmitan
sin vergüenza ni omisión. Que su fe cristiana esté por encima de la
disciplina de partido.
P.:
La presencia pública y política de los católicos era impulsada, durante
buena parte del pasado siglo XX, por la jerarquía, sirviéndose de la
Acción Católica y de la ACNP, particularmente. La realidad actual es otra:
existe un panorama de pérdida de vigor en algunas organizaciones
tradicionales; habiendo visto la luz nuevos movimientos eclesiales cuyo
interés en la acción pública es muy dispar, pudiéndose detectar cierta
tendencia hacia el “recogimiento” interno. En las actuales circunstancias,
¿es conveniente la búsqueda de cierta “unidad de acción”? Las llamadas
plataformas transversales (e-Cristians, etc.), ¿podrían facilitar esa
convergencia de tácticas, medios y voluntades?
R.:
Totalmente. El Congreso de Católicos y Vida Pública impulsado de Alfonso
Coronel de Palma desde el CEU, con la siempre inestimable coordinación de
Carla Díez de Rivera, así como el nacimiento de E-Cristians, nacido de la
mano de Josep Miró i Àrdevol, o el Foro de la Familia y otras iniciativas
de ese corte son imprescindibles hoy en día en nuestro Iglesia.
Necesitamos plataformas de encuentro para conocernos, querernos y poder
trabajar juntos por el Reino de Cristo en la tierra. Desgraciadamente
sigue imperando el «yo soy de Pablo; yo de Pedro; pues yo de Apolo;
nosotros pertenecemos a Cefas». Después de 2.000 años de cristianismo,
corremos el riesgo de seguir divididos en tendencias, facciones y grupos,
que lejos de unirnos en un mismo cuerpo, muchas veces nos sitúan en
posiciones contrapuestas, y casi, casi, diría, nos hacen ser adversarios
irreconciliables; surgiendo así un «capillismo eclesial» que recuerda
mucho a las primitivas comunidades de Corintio: «Yo soy de la base; pues
yo de los de la jerarquía; nosotros vivimos el Evangelio con autenticidad;
nosotros somos los que cumplimos fielmente la Palabra...». Es la triste
realidad de una Iglesia santa, que tiene a su vez en su regazo a muchos
hijos que nos creemos muy «cumplidores», pero que no mostramos a diario el
camino del Amor que señala el Maestro. En los últimos años hemos gastado
demasiada energía en descalificarnos y etiquetarnos mutuamente, más que
dedicarnos a transmitir juntos la Buena Nueva del Evangelio. Un
anti-testimonio para el mundo. Es hora de poner fin a este «capillismo» e
intentar comprendernos, buscando más lo que nos une que lo que nos separa.
Evitando las fricciones y malos entendidos, la maledicencia y la crítica.
Perdonando ofensas pasadas. Buscando construir más que destruir. Viendo en
los demás el rostro de Cristo. Ya lo decía Pablo VI: «Hoy la gente da gran
importancia al restablecimiento de la unidad con nuestros hermanos
separados, y esto es bueno. Este es un esfuerzo que merece la pena
realizar, y todos deberíamos cooperar en él con confianza, humildad y
tenacidad. Pero no debemos olvidar nuestra tarea de trabajar aún más por
la unidad interna de la Iglesia, que es tan necesaria para su vitalidad
apostólica y espiritual». O dicho de otro modo: «En esto conocerán todos
—dice Cristo— que sois mis discípulos: si os tenéis amor los unos a los
otros». Por eso que bienvenidas sean todas estas plataformas de encuentro,
pero primeramente para ser un testimonio de unidad ante el mundo, y,
posteriormente, como nexo para el trabajo de evangelización.
|