3. Embarazos, sexo
seguro y cuerpo humano
Guillermo Juan Morado
Hay que revalorizar el significado del cuerpo. Un
hombre o una mujer, si quieren vivir de acuerdo con su dignidad de
personas, no pueden entregar su cuerpo a cualquiera.
Una chica que no tiene la suficiente madurez para ser
madre no debe quedarse embarazada. De igual modo que un chico que no tiene
la suficiente madurez para ser padre, no debe dejar a una chica
embarazada. Pero los embarazos no se producen por estornudar, ni por
saludarse al salir de clase.
Curiosamente, es la mentalidad permisiva vigente, de
sexo sin responsabilidad, al que llaman "sexo seguro", lo que está
disparando el número de embarazos entre las adolescentes y, por desgracia,
el número de abortos. Recurrir a los anticonceptivos, sin modificar la
conducta, no es más que un parche. Porque el anticonceptivo falla, o puede
fallar, y la mentalidad pro-anticonceptiva dice: si falla el
anticonceptivo, se recurre al aborto y asunto arreglado.
Hay que revalorizar, por el contrario, el significado
del cuerpo. Un hombre o una mujer, si quieren vivir de acuerdo con su
dignidad de personas, no pueden entregar su cuerpo a cualquiera. El cuerpo
es parte de uno mismo. Yo "soy" mi cuerpo, no sólo "tengo" cuerpo. Cuando
nos duele un brazo, decimos: "Tengo dolor en el brazo" o "me duele el
brazo"; no decimos: "el brazo tiene dolor".
Si deseamos que las personas se respeten a sí mismas,
deben aprender a respetar sus propios cuerpos y los cuerpos de los demás.
Es indigno del ser humano mercadear con su cuerpo, exponerlo para disfrute
animal en la plaza pública, convertirlo en material de prostitución no
retribuida. Es humano, y liberador, y digno, que la entrega del cuerpo sea
signo y manifestación de la mutua entrega personal de un hombre y de una
mujer.
Pero aquí estamos hablando, entonces, de una entrega
seria, responsable que, por consiguiente, no teme abrirse a la vida.
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