4. Obesidad:
¿veleidad o realidad?
Mikel Agirregabiria Agirre
La obesidad, que amenaza a más del 30% del mundo
occidental, es la epidemia del siglo XXI.
Estamos, casi todos,
demasiado gordos… excepto quienes padecen hambre crónica. Paradójicamente
la pobreza mundial se manifiesta con alta mortalidad por hambrunas… o por
gorduras. En el “Primer Mundo” se nos dice que la obesidad mata más gente
que el cáncer. En EE.UU. 300,000 muertes anuales se imputan a la gula y a
la falta de ejercicio, el 30.4% de la población es obeso, el 64% tiene
sobrepeso y se anuncia que la obesidad puede ser ya la primera causa de
mortalidad. Pero quizá la noticia sólo sea atribuible a que el mercado de
la dietética supera al negocio de la alimentación, y que los intereses de
las multinacionales aconsejan sugerirnos que adelgazamos… lo que antes nos
hicieron engordar.
Porque fue el
poderoso lobby de los productores de cereales, con amplia representación
en el Congreso norteamericano, quien históricamente consiguió suculentos
subsidios para sus plantaciones, lo que les permitió vender a precios
sumamente bajos a ganaderos bovinos y avícolas. Luego la Unión Europea,
igualmente sobreprotegió al sector primario, por lo que la superproducción
de alimentos, que difícilmente puede acumularse por largos períodos y que
nadie traslada solidariamente al “Tercer Mundo”, sólo puede ser consumida
con publicidad agresiva que instala hábitos anglosajones de “comida
basura” (fast food)
entre la población mundial menos informada. Todo ello ha provocado un
aumento desbordante de las raciones que nos ofrecen, así como de las
personas que no pueden combatir el consumismo fomentado.
Los datos comparativos
son escalofriantes. Se han entre duplicado o quintuplicado el peso y las
calorías de los productos en unas pocas décadas: Una hamburguesa ha pasado
de 79 gramos a 122, subiendo sus calorías desde 202 a 210; las patatas
fritas que le acompañan, de 68 a 198 gramos, esto es de 210 a 610
calorías; las chocolatinas, de 57 a 198 gramos, o de 297 a 1,000 calorías;
el botellín de refresco de cola, de 192 a 473 mililitros, de 79 a 194
calorías; y, en el caso límite de las palomitas se decuplica su masa,
pasando de 174 a 1,700 calorías.
Lo más preocupante es
que esta pandemia de grandes raciones y sobrepeso está afectando de lleno
a los más pequeños, ofreciéndose datos incontestables como el incremento
en adolescentes de la diabetes tipo 2, quedando expuestos a complicaciones
como enfermedades cardíacas y renales, ceguera o degeneración neurológica
de las extremidades.
Nos conviene
aplicarnos urgentemente algunos consejos de los nutricionistas,
fundamentalmente por razones sanitarias, además de las económicas (las
compañías de seguros comienzan a elevar sus primas a los “gruesos”) o
estéticas (que pueden llevar a la anorexia). Algunas recomendaciones
básicas para una alimentación sana, avaladas por las agencias
gubernamentales más fiables, son las siguientes:
1º Huir de la
publicidad agresiva, tanto de productos alimenticios como adelgazantes. El
mercado no es un consejero fiable para la salud: Mejor consultar cada caso
concreto con el médico o el especialista.
2º Hacer tres comida
diarias, sin olvidar el desayuno, consumiendo con moderación alimentos
naturales variados, con preferencia a los de origen vegetal (o marino).
3º Comer cinco piezas
diarias de frutas y hortalizas crudas o cocidas, como núcleo central de
una dieta equilibrada y saludable que sacia y aporta nutrientes esenciales
con pocas calorías.
4º Beber mucha agua,
al despertarse y al acostarse, antes y después de las comidas, hasta un
total diario en torno a los 1.5 litros.
5º Disminuir el
consumo de sal, alcohol y alimentos energéticos ricos en grasas saturadas
(normalmente de origen animal, mantequilla, margarina, grasas, carne
roja,…) o azúcares refinados (dulces y bollería industrial).
6º Aprovechar el
tiempo de las comidas para el encuentro y el diálogo con familiares y
amigos.
|