3. ¿Para qué más
infierno?
Walter Turnbull
Comentario a un artículo periodístico
(Arias Servín, Ana María "!al tiempo.
¿Para qué más infierno?".
Diario de Querétaro 2005/ene/20; 1-2/A) que ataca a los Legionarios por
ofrecer un curso de exorcismo, argumentando que el mismo Papa ya ha
reconocido que el demonio no existe.
Estimada Srta.(ra.) Arias:
No tuve el gusto de leerlo en directo, pero un amigo me
mando su articulo (o parte de él) del 20/Ene/2005 intitulado “¿Para qué
más infierno?”
Admiro su estilo, su contundencia y su conocimiento de
los clásicos (Unamuno, Goethe, Juan Pablo II), pero lamento su ignorancia
sobre teología, su errada interpretación de las
palabras de Juan Pablo II, su actitud
prejuiciosa contra un grupo humano y su ingenua (espero) colaboración con
una temible amenaza que se cierne sobre la humanidad.
Unamuno y Goethe son escritores brillantes, pero ni son
expertos en teología de la salvación ni podemos basar las creencias de las
que depende nuestra salvación en sus anhelos y fobias personales. Cuando
quiera literatura, vaya con Unamuno y con Goethe; cuando quiera doctrina
verdadera, mejor vaya al catecismo de la Iglesia Católica.
Ya me había topado hace años con un articulo parecido
al suyo. Esgrimían palabras de Juan Pablo II para alegar que Satanás y el
infierno no existen, y que la Iglesia los ha inventado para manipular el
temor en sus seguidores y explotarlos. Tendríamos que leer el documento
completo para saber qué quiso decir el Papa, pero le puedo apostar lo que
sea (mi quincena contra la suya, mi trabajo contra el suyo, mi vida contra
la suya) a que no quiso decir que el demonio no existe o que el infierno
no es algo verdaderamente estremecedor. El Catecismo de la Iglesia
Católica, obra maestra del legado de Juan Pablo II, dice (No. 2851): “En
esta petición —libramos del mal— el mal no es una abstracción, sino que
designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El
diablo es aquel que ‘se atraviesa’ en el designio de Dios y su obra de
salvación cumplida en Cristo.” La existencia de Satanás es dogma de fe. Su
propósito es hacer la vida de los hombres eternamente infeliz, y su mejor
arma es hacerlos creer que él no existe y el pecado tampoco. Antes pasarán
los cielos y la tierra, antes desaparecerán los periódicos y los
periodistas, que usted vea a Juan Pablo II contradecir la doctrina de la
Iglesia Católica.
“Satanás es el mal moral que provoca sufrimiento”. ¿Le
parece poco? Estamos hablando de crimen, de robo, de violencia, de abuso,
de tortura, de traición, de violación, de genocidio, de discriminación, de
guerra, de prostitución forzada…
“El infierno es la ausencia de Dios.” ¿Le parece poco?
Estamos hablando de un mundo sin verdad, sin justicia, sin armonía, sin
respeto, sin colaboración, sin salud, sin comprensión, sin paz, sin amor,
sin alegría, sin belleza,…
Seguramente Cristo venció a Satanás, pero Satanás es
todavía el príncipe de este mundo y su poder es todavía enorme. “No teman
al que sólo puede matar el cuerpo —dice Jesús—. Teman más bien al que
puede refundir el cuerpo y el alma en el infierno.”
Entiendo que al final de un libro sobre brujería (no me
interesa cuál, la frase de todos modos es cierta) se dice que existen
males que, comparados con ellos, el robar, violar y matar son juegos de
niños.
Por si no lo sabe, le informo —a usted que es una
profesionista de la información— que Querétaro ocupa uno de los primeros
puestos a nivel nacional en proliferación de sectas satánicas, que Satanás
utiliza como instrumentos para construir un mundo sin Dios. Y lo está
logrando, por si no se ha dado cuenta. Por eso el Obispo designó —y
también fue objeto de burlas— a un grupo de sacerdotes para capacitarse en
el trabajo de exorcismo. Por eso los legionarios están ofreciendo un
curso, y hacen bien, independientemente de los prejuicios infundados que
usted tenga contra ellos.
Pregunta usted si tienen que ser católicos los poseídos
por el demonio y los exorcistas.
Bueno, los poseídos no. Cualquier no católico puede ser
poseído. De hecho, la mejor arma contra la posesión diabólica es el
acercamiento a la Iglesia, la oración y los sacramentos.
Los exorcistas, esos no sé, pero Cristo dijo a sus
apóstoles: “Estas señales acompañaran a los que crean: en mi nombre
expulsarán demonios…” Así, pues, si no son los únicos, al menos le puedo
asegurar que sí son los más autorizados. Si usted conoce otra institución
que también pueda expulsar demonios, perdonar pecados en el nombre de
Cristo y administrar la gracia de Dios, está en todo su derecho de
escoger. Pero, por favor, no vaya a escoger a Satanás.
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