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4. Sin prisas

Javier Menéndez Ros

Y así, con tranquilidad, voy a dormirme y soñaré que he encontrado la paz y que va a ser ella mi compañera diaria que quiero sentir y poder brindarla a los demás.

Antes de nada una advertencia: si tienes prisa no leas lo que sigue y déjalo para cuando tengas un rato tranquilo.

Si por el contrario crees que puedes leer con tranquilidad estas dos páginas, entonces adelante.

De vez en cuando me sorprendo a mi mismo preguntándome por qué voy apresurado a todos lados y por qué a menudo meto tanta prisa a la gente que me rodea. Desde que me levanto hasta que vuelvo a casa después del trabajo parece que todo ha de ser una carrera contra reloj. El tiempo lo tengo ya calculado para que no sobre ni un minuto, y si por el contrario, se produce algún retraso, entonces más prisa aún que hay que darse.

Hay que conducir deprisa, el tren, el metro o el autobús no van todo lo rápido que me gustaría, ando por la calle dando pasos rápidos y miro con desagrado a quien osa adelantarme. Cuando vivía en Holanda eso me pasaba más a menudo pues especialmente las holandesas de tamaño ciclópeo me pasaban andando con sus grandes zancadas sin despeinarse ni un pelo y cuando iba en bici era mucho peor, pues hasta las abuelitas holandesas me adelantaban como si nada, con su ritmo cadencioso, pese a mis intentos de acelerar. ¡Aquello era intolerable!

Por la calle tengo que ir rápido, no importa si voy o vuelvo del trabajo, si mi jefe es o no uno de esos que continuamente demanda mi presencia, pero da igual, ahí estoy yo, viendo cómo la vida, los escaparates de las tiendas, los árboles y las personas pasan a toda velocidad.

En la oficina estás perdido si eres lento y no andas por los pasillos por el medio, con paso firme y con cara de estresado. La empresa busca gente de acción, si piensas parece que estás perdiendo el tiempo.

Pues yo me he hartado ya de tanto correr y decidí el otro día pararme de golpe en la calle, aunque lamentablemente no se me encendieron las luces del freno y una señora casi se estampa conmigo. Después de eso, me eché a un lado para no entorpecer el ritmo de los apresurados y llegué a la sabia conclusión de que algo estaba fallando en mi forma de vida. Y así, fruto de aquel instante y tras unas tranquilas meditaciones me he puesto unos firmes propósitos que aquí relaciono, por si a alguno le fuesen de utilidad:

  1. Me levantaré unos minutos antes para no ir con el tiempo justo desde el principio

  2. Desayunaré con tranquilidad, disfrutando de un buen café y de lo que caiga

  3. Me tomaré el mejor momento del día para hacer silencio en mi interior y escuchar la voz de Dios

  4. Conduciré despacio, no porque me vayan a quitar puntos del carnet o porque me pilla el radar sino porque es más seguro y porque sencillamente no tengo prisa

  5. Aceptaré sin quejarme el ritmo del transporte público, sea el que sea ese día

  6. Andaré tranquilamente, aunque me piten con sus miradas otros viandantes, me fijaré en lo que vea y en lo que no vea a mi alrededor, disfrutaré de lo que oiga y de lo que sienta. Notaré el sol cuando me ilumine, el viento cuando pase a mi lado o la lluvia cuando me moje

  7. Intentaré leer los correos electrónicos todo enteros, queriendo entender al que lo escribe y poniéndome en sus circunstancias

  8. Abriré el libro que estoy leyendo (los libros también existen para algo más que decorar en una librería) y saborearé las palabras del escritor sin querer consumirlas en una lectura rápida

  9. Escucharé a quien me hable dedicándole toda mi atención, desterrando otros pensamientos paralelos

  10. Miraré a los ojos sin juzgar, sin presionar, sin violentar, simplemente queriendo que la comunicación fluya sin prisas

  11. Escucharé a mis hijos sus pequeñas historias de cada día (para ellos no son nada pequeñas)

  12. Hablaré despacio, habiendo pensado antes lo que voy a decir

Y ahora que he escrito estás líneas sin prisas, voy a cerrar los ojos despacio (e invito también al lector a que así lo haga), sintiendo mi respiración, notando el ritmo acompasado del corazón. Y así, con tranquilidad, voy a dormirme y soñaré que he encontrado la paz y que va a ser ella mi compañera diaria que quiero sentir y poder brindarla a los demás.

 
 

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