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2. Señas de identidad

Pedro L. Iglesias

... no somos progresistas (en el sentido que ellos dan a ese adjetivo) porque es característica del católico el vivir y contemplar con igual intensidad y atención el pasado el presente y el futuro. Porque es del ayer de donde procede nuestra fe, es en el hoy cuando la vivimos y es en el mañana cuando tendrá su pleno cumplimiento. Todo forma parte de nuestra vida. No los cantos de sirena progresistas.

Resulta notorio y notable el constatar la corriente “progresista” que ha recorrido Europa en este abril del 2005, rasgándose las vestiduras ante un Papa anciano, sufriente y moribundo que supo dar testimonio de vida a la humanidad desde la paradoja de su agonía, o como se le descalifica al nuevo Pontífice, Benedicto XVI, llamándole Ratzinger “rottweiler de Dios”, pretendiendo desde la sorna y la burla a los católicos, el peor de los ateismos, que no es aquel que niega a Dios, sino el que anula la esperanza en la trascendencia del hombre. Por si los “progres relativistas”, clérigos, religiosos o laicos, precisan de pautas para comprender en dónde radica la seguridad de quienes no tragamos con sus “ruedas de molino”, les animo a leer los párrafos siguientes, a la sombra de un artículo publicado hace años por Jean Danielou, sacerdote jesuita de aquellos que aun son fieles al cuarto voto, el de obediencia, sin excusa ni tergiversación, al Pontífice.

Nosotros no somos “progres-relativistas”, tan solo somos hombres y mujeres, católicos, que…

... pertenecemos a la Iglesia y lo que nos conduce a ella no es la simpatía que podamos sentir hacia las personas que la componen, sino lo que se nos da a través de estos hombres, no importa quiénes sean, esto es, la verdad y la vida de Jesucristo. Si nosotros quisiéramos encontrar comunidades fraternales, personas generosas, mentes con inventiva, éstas después de todo se pueden encontrar en otra parte. Estamos unidos a la Iglesia porque Ella no puede separarse de Jesucristo, porque Jesucristo libremente se dio a sí mismo a Ella, porque tenemos seguridad de no encontrar a Jesucristo de una manera auténtica fuera de Ella. Toda búsqueda de Cristo fuera de la Iglesia es una quimera. Es sólo a la Iglesia, quien es su esposa, a la que Cristo dio las riquezas de su gloria para su distribución al mundo. Esa es su voluntad al fundarla y así lo creemos.

... estamos interesados en lo que los teólogos dicen, pero creemos lo que la Iglesia enseña. No mezclamos las “churras con las merinas”. Es la verdad de la fe. Ahora, esta verdad no está a merced de una u otra interpretación particular. Cristo no puso su mensaje bajo la arbitrariedad de unas interpretaciones individuales. Él lo confió a la Iglesia que Él fundó. Aseguró su ayuda a la Iglesia para guardarlo intacto, para hacer las riquezas de su doctrina explícitas, para proclamarla a sucesivas generaciones, para rechazar toda alteración. Es esencialmente a sus Apóstoles unidos a Pedro y a los sucesores de los Apóstoles (Obispos) unidos con el sucesor de Pedro a quienes Cristo ha confiado este depósito. No a los nuevos sofistas que aspiran a adaptarlos al gusto de los tiempos.

... creemos que la Iglesia por su Magisterio, preserva, predica, y comunica la verdad de Jesucristo. Ella lo ha estado haciendo durante casi dos mil años; ha sido confrontada por todas las corrientes ideológicas. Desde los gnósticos del siglo segundo a los progresistas del vigésimo primero, estas corrientes han intentado infiltrarla y alterar su fe. Algunos clérigos y religiosos se han dejado arrastrar por estas corrientes; pero la Iglesia ha conservado siempre la verdad sin deterioro Es su intelecto el que está afligido, con su enfermizo gusto por la desconfianza, que es lo contrario a una crítica saludable y animada. Ya que dentro de los límites de la fe hay un tipo saludable de crítica que es causa importante de progreso. Pero hay una desconfianza enfermiza que paraliza la adhesión a la fe, turba la certeza y torna estéril la contemplación.

... permanecemos en la Iglesia debido al Papa y no a pesar del Papa; somos católicos debido a la infalibilidad y no a pesar de la infalibilidad, (Con el pesar de Hans Küng) pues lo que buscamos no es la mejor forma de autoridad, sino la autoridad de Dios más allá de las incertidumbres humanas. Y finalmente es en Pedro y en los sucesores de Pedro que la Iglesia disfruta la presencia de esta autoridad divina que es precisamente lo que buscamos más allá de todas las opiniones humanas.

... permitimos a estos señores progresistas explicarnos con toda la solemnidad de su pedantería que la sociología religiosa nos hace ver en esta representación el espejo de una sociedad feudal, con sus jerarquías graduadas, y que nuestra sociedad democrática requiere ver las cosas desde un punto de vista más horizontal. Se da la paradoja, desde su progresía, que son ellos quienes siempre estarán detrás de los tiempos, siempre preparándose para embarcarse en el penúltimo bote, pero nunca llegando a tiempo. Pues lo que el Papa dice tiene la juventud y la frescura de la verdad. Y lo que ellos dicen tiene siempre la imagen cansada y anticuada de lo seudo-actual.

... no creemos en esa teoría de una cristiandad implícita y anónima según la cual cada hombre es un cristiano por el mismo hecho de pertenecer a la naturaleza humana. Desde esa perspectiva, la Iglesia instituida por Jesucristo, se vuelve un lujo para una élite. En el momento en que Ella se vuelve un lujo, aparece rápidamente como un obstáculo digno de ser eliminado o reformado al antojo progresista.

... en un mundo que opone un sistema arbitrario a otro, donde las mentes sólo ven en el pensamiento la proyección de su subjetividad, donde los requisitos de la acción se han vuelto la única regla, la Iglesia cree que el intelecto humano puede lograr el conocimiento de la realidad y que el acuerdo de éste con la realidad constituye la verdad. Amamos a una Iglesia que no hace del relativismo su credo, que cree que hay verdad y que hay error. Amamos a la Iglesia que desde su misión de Magisterio, nos enseña a separar el grano de la paja, a diferenciar entre lobos y los corderos.

... no confiamos en esos clérigos desleales a su compromiso ministerial que liquidan una parte importante de la esperanza cristiana, creyendo “dialogar” con el futuro, cuando lo que están haciendo es dirigirse a supervivientes de sociedades y culturas superficiales y caducas.

... no somos progresistas (en el sentido que ellos dan a ese adjetivo) porque es característica del católico el vivir y contemplar con igual intensidad y atención el pasado el presente y el futuro. Porque es del ayer de donde procede nuestra fe, es en el hoy cuando la vivimos y es en el mañana cuando tendrá su pleno cumplimiento. Todo forma parte de nuestra vida. No los cantos de sirena progresistas.

Hasta aquí, un breve boceto de nuestro perfil, para quien esté interesado. Sabemos que en estos tiempos, quien acude a la ortodoxia, aunque sea posconciliar, corre el peligro de ser sospechosos de varias culpa: conformismo, cerrazón mental, intolerancia, ausencia de fantasía... y un largo etcétera de etiquetas que se nos adjudican. Hay una etiqueta que no nos van a colocar, y es la de “amordazados”. No se trata de entrar en una confrontación, ni en “guerra ideológica” ni en una dialéctica de salón. Simplemente de colocarnos cada uno en nuestro sitio y saber no si creemos en Dios, sino en qué Dios creemos.

Los laicos, santificándose con su trabajo en el mundo, y los clérigos y religiosos sirviendo al pueblo de Dios desde el ministerio al que Dios les llama y la Iglesia les envía. En una palabra, los católicos son a pesar de los pecados, algo que nunca podrán ser los relativistas: hombres y mujeres comprometidos con la verdad, que intentan saber dar razón de su fe a los más “cultos” y hacerse presentes con los más pobres, que combaten el delito mientras ayudan al delincuente, que no se arrodillan ante nada ni nadie en este mundo, pero que se saben discípulos de Aquel que no vino a ser servido sino a servir.

Hombres y mujeres, católicos, que tratan de vestir la misericordia hacia los demás y la fidelidad a Jesucristo a través de la Iglesia... simplemente porque no son relativistas... porque saben de Quién se fían, Quién es la Verdad y qué es el error.

 
 

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