8. ¿Cómo será
Benedicto XVI?
José Ignacio Alemany Grau, Obispo
Tenemos motivos para acoger, querer y obedecer al
nuevo Papa. El primero es la fe. Creemos que el Espíritu Santo conduce a
la Iglesia y, ya antes de que lo nombraran, le dimos nuestra aceptación
gozosa. Conocemos también la inteligencia privilegiada de José Ratzinger y
su corazón sencillo, cercano y cariñoso.
Cuando eligieron a Juan Pablo II, polaco y poco
conocido para muchos, acudían al cardenal Wizynski, que lo conocía muy
bien por ser su colaborador.
La pregunta era siempre la misma: ¿Cómo será el nuevo
Papa?
También la respuesta era idéntica: ¡Uds. lo verán!
Hoy las preguntas vienen de muchas personas que tiene
prejuicios o los han leído.
Lamentablemente dentro de la Iglesia, nos “fichamos”
sin conocernos; lo hacemos con tanta facilidad como ligereza.
A todos ellos hay que decirles: ¡¡Ya lo verán!!
Nosotros tenemos dos motivos para acogerlo, quererlo y
obedecerlo.
El primero es la fe. Es lo más importante. Creemos que
el Espíritu Santo conduce a la Iglesia y, ya antes de que lo nombraran, le
dimos nuestra aceptación gozosa.
Del Papa sabemos que es el continuador de la misión de
Pedro. “Apacienta mis ovejas”. “Tú eres Pedro y sobre esta piedra
edificaré mi Iglesia”.
Esto es lo primero y fundamental; y nos basta.
Pero somos una familia y tenemos otros argumentos del
corazón: Aunque el nuevo Papa cambió de nombre por humildad, intuimos que
... continuará como Juan Pablo. Buscará comunión. Purificación de la
Iglesia. Cercanía de todos los hombres sin excepción.
Sabemos que Juan Pablo como hombre de Dios que está con
Él, sigue su obra a través de las manos y el corazón de Benedicto.
Conocemos también la inteligencia privilegiada de José
Ratzinger y su corazón sencillo, cercano y cariñoso. Más aún, inteligencia
y corazón grandes, constituyen las personas especiales y los grandes
santos. ¡¡Este Papa es uno de ellos!!
Finalmente pensamos que si lo hacen signo de
contradicción ya lo están colocando a la altura de Jesús y de los suyos.
En la ceremonia-inicio de su pontificado, gracias a los
medios de comunicación, hemos estado todos presentes.
Ahora quiero compartir con Uds. algunos detalles y
luces de su homilía tan bella. Posiblemente deje para otro artículo parte
del comentario: ¡Ha sido tan rica su presentación!
Como él mismo dijo no nos ha dejado el programa de su
Pontificado, pero lo fundamental quedó claro en sus palabras.
En la ceremonia le impusieron el palio y le entregaron
“el anillo del pescador”.
El “Palio” hecho de lana de ovejitas cuidadas con
cariño por las religiosas es similar y de la misma materia que el que
recibe cada arzobispo de manos del Papa.
El palio tiene bordadas cinco cruces que recuerdan las
llagas de Jesús. Tres de ellas llevan tres clavos que recuerdan, a su vez,
los que crucificaron al Señor. Es una tela estrecha y alargada que, esta
vez, llega a medir 2.60 metros de largo; da la vuelta como un yugo a la
cabeza del Papa y luego le cae por encima de la casulla: El Palio es
costumbre del S. IV
“El anillo del pescador” es el símbolo del desposorio
del Papa (representante primero de la Iglesia) con Jesús.
Últimamente el anillo papal llevaba una piedra,
engastada en él, pero Benedicto XVI ha vuelto a la tradición de tener
grabado el “pescador” a quien él representa. El significado nos lo da él
mismo en su homilía.
La multitud, ¿serían 500,000?, interrumpió al Papa con
38 aplausos que se volvían estruendosos cuando se refería a Juan Pablo II.
Es que el Pueblo de Dios está expectante. Quiere la
canonización pronta de Juan Pablo. Y ciertamente será pronto. Y Roma verá
la multitud más grande de su historia, corriendo emocionada por sus
calles.
Al comienzo de la homilía Benedicto XVI recordó las
letanías de los santos rezados solemnemente por tres veces en el Vaticano
en los últimos días: en las exequias de Juan Pablo, al comienzo del
cónclave y ahora.
Esta vez parecía que todos los santos venían al Papa
para acompañarlo y repetirle que cuente con ellos.
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