7. Monopaternidad:
un asunto de dos
María Velázquez Dorantes
La monopaternidad se quiere justificar por la
modernidad. Sin embargo, es sólo un problema de valores, de personas que
se deslindan de sus compromiso y responsabilidad de ser padres.
La adopción de los dos papeles en un solo, es decir, la
madre se convierte también en padre al mismo tiempo es uno de los temas
que convergen en nuestra actualidad y que conceptualmente se le ha
denominado monopaternidad a la preocupación de ser madre soltera.
Existen quienes aseveran que la monopaternidad es un
tema que debe asumirse desde la modernidad, con la justificación de “que
todo evoluciona y todo cambia”, por lo tanto la sociedad debe “adaptarse a
esa evolución y ese cambio”. Sin embargo la pregunta es la siguiente: ¿El
problema de la monopaternidad marcha desde el principio de la modernidad y
es culpa de ésta? ¿No se tratará acaso de un problema axiológico, es decir
de valores, en los dos géneros —tanto en el femenino como el masculino—
que se justifican a través de un tiempo moderno, para deslindarse del
compromiso y la responsabilidad de ser padres?
Dentro de este problema se encuentran dos derechos
sumamente importantes: primero el derecho a ser padres y segundo el
derecho a ser hijo, a pertenecer a una familia y asumir las grandes
posibilidades de traer al mundo una nueva vida.
No se trata de un problema sobre la importancia de la
mujer y de las posibilidades para que ella pueda salir adelante con un
hijo, sino de la revalorización de ser padres, por lo tanto, de ser
familia.
La monopaternidad, no en términos generales pero sí
causales, se ha dado por entender que la modernidad “permite vivir de
manera más ligth”, sin mayores obligaciones, en un mundo más liberal pero
no más libre.
Debido a este problema, el índice de abortos aumenta,
así como losl niños abandonados y madres frustradas; entonces vemos que la
modernidad no soluciona nada, trata de justificar pero no aporta
soluciones a este gran problema.
La sociedad debe ser consciente que se necesita, de
manera urgente, pensar que tanto hombre como mujer son indispensables para
el desarrollo humano, no se trata de vivir cómodamente sino de saber
vivir, y ser comprometidos consigo mismo y con los demás.
La modernidad sólo es un pretexto para la
monopaternidad, el problema recae directamente en la formación de cada ser
humano, nuevamente, en la formación de los valores, de la moral y de la
ética que un individuo recibe desde el núcleo familiar, entonces por qué
negar el derecho a un hijo de tener a sus padres y por qué los padres
negarse así mismo ese derecho.
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